Tenía pensado enrollarme un rato sobre los trajes de Camps, que, al fin y al cabo es de lo que más se habla hoy en los periódicos. También era de lo que más se habló ayer. Y ha sido de lo que más se ha hablado en los últimos meses. Como si fuera el mas grande probema que ha asolado el terruño este de nuestras desgracias. Quería escribir sobre el concepto de “trajes” que debe haberse asentado en el imaginario colectivo, hablar de la imagen que se habrán hecho los votantes de cómo son. Pensarán que son, por lo menos, tan especiales y llamativos como los trajes de luces, que sólo una conjunción planetaria puede haber hecho que el sastre se llame José Tomás, como para que sea imposible no mezclar los trajes, el torero y las luces. Se pensará todo el mundo que Milano es la gran sastrería de la clase más pudiente, el sastre de los ricos muy ricos, porque para que se corrompa un presidente por dos trajes y un cinturón… Esos trajes, para la imaginación del votante serán como el prototipo de la Gran Clase, lo más de lo más. Me extraña que Forges no haya hecho una viñeta en la que uno de sus ricos-malos le diga a otro –Pues con lo que he sacado de robarle la pensión a las ancianitas me voy a comprar un Traje de Milano- mientras se saca el puro de la boca con una mano anillada de diamantes. -¿Pero tantas ancianitas hay?- contestaría el otro, asombrado, también con el puro en la mano y lleno de envidia. –Ni te lo imaginas-.
Pero claro, si hablaba de los Trajes de Camps, algo tendría que comentar sobre los de la MariVice, porque, hay que decirlo, está siempre divina de la muerte. Y es que si la Vicepresidenta, que estrena traje en cada aparición pública, no está nada corrupta, y sus trajes son en su mayor parte de Carolina Herrera, Etro, Purificación García, Roberto Verino, Felipe Varela, Roberto Verino, Max Mara y Torreta (o sea, a un mínimo de mil lereles por traje) y eso no es de ninguna manera “cohecho impropio”, los trajes de Camps, que eso sí que es corrupción pura y dura, tienen que ser espectaculares. Camps, sin esos trajes, sería un señor bajito, gordinflón, mal afeitado y tartamudo en dos idiomas. Los trajes tienen que ser el recojón de pato. Maravillas de la ciencia, el arte y la estética, la causa última y real de que gane las elecciones, la trampa esotérica que le lleva a esas mayorías que se gasta.
El caso es que me he dado cuenta de que si al final me decidía a hablar de los trajes de Camps y del fondo de armario de la Vice, alguna explicación tendría que dar sobre las razones por las que me podría parecer saludable que se empapele a Camps y no a la Vicepresidenta. Y esas razones no podrían estar en absoluto fundamentadas en que los trajes se los prestan los modistos y luego los venden por más precio porque los ha sudado ese bastión del feminismo y la igualdad entre clases que es esa gran mujer, porque podría ser mal interpretado, ni poner en duda que con su sueldo pueda gastarse unos cientos de miles de euros al año en vestuario, aunque diga que tiene las facturas, ni en roles de género felizmente superados, es decir, que tampoco se podría pensar que, como es una mujer, puede tirar del erario público para lucir como se merece, porque entonces también tendría que hablar del pifostio que se le montó a la pobrecita Pilar Miró con aquellas cositas que se compró en Loewe con cargo a los gastos de representación de la televisión, que tan grande fue, que tuvo que dimitir acosada por los medios de Prisa, los amigos de su patrón. Y también tenía que hablar de que todo se montó porque no quería hacerle caso a Guerra y manipular los telediarios.
Desde luego, eso me llevaría a comentar algo sobre el bombo que se le da a algunos temas, como por ejemplo, lo del Prestige, aquello que constituyó el mayor crimen contra el medio ambiente desde la misteriosa explosión de Tunguska, pero con culpable conocido: Aznar y la foto de las Azores, y quizá hacer algún comentario de las doce uvas marcadas por las sirenas de doce barcos pesqueros gallegos que gritarían su dolor en el fin de año, pero en diferido, que los pescadores querían las uvas en familia y al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol. Y tendría que compararlo con el silencio que se mantiene sobre el incendio de Guadalajara, la muerte de once voluntarios y el procesamiento, del que casi nadie ha oído hablar, de casi todos los responsables políticos de aquél desastre. Y compararlo con el caso del Lino, del que todos, absolutamente todos los miembros del equipo de Loyola de Palacio, han sido absueltos. Inevitablemente, debería comentar también que ese procesamiento también fue cosa de Garzón, como lo de los trajes. Pero esta vez mediando Secreto Sumarial para todos menos para El País.
Y hablando de Garzón, también debería preguntarme si las invitaciones a cacerías de a millón de pelas el puesto de las que disfrutan él y el/los ministro/s, no son también “cohecho impropio”. Pero debería concluir que no, que les invitan porque son muy simpáticos y dan mucho juego en esos saraos, que sus chistes, canciones y comentarios les convierten el el alma de la fiesta, por lo que no se puede prescindir de ellos. Ni en las cacerías, ni en los palcos de los Madrid-Barcelona, ni en tantos otros sitios.
En fin, que pensando en la matraca que nos están dando con los dichosos trajes, en que todo ya está dicho y en que lo que no esté dicho aún ya lo contará El País, me ha dado mucha pereza, he decidido no escribir el post que tenía pensado y dedicar mi paja mental de hoy a la muerte y funeral de Michael Jackson, el otro gran tema del dia. Así que me pongo a ello.
Michael Jackson no ha muerto, se ha marchado a su planeta.
Pero claro, si hablaba de los Trajes de Camps, algo tendría que comentar sobre los de la MariVice, porque, hay que decirlo, está siempre divina de la muerte. Y es que si la Vicepresidenta, que estrena traje en cada aparición pública, no está nada corrupta, y sus trajes son en su mayor parte de Carolina Herrera, Etro, Purificación García, Roberto Verino, Felipe Varela, Roberto Verino, Max Mara y Torreta (o sea, a un mínimo de mil lereles por traje) y eso no es de ninguna manera “cohecho impropio”, los trajes de Camps, que eso sí que es corrupción pura y dura, tienen que ser espectaculares. Camps, sin esos trajes, sería un señor bajito, gordinflón, mal afeitado y tartamudo en dos idiomas. Los trajes tienen que ser el recojón de pato. Maravillas de la ciencia, el arte y la estética, la causa última y real de que gane las elecciones, la trampa esotérica que le lleva a esas mayorías que se gasta.El caso es que me he dado cuenta de que si al final me decidía a hablar de los trajes de Camps y del fondo de armario de la Vice, alguna explicación tendría que dar sobre las razones por las que me podría parecer saludable que se empapele a Camps y no a la Vicepresidenta. Y esas razones no podrían estar en absoluto fundamentadas en que los trajes se los prestan los modistos y luego los venden por más precio porque los ha sudado ese bastión del feminismo y la igualdad entre clases que es esa gran mujer, porque podría ser mal interpretado, ni poner en duda que con su sueldo pueda gastarse unos cientos de miles de euros al año en vestuario, aunque diga que tiene las facturas, ni en roles de género felizmente superados, es decir, que tampoco se podría pensar que, como es una mujer, puede tirar del erario público para lucir como se merece, porque entonces también tendría que hablar del pifostio que se le montó a la pobrecita Pilar Miró con aquellas cositas que se compró en Loewe con cargo a los gastos de representación de la televisión, que tan grande fue, que tuvo que dimitir acosada por los medios de Prisa, los amigos de su patrón. Y también tenía que hablar de que todo se montó porque no quería hacerle caso a Guerra y manipular los telediarios.
Desde luego, eso me llevaría a comentar algo sobre el bombo que se le da a algunos temas, como por ejemplo, lo del Prestige, aquello que constituyó el mayor crimen contra el medio ambiente desde la misteriosa explosión de Tunguska, pero con culpable conocido: Aznar y la foto de las Azores, y quizá hacer algún comentario de las doce uvas marcadas por las sirenas de doce barcos pesqueros gallegos que gritarían su dolor en el fin de año, pero en diferido, que los pescadores querían las uvas en familia y al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol. Y tendría que compararlo con el silencio que se mantiene sobre el incendio de Guadalajara, la muerte de once voluntarios y el procesamiento, del que casi nadie ha oído hablar, de casi todos los responsables políticos de aquél desastre. Y compararlo con el caso del Lino, del que todos, absolutamente todos los miembros del equipo de Loyola de Palacio, han sido absueltos. Inevitablemente, debería comentar también que ese procesamiento también fue cosa de Garzón, como lo de los trajes. Pero esta vez mediando Secreto Sumarial para todos menos para El País.
Y hablando de Garzón, también debería preguntarme si las invitaciones a cacerías de a millón de pelas el puesto de las que disfrutan él y el/los ministro/s, no son también “cohecho impropio”. Pero debería concluir que no, que les invitan porque son muy simpáticos y dan mucho juego en esos saraos, que sus chistes, canciones y comentarios les convierten el el alma de la fiesta, por lo que no se puede prescindir de ellos. Ni en las cacerías, ni en los palcos de los Madrid-Barcelona, ni en tantos otros sitios.En fin, que pensando en la matraca que nos están dando con los dichosos trajes, en que todo ya está dicho y en que lo que no esté dicho aún ya lo contará El País, me ha dado mucha pereza, he decidido no escribir el post que tenía pensado y dedicar mi paja mental de hoy a la muerte y funeral de Michael Jackson, el otro gran tema del dia. Así que me pongo a ello.
Michael Jackson no ha muerto, se ha marchado a su planeta.

Me encanta la frase final.
ResponderEliminarGenial.
No te hagas ejercicios de pedantería al escribir, me cuesta leerte :D