viernes, 9 de julio de 2010

Los puretas exquisitos (y ii)

Hay una especie de pureta democrático que destaca por su falta de seso. Son esos idiotas que cuando alguien dice una barbaridad, no dudan en hacer expreso su respeto a cualquier idea, aunque no se comparta. Por ejemplo, si un personaje público manifiesta su convicción de la existencia de una civilización inteligente en Marte que está dispuesta a venir a la tierra a establecer la Paz Universal, el pureta democrático no duda en manifestar su respeto hacia la opinión del personaje público pese a no compartirla. A ver, tonotolaba, lo que se debe respetar son las personas, las ideas son respetables, no respetables o regulín regulán, y una soplapollez no es respetable. Es respetable el soplapollas y el derecho del soplapollas a decir soplapolleces, pero la estupidez es una estupidez sin más. No es respetable lo del acontecimiento planetario, pero sí lo es el derecho de Leire a decir lo que su peculiar intelecto le dicte, y es respetable la propia Leire. Y no son igual de respetables unas reflexiones de Jorge Javier Vazquez o Belén Esteban sobre la central Vandellós II que las de Vidal Quadras, catedrático de física nuclear

Por cierto, hablando de catedráticos, pese a la cerrada lucha que los puretas hicieron de la libertad de cátedra, pese a que lo de la  libertad de expresión no se les cae de la boca, si ante uno de esos puretas democráticos en lugar de limitarte a decir una tontería simple dices algo políticamente incorrecto, ya sea idiota o tenga sentido, que a estos efectos basta con que sea incorrecto, no dudarán en dejar de respetar tus ideas, tu derecho a expresarlas (que eso sí que es uno de los derechos humanos, concretamente el que aparece en el artículo 19 de la Declaración Universal de 1948) y a tu persona y pasarán a pedir tu cabeza. Cuando un catedrático de psicología dijo que el CI de la gente de color (de color negro, se entiende, o afrodescendiente, como dicen los puretas) era inferior al de la blanca, los puretas no pararon hasta que echaron al catedrático; cuando una cadena de televisión dijo que el personal heterosexual, casado y con hijos era la gente normal, no aplaudieron la multa que este estado en descomposición les impuso por considerarlo una manifestación homófoba porque la consideraron escasa y exigieron la retirada de la licencia de emisión. Digamos que una de las características de los puretas progres es que no conocen bien su idioma ni son capaces de razonar aplicando algún tipo de lógica. Quicir, si dices que lo normal es no ser gay, son incapaces de entender que normal no equivale necesariamente a correcto, sino a frecuente, y que, por más que le pese a Zerolo, lo más frecuente es la heterosexualidad.

En general, y siendo piadoso, parece que los puretas exquisitos no son mala gente, sino que sólo exhiben un intelecto limitado que les lleva a malinterpretar la realidad, y como a casi todos los tontitos, a creer sinceramente que están en posesión de la verdad y los demás o están equivocados o son peligrosos delincuentes, o sea, que en realidad son los tontos útiles que todo equipo de agit-prop bien organizado debe tener entreverado en el cuerpo social y especialmente bien colocados en los órganos de creación de opinión pública. Digamos que las ratas sectarias de pelo blanco o cuasi cardado que medran por las tertulias televisivas no son en absoluto puretas, que los puretas, aunque no muy populares, son esos babosos equidistantes que se ponen que no cagan cuando hablan de soluciones dialogadas y cesiones mutuas.

Y el caso es que cada vez que hay un follón aparecen los puretas. La última vez, con ocasión del encabronamiento global de los sufridores de la huelga de Metro, cuando el personal se ha puesto a dar ideas para la regulación normativa de la huelga, ideas que variaban desde el más clásico de “los servicios públicos no pueden hacer huelga, y si la hacen no basta con echarlos del trabajo, hay que ahorcarlos en la Plaza Mayor” hasta el posmoderno de “se impone una regulación flexible en la que los servicios públicos sigan prestándose incluso en caso de huelga por medio de brigadas de militares preparados al efecto”, los puretas exquisitos han vuelto a arrugar la nariz como si hubieran pisado una caca diciendo sus chorradas de que “no se debe legislar en caliente”.

Pues claro que se puede, coño, que precisamente ahora, con los sindicatos acochinados porque estaban quedando como Cagancho en Almagro obligando a la gente a ir a trabajar andando, y con el personal caliente, caliente, echando espumarajos de rabia negra dispuesto a colgar de las farolas de la Gran Vía a los portavoces sindicales para celebrar el centenario, es cuando se puede publicar una Ley de Huelga sin que la mafia sindical te cree un conflicto de padre y muy señor mío y te la tengas que envainar

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