Si. Hay que encender el ventilador para extender las miasmas... Me dí cuenta ayer mientras oía unos comentarios sobre que nuestro fiscal más dicharachero, si, ese de lo de las togas y el polvo de los caminos que parece que están volviendo a recorrer, que considera gravísimo delito lo de aceptar que alguien te regale un par de trajes, mientras que ni siquiera vé feo que te cambien un pisito por un casoplón, te edifiquen un rentabilísimo negocio hípico por tu cara bonita o te tapicen de publicidad bien pagada esa hípica nuevecita. Cuando empezaba a pensar en escribir algo, he sido consciente de que tengo una confianza absoluta en la próxima victoria electoral del Pepé, porque si no fuera así, no escribiría. O no debería escribir. Me pregunto si no seré un insensato que está asumiendo riesgos ciertos, porque también tengo claro que si el Zeta vuelve a ganar, pronto seré perseguido por escribir este blog. Pronto serán perseguidos todos los críticos con el poder.
Seguro que en este momento, ahora mismo, podrían crujirme sin necesidad de acudir a esa máxima de Richelieu de “dadme diez líneas escritas por la mano del hombre más honrado, y encontraré en ellas motivos suficientes para hacerle ahorcar”, pues aunque ya han empezado con los grandes, con los que más les molestan, y véase al respecto el multón que le han arreado a Intereconomía por decir que es normal vestirse a la manera tradicional, es decir, con camisas, chaquetas, pantalones y faldas, y que no es normal ir por la calle vestido sólo con el tanga, ese a modo de moderno suspensorio con lentejuelas, ni con atuendos de cuero de los que en ningún caso servirían para subirse a una moto, ni con esos pantalones que tienen tela sólo en las perneras para que se pueda lucir el ya mentado suspensorio en todo su esplendor, ni con la cara obscenamente pintarrajeada, que eso no es normal ni aunque sea envolviéndose en la bandera arcoiris, todavía no han entrado a perseguir los delitos de opinión de los pequeños, entre otras cosas, porque es posible que las encuestas les digan que articular una Ley para encarcelar disidentes no estaría aún todo lo bien visto que quisieran, pero no me cabe duda que en una tercera legislatura, este totalitario iluminado, en su calidad de poseedor único de la verdad revelada, aprobará una ley para meter mano a los críticos (y le llamará Ley Orgánica de la Libertad de Expresión, para más joder).
Me he parado en estas divagaciones al darme cuenta de que este blog me sirve más de desahogo que de otra cosa, con lo que me salen algunos comentarios probablemente calificables como bastante duros o perseguibles, no sé si de oficio, pero iba en realidad a quedarme con que muchas veces me planteo cosas que hacer “el día después”. Por ejemplo, le he dedicado al menos cinco entradas a abogar por la independencia de Cataluña y Euskadi (y Galicia, ¡qué coño!, hay que darle también a ellos la oportunidad de irse a vivir su libertad sin el yugo español si quieren, que llevamos siglos metiendo pasta allí, a fondo perdido y a espuertas y ya está bien que encima algunos no hagan otra cosa que quejarse y lloriquear o retar a la malvada España, que ellos son más nacion que nadie, ¡que son la nación de Breogán, nada menos!). También he planteado la necesidad de que alguien esté siguiendo una lista de leyes a derogar en la primera reunión del Consejo de Ministros con un Decreto Ley de Medidas Urgentes, que serían todas las ideológicas y las materiales que resulten especialmente torpes (como esa que rebajó los impuestos a los especuladores y los aumentó a los ahorradores y a los inversores serios, la primera que dictó El Cantamañanas en materia fiscal). Debería ser en el Primer Consejo para no dejar resuello en los perdedores para rechistar, que lo que se haga los primeros días se olvida rapidísimamente.
Pero hay, al menos, una tarea esencial que llevar a cabo si pretendemos contrarrestar el mas demoledor efecto de las políticas sociales de Zapatero: hay que poner en marcha el ventilador. Si queremos evitar que las formas políticamente totalitarias del Circunflejo se perpetúen y se fijen durante Dios sabe cuánto tiempo (hasta que sean sustituídas por el Islam que reincorpore Al Andalus a la Umma), debemos ser conscientes y tener bien apuntado por si se nos olvida, que todo el trabajo electoral de estos golpistas que okupan el gobierno de España se ciñe, exclusivamente, a hacer odioso o repugnante para la ciudadanía cualquier cosa que tenga que ver con el Pepé. Y lo han conseguido. Esa repugnancia se ha pegado a las paredes de la sociedad con una fuerza que nunca nadie podrá arrancar. Varios millones de personas odian cualquier cosa que huela a Pepé. Odio, odio de verdad, odio irracional, sanguinolento, es lo que han conseguido generar estos aprendices de brujo. Hay miles de personas que matarían sin remordimientos a cualquier militante del Pepé, hay centenares de miles de personas que disculparían, o incluso aplaudirían al trabajador que asesinara a su empleador, al gay que quemara vivo a su vecino militar, a la turba que provocara la muerte del secretario general del Pepé en un pueblo de Almería al apedrear su sede, a los marroquíes que violaran y asesinaran a una adolescente judía, quizá hayan conseguido que millones de personas disculpen a Ahmadineyad si Irán destruye Tel-Aviv con una bomba atómica. Y no es una exageración, que por lo pronto, Oliver Stone, ese majadero de los documentales épicos de Fidel, Che Guevara y demás asesinos de masas latinoamericanos (a costa de los cuales se está forrando) ya ha empezado a poner en cuestión el Holocausto y a decir que el lobby judío impide que se juzgue a Hitler dentro de su contexto histórico. O sea, que según ese miserable progresista propalestino, ese infame defensor de la Alianza de las Civilizaciones y apóstol del Calentamiento Global, hay que mirar a ese gran hombre con otros ojos, que si asesinaba judíos era porque sabía de sus (de los judíos) tendencias genocidas. ¡A ver quién es el guapo gobierno europeo que le aplica sus leyes sobre la punibilidad de la negación del Holocausto!. Son unos valientes....
El relativismo cultural fomentado desde los primeros gobiernos González y la aplicación a esa misma población de una serie de principios de ingeniería social cuyo fin último (consciente o inconsciente) es la proletarización de la clase media convirtiéndola en una masa subvencionablemente acrítica, ha conseguido degradar las debilitadas mentes de esos millones de votantes psocialistas hasta acercarlas a la animalidad ovina, cánida o carroñera, la de los borregos unas veces, de las jaurías otras, o de las hienas y buitres cuando es necesario. Han vencido en la para ellos muy lucrativa tarea de moldear los cerebros blanditos del acriticismo y la incultura relativista cuya producción han cultivado durante décadas. Burricie o burrimia global, le llaman.
Pero han ganado. Y es que lo más importante de sus esfuerzos y la mejor de su gente se ha dedicado y se dedica fultaim a eso, a la estigmatización de los que no piensan como ellos, y lo hacen aquí y fuera de aquí, que la traición, la estupidez y el totalitarismo progresista no conoce más fronteras que las del mundo libre, que en la Umma, desde luego, no les dan la menor opción de opinar distinto. Sí, han ganado. Ya hay una mayoría de votantes progresistas que piensan que son verdes y solidarios, puretas exquisitos y tolerantes con toda opinión razonable (con la opinión que consideren no razonable no son respetuosos para nada), de manera que sólo cuando un desastre profundo lleva a muchos de ellos a decidir abstenerse, si no hay ningún atentado justo antes de las elecciones para llevar a los abstencionistas a "rechazar el terrorismo votando" (ojo a los atentados de lastminut), la derecha del Pepé tiene su chance para llegar al gobierno, porque aún queda una minoría de gente que vota por la libertad del individuo, por los derechos de la persona como no necesariamente coincidentes y superiores en todo caso a los derechos de los colectivos que defienden estos neofascistas. Y para los progresistas, eso no puede ser, eso no puede pasar.
Parece que no habrá nunca nadie que pueda evitar la instauración violenta de los gobiernos psocialistas cuando por alguna casualidad pierdan el poder; el odio al Pepé es imposible de reducir en menos de dos o tres generaciones. Cualquiera diría que la cosa no tiene remedio. Yo no. Hay remedio.
Seguro que en este momento, ahora mismo, podrían crujirme sin necesidad de acudir a esa máxima de Richelieu de “dadme diez líneas escritas por la mano del hombre más honrado, y encontraré en ellas motivos suficientes para hacerle ahorcar”, pues aunque ya han empezado con los grandes, con los que más les molestan, y véase al respecto el multón que le han arreado a Intereconomía por decir que es normal vestirse a la manera tradicional, es decir, con camisas, chaquetas, pantalones y faldas, y que no es normal ir por la calle vestido sólo con el tanga, ese a modo de moderno suspensorio con lentejuelas, ni con atuendos de cuero de los que en ningún caso servirían para subirse a una moto, ni con esos pantalones que tienen tela sólo en las perneras para que se pueda lucir el ya mentado suspensorio en todo su esplendor, ni con la cara obscenamente pintarrajeada, que eso no es normal ni aunque sea envolviéndose en la bandera arcoiris, todavía no han entrado a perseguir los delitos de opinión de los pequeños, entre otras cosas, porque es posible que las encuestas les digan que articular una Ley para encarcelar disidentes no estaría aún todo lo bien visto que quisieran, pero no me cabe duda que en una tercera legislatura, este totalitario iluminado, en su calidad de poseedor único de la verdad revelada, aprobará una ley para meter mano a los críticos (y le llamará Ley Orgánica de la Libertad de Expresión, para más joder).Me he parado en estas divagaciones al darme cuenta de que este blog me sirve más de desahogo que de otra cosa, con lo que me salen algunos comentarios probablemente calificables como bastante duros o perseguibles, no sé si de oficio, pero iba en realidad a quedarme con que muchas veces me planteo cosas que hacer “el día después”. Por ejemplo, le he dedicado al menos cinco entradas a abogar por la independencia de Cataluña y Euskadi (y Galicia, ¡qué coño!, hay que darle también a ellos la oportunidad de irse a vivir su libertad sin el yugo español si quieren, que llevamos siglos metiendo pasta allí, a fondo perdido y a espuertas y ya está bien que encima algunos no hagan otra cosa que quejarse y lloriquear o retar a la malvada España, que ellos son más nacion que nadie, ¡que son la nación de Breogán, nada menos!). También he planteado la necesidad de que alguien esté siguiendo una lista de leyes a derogar en la primera reunión del Consejo de Ministros con un Decreto Ley de Medidas Urgentes, que serían todas las ideológicas y las materiales que resulten especialmente torpes (como esa que rebajó los impuestos a los especuladores y los aumentó a los ahorradores y a los inversores serios, la primera que dictó El Cantamañanas en materia fiscal). Debería ser en el Primer Consejo para no dejar resuello en los perdedores para rechistar, que lo que se haga los primeros días se olvida rapidísimamente.
Pero hay, al menos, una tarea esencial que llevar a cabo si pretendemos contrarrestar el mas demoledor efecto de las políticas sociales de Zapatero: hay que poner en marcha el ventilador. Si queremos evitar que las formas políticamente totalitarias del Circunflejo se perpetúen y se fijen durante Dios sabe cuánto tiempo (hasta que sean sustituídas por el Islam que reincorpore Al Andalus a la Umma), debemos ser conscientes y tener bien apuntado por si se nos olvida, que todo el trabajo electoral de estos golpistas que okupan el gobierno de España se ciñe, exclusivamente, a hacer odioso o repugnante para la ciudadanía cualquier cosa que tenga que ver con el Pepé. Y lo han conseguido. Esa repugnancia se ha pegado a las paredes de la sociedad con una fuerza que nunca nadie podrá arrancar. Varios millones de personas odian cualquier cosa que huela a Pepé. Odio, odio de verdad, odio irracional, sanguinolento, es lo que han conseguido generar estos aprendices de brujo. Hay miles de personas que matarían sin remordimientos a cualquier militante del Pepé, hay centenares de miles de personas que disculparían, o incluso aplaudirían al trabajador que asesinara a su empleador, al gay que quemara vivo a su vecino militar, a la turba que provocara la muerte del secretario general del Pepé en un pueblo de Almería al apedrear su sede, a los marroquíes que violaran y asesinaran a una adolescente judía, quizá hayan conseguido que millones de personas disculpen a Ahmadineyad si Irán destruye Tel-Aviv con una bomba atómica. Y no es una exageración, que por lo pronto, Oliver Stone, ese majadero de los documentales épicos de Fidel, Che Guevara y demás asesinos de masas latinoamericanos (a costa de los cuales se está forrando) ya ha empezado a poner en cuestión el Holocausto y a decir que el lobby judío impide que se juzgue a Hitler dentro de su contexto histórico. O sea, que según ese miserable progresista propalestino, ese infame defensor de la Alianza de las Civilizaciones y apóstol del Calentamiento Global, hay que mirar a ese gran hombre con otros ojos, que si asesinaba judíos era porque sabía de sus (de los judíos) tendencias genocidas. ¡A ver quién es el guapo gobierno europeo que le aplica sus leyes sobre la punibilidad de la negación del Holocausto!. Son unos valientes....El relativismo cultural fomentado desde los primeros gobiernos González y la aplicación a esa misma población de una serie de principios de ingeniería social cuyo fin último (consciente o inconsciente) es la proletarización de la clase media convirtiéndola en una masa subvencionablemente acrítica, ha conseguido degradar las debilitadas mentes de esos millones de votantes psocialistas hasta acercarlas a la animalidad ovina, cánida o carroñera, la de los borregos unas veces, de las jaurías otras, o de las hienas y buitres cuando es necesario. Han vencido en la para ellos muy lucrativa tarea de moldear los cerebros blanditos del acriticismo y la incultura relativista cuya producción han cultivado durante décadas. Burricie o burrimia global, le llaman.
Pero han ganado. Y es que lo más importante de sus esfuerzos y la mejor de su gente se ha dedicado y se dedica fultaim a eso, a la estigmatización de los que no piensan como ellos, y lo hacen aquí y fuera de aquí, que la traición, la estupidez y el totalitarismo progresista no conoce más fronteras que las del mundo libre, que en la Umma, desde luego, no les dan la menor opción de opinar distinto. Sí, han ganado. Ya hay una mayoría de votantes progresistas que piensan que son verdes y solidarios, puretas exquisitos y tolerantes con toda opinión razonable (con la opinión que consideren no razonable no son respetuosos para nada), de manera que sólo cuando un desastre profundo lleva a muchos de ellos a decidir abstenerse, si no hay ningún atentado justo antes de las elecciones para llevar a los abstencionistas a "rechazar el terrorismo votando" (ojo a los atentados de lastminut), la derecha del Pepé tiene su chance para llegar al gobierno, porque aún queda una minoría de gente que vota por la libertad del individuo, por los derechos de la persona como no necesariamente coincidentes y superiores en todo caso a los derechos de los colectivos que defienden estos neofascistas. Y para los progresistas, eso no puede ser, eso no puede pasar.
Parece que no habrá nunca nadie que pueda evitar la instauración violenta de los gobiernos psocialistas cuando por alguna casualidad pierdan el poder; el odio al Pepé es imposible de reducir en menos de dos o tres generaciones. Cualquiera diría que la cosa no tiene remedio. Yo no. Hay remedio.

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