domingo, 12 de julio de 2009

Cataluña y la financiación autonómica

Parece que, por fin, Cataluña ha llegado a un acuerdo con el estado español para aceptar el esquema de financiación autonómica. Recibirá una cantidad por habitante superior a la media (teorema de Zapatero: “en un grupo de receptores de pasta, todos pueden recibir una cantidad superior a la media” ¡Átame esa mosca por el rabo!). Creíamos que el acuerdo estaba en que las arcas del estado les daría tres mil cien millones de nada, pero la insistencia de ERC, que quería un veinte por ciento más, ha hecho que las cosas queden en tres mil cuatrocientos, sólo un diez por ciento por encima de lo que se había pactado al principio.

De todas formas, no creo que este esfuerzo, que en definitiva no es otra cosa que quitarle trescientos milloncetes al resto, suponga que vaya a cambiar la sensación que tienen los catalanes de que dan más de lo que reciben, de que es un robo que se hace a Cataluña. Y es que parten de que Cataluña no es España, y a partir de ahí consideran que ellos están integrados con el resto, pero poco, que no se les puede pedir que aporten una parte de su mayor riqueza a solucionar los problemas de otras zonas que tienen un menor desarrollo porque ellos son diferentes, distintos, mejores.

Algunos de sus argumentos, lo confieso, llegan a conseguir que me moleste, como ese de que no es razonable que para viajar a América tengan que venir a Madrid. Por algo será, lo que no vamos a hacer es pagar a las compañías para que pongan cabeceras en Barcelona, que las líneas aéreas se organicen y si les sale rentable, que salgan de allí. Otro, que ellos tienen que pagar peajes en las autopistas mientras que en Madrid entramos por autovías gratuitas que se han pagado con el dinero que les hemos quitado. Y nadie, pero nadie nadie, les recuerda que ellos tuvieron una red de comunicaciones por carretera absolutamente excepcional desde los años sesenta, mientras que los demás sufríamos unas carreteras infernales, bacheadas, sin arcén. Y por ahí tenían que circular nuestros camiones cargados con lo que se producía por aquí, es decir, se originaba un mayor coste por las dificultades de transporte. Y sus autopistas las pagamos entre todos.

¡¿Pero qué dices, Gato?! ¡Si son autopistas de pago!. Si, y el riesgo del negocio lo asumió el dinero privado, que es el que todavía ahora recibe los peajes. Dinero privado catalán, y los peajes se quedan en Cataluña, pero la financiación no fue catalana. Poca gente sabe que esas autopistas se financiaron en dólares, pero dólares de cuando España mantenía un tipo intervenido y un dólar equivalía a sesenta pesetas, alrededor treinta y seis céntimos de euro. En aquellos momentos, estaba ya claro que el tipo de cambio intervenido estaba a punto de desaparecer, y para construirlas, algo que impulsó el odioso franquismo, se exigió que la financiación fuera en dólares y el estado español otorgara un seguro de cambio a la financiación. Y así se hizo. Inmediatamente después se liberalizó el tipo de cambio y el dólar pasó a cambiarse a cien pesetas. Es decir, los impuestos de los españoles pasaron, de repente, a pagar el cuarenta por ciento del coste de las autopistas. Y todavía en el 2002 (lo miré) había una partida en los presupuestos destinada a pagar esos créditos (curiosidad, había otra destinada a amortizar la deuda perpetua de la guerra de Marruecos de 1904). Vamos, que en Cataluña se han beneficiado de un esfuerzo extraordinario de los demás, de los pobres, y todavía dicen que es al revés.

Bueno. A lo que iba. Que habemus financiación. Y yo me pregunto ¿eso es bueno o malo?, porque si le parece bien a los gobernantes catalanes, teniendo en cuenta que consideran que están absolutamente desvinculados de sus obligaciones para con el resto de España porque son “otra cosa”, su conformidad se traduce en que les parece justo el pago que tienen que hacer por estar dentro y no fuera. O que han pensado que no es pago, que no aportan nada. Y no me parece bien. ¿Cómo que van a recibir más que la media por habitante? ¡Pero si tienen una renta per cápita muy superior a la de los demás! Los que tienen pasta tienen que pasársela a los que no tienen. Tengo la suerte de ser uno de los que hace eso todos los años y no me parece mal del todo (si que me parece mal que se despilfarre en estupideces, que si eso no pasara me quedaría más para hacer lo que quisiera con ello)

Por curiosidad, me he ido a las balanzas fiscales que publicó el gobierno referidas a 2005, cuando las autonomías, incluida la catalana, sólo se quedaban con el treinta y cinco por ciento del IRPF y algo menos del IVA. Y resulta que Cataluña tenía un saldo en su contra de once mil millones. Ahora, con el cincuenta por ciento de retención autonómica en esos impuestos y tres mil cuatrocientos millones, mas el veinte por ciento de la inversión pública garantizada por eso del Estatuto, la cosa debe haber cambiado bastante, tanto como que si lo que van a recibir con el nuevo acuerdo de financiación autonómica les satisface, es que su balanza fiscal va a resultar a cero. Si a esto le unimos que la inmensísima mayoría de los catalanes quieren ser independientes (los votos al único partido que mantiene la pertenencia de Cataluña a España son de un volumen testimonial, ínfimo), no sé a santo de qué nos empeñamos en que sigan siendo españoles, en que sigan siendo algo que no quieren ser.

Acaban de aprobar una Ley por la que está prohibido que la educación se imparta en español. Es inconstitucional, pero es lo que hay. Mucha gente se indigna por que en una parte de España no se pueda estudiar en español. Yo me indigno porque un montón de niños vayan a ver limitado su futuro porque sólo sabrán expresarse bien en un idioma minoritario. Pero debo reconocer que es su problema, que se lo coman.

La realidad es que en veinte o veinticinco años, cuando estos niños sean brillantes ciudadanos catalanes que no podrán expresarse en español, los vínculos de unión de Cataluña con España serán absolutamente inexistentes y será inevitable la secesión: ni siquiera nos entenderemos por teléfono. ¿Para qué vamos a aguantar veinte años? ¿para qué van a soportarnos ellos veinte años?. Serán veinte años con los catalanes tocando las pelotas permanentemente a los demás, veinte años con una buena parte de España sintiéndose cada vez peor, cada vez más como un ciudadano sometido, veinte años dependiendo de la minoría parlamentaria catalana para aprobar cualquier cosa y pagando por su apoyo, veinte años perdiendo el tiempo para aplacar sus reivindicaciones a base de soltar una pasta que se le quita a las necesidades de los demás. Y sobre todo, veinte años dedicando tiempo y esfuerzo a discutir y veinte años cada vez con más catalanes intentando hacer todo el daño posible a España para que cada vez sea más necesario que entendamos que deben salirse de aquí.

Más vale una vez colorado que ciento amarillo. Quizá sea el momento de plantear un referéndum para modificar la Constitución y reformar las autonomías: Si Cataluña quiere seguir siendo parte de España, que renuncie a la educación, a la ordenación del comercio y las finanzas, a cualquier impuesto que no sea estrictamente personal y directo, al mantenimiento del orden público, a las relaciones internacionales, al uso de su idioma con la administración.

Y si no quieren, pues adiós, ha sido un placer. Si es que alguno quiere seguir siendo español, que se venga, lo recibiremos con los brazos abiertos y le ayudaremos a instalarse con nuestros impuestos. Cataluña ya aporta muy poco, en un futuro inmediato no aportará nada salvo exigencias. Los demás viviremos mejor y con menos problemas sin ellos, y ellos están deseando dejarnos en paz. Es mejor para todos. Cuando una pareja se estropea, lo mejor es terminar lo antes posible, cuando todavía se puede mantener una relación educada. Así que desde aquí tienen todo mi apoyo para la independencia. Que llegue cuanto antes. Por el bien de todos.

(Edito) tengo que aclarar que la cosa ha cambiado. Parece ser que el mismísimo Z en carne mortal ha hablado con ERC y les ha convencido para que acepten tres mil ochocientos cincuenta y cinco millones. Cincuenta y cinco más de lo que pedían. ¡Será por dinero!

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