jueves, 1 de julio de 2010

La huelga y los huelguistas

Aunque de sus familias no voy a decir nada, que bastante tienen con haber engendrado o tener que convivir con esa gentuza, me voy a permitir dedicar unas líneas a la huelga de Metro, a los huelguistas y a todos aquellos que se sienten solidarios con sus reivindicaciones, porque pese a que la cosa podría degenerar en dos tres, cuatro o cinco meses de huelga salvaje de los transportes públicos de Madrid, lo daría por bien sufrido, o mejor, lo viviría casi con placer y felicidad, si ese fuera el precio a pagar porque treinta o cuarenta de los sindicalistas que se negaron y se negarán a cumplir los servicios mínimos pierdan su trabajo, placer que mutaría en intenso gozo si a eso unieran una condena penal de las de cumplir en el maco entre sodomitas magrebíes durante una huelga indefinida en las fábricas de Hemoal.

Porque ayer, después de los bonitos paseos de la mañana, y por razones que no vienen al caso, me ví obligado a subirme en siete autobuses, siete, de esos ultraferolíticos, respetusosos con el medio ambiente por moverse con gas natural o ecofuel, amables con los ancianitas y los inmigrantes con sus carritos de niños que pagamos entre todos a través del ayuntamiento, y de los siete, casi la mitad, o sea tres, entre las 16.30 y las 19.00h, a treinta y cinco grados en la calle y probablemente más dentro de los autobuses abarrotados de gente, tres, digo, tenían apagado el aire acondicionado. ¿Avería? No. Solidaridad con la lucha de los compañeros de Metro. El hecho de que en esos autobuses viajaran ancianos o, me consta, jóvenes recien salidos de hospitalización por debilidad extrema y se estuviera poniendo en riesgo su vida es algo que a ellos no les afectaba, pensaban, seguro, que eso era responsabilidad de “la Marrana”, de Esperanza Aguirre, que quiere reducirles injustamente el sueldo a los compañeros de Metro. Eso es el mensaje de esa serpiente apestosa que cambia de traje cada dia (se investigará, sí, se investigará, prepárate, Maritere...) la responsabilidad es de la lideresa que no quiere negociar con delincuentes. Mira ellos qué bien lo hacen: negocian con ETA, negocian y pagan a los piratas somalíes para rescatar pesqueros con bandera de Euskadi, negocian y pagan a los de Al-Qaeda para rescatar a los de los viajes de aventura por Mauritania, me temo que para que tengan fondos para cometer atentados. Si uno de esos atentados pagado con mis impuestos afecta a alguno de mis queridos, yo sí que llegaría a cualquier cosa...

Esta mañana decían que se había restablecido “la normalidad”, o sea, que los miserables de los sindicatos de Metro mantenían la huelga porque a un policía, a un médico o a un maestro se les puede rebajar el sueldo el cinco por ciento, pero a un conductor de metro no se le puede bajar el dos y medio (policía que se juega la vida con los malos después de dos años de academia: 1500/mes; médico de seis años de carrera y tres de oposición: 2000/mes; maestro de tres años de carrera, dos de oposición y cinco de interinidades: 1700/mes; conductor de metro con cursillo ante UGT o CCOO de tres meses para aprender a apretar el pedal de arranque, el pedal de freno y la palanca de abrir las puertas: 2700/mes). Eso si, cumplían con los servicios mínimos: el cincuenta por ciento.

Y los muy hijos de la grandísima puta han saboteado una de cada dos máquinas expendedoras de billetes y abonos, siendo hoy como es primero de mes. En el intercambiador de Príncipe Pío, receptor de todos los autobuses de Campamento, Leganés, Alcorcón, Móstoles, etc, sólo funcionaban cuatro de las ocho máquinas. Las colas salían de la estación. Esos “abusivos” servicios mínimo que decía esa babosa repugnante que es Cándido Méndez para aplaudir la comisión de un delito de coacciones, implicaban que todos los trenes, todos, se llenaban absolutamente dejando siempre gente en el andén esperando al siguiente convoy, gente que rabiaba por dentro sabiendo que su puesto de trabajo, que ya estaba en el aire gracias a la crisis que no era crisis y que ahora es crisis internacional, pasaba a depender en muchos casos de si llegaba o no a tiempo por tercer dia consecutivo metiéndose en ese tren.

Esperanza: resiste, que muchos, muchísimos, estamos contigo dispuestos a soportar el cerco de estos asquerosos solidarios con cualquier cosa que suene exótica pero lejana. Lo que sea con tal de que se les retuerza el brazo, de que se les rompa. Este país no se puede permitir durante más tiempo lo de depender de unos sindicatos capaces de producir los mayores daños aprovechándose de una impunidad de la que han venido abusando más de treinta años para imponer una política que, por ahora, sólo ha producido paro. Hay que terminar con la impunidad, con esos abusos que siempre nos toca pagar a los demás. A acabar con eso sólo se puede empezar en Madrid.

Por lo pronto, a Toxo se lo comieron en un chat en El Mundo. Tanto le sacudieron que tuvo que reconocer que "el conflicto del Metro de Madrid ha condicionado mucho el desarrollo de este chat". Es tanta la indignación que se percibe que será difícil que los afectados voten al Psoe, de quien todos saben que nacen las huelgas. Agunos si lo harán, que tontos, tontos hay bastantes. Pero si han reculado, no ha sido porque fueran a sancionar a los compañeros de los convocantes, que eso les trae al fresco salvo en tanto que puede ser una excusa para seguir molestando a los ciudadanos, sino porque las encuestas rápidas deben haberles dicho que la impopularidad recae a plomo sobre el inútil y torpísimo candidato a sustituir a la lideresa. Al Psoe madrileño le puede costar la broma varios años más en la oposición.

Y a ellos les deseo una larga vida en la indigencia, viviendo de la caridad pública despues de haber perdido su trabajo, y que sufran, acompañados por todos aquellos que les disculpan y se solidarizan con su lucha, la más dolorosa de las enfermedades en medio de una victoriosa huelga sin servicios mínimos de los suministradores de morfina.

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