martes, 21 de julio de 2009

si bajan los ingresos y suben los gastos, vamos mal

Llevo un tiempo ya largo intentando controlar lo que la gente que me conoce no duda en calificar como tendencias agoreras, pero hace una buena temporada que siento que si yo fuera una de esas personas de sueño ligero, me despertaría agitado las noches que consiguiera conciliar el sueño. Porque me parece aterrador el ritmo desenfrenado de gasto sin concierto que ha adoptado el responsable de definir nuestro presente (y cada vez mas nuestro futuro). Porque estoy convencido de que vamos a una bancarrota del estado. Y no es coña, puede pasar como ya pasó bajo Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, y de todas ellas se intentó salir emitiendo moneda de mala calidad, como pretenden hacer ahora para repetir los estrepitosos fracasos de 1557, 1575, 1596, 1607, 1627, 1647 ó 1656.

Según voy leyendo noticias, voy convenciéndome cada vez más de que estamos en manos de alguien cuyas ideas son de similar calidad a las de cualquier adolescente ciego de hachis y calimocho. El otro día nuestro jacarandoso máximo representante político se ufanaba en reclamar un mayor peso español en los foros internacionales porque, decía, somos el país que más dinero destina a la cooperación internacional. Con esta reflexión consegúia que se me atragantara el café y sufriera uno de de mis cada vez más frecuentes ataques de alipori. Me dio la impresión que este alegre progresista pretende conseguir que nos admitan el algún selecto club internacional a base de soltar pasta a terceros, sin darse cuenta de que lo más probable es que con ese tipo de actuaciones dejemos de contar para cualquier estadista con la cabeza sobre los hombros y nos incluyan en uno de esos montoncillos de calificación peyorativa, no como paises gamberros, sino en el grupo de los paises idiotas, de los paises de poco fiar o de los estados fallidos. Porque parece mentira que el mayor fabricante de parados del mundo occidental se dedique a soltar dinero para que los reyezuelos del tercer mundo engorden sus cuentas personales en Suiza mientras sus pueblos siguen en el hambre y pretenda además que esos son méritos suficientes para entrar en la gestión de la política mundial.

Cuando las exigencias financieras del Estatuto de Cataluña son tan duras que puede ponerse en peligro el gobierno del PSC, en lugar de tratar de arreglar la situación con lo que hay, este individuo decide soltarle la pasta al tripartito para que su aportación a la solidaridad interterritorial resulte nula y dejen de quejarse momentáneamente, y, para que no protesten los demás, les aumenta también la asignación. ¿De donde saca pa’ tanto como destaca?. Pues del futuro. Tira de deuda pública.

Pero esto llueve sobre mojado, que sólo debe añadirse a los cien mil millones que se le va a dar a las cajas de ahorro para que no tengan que cerrar, a los planes municipales de gasto, al cheque bebé, al rechazo a intentar conseguir energía barata y a las otras mil ocurencias inútiles que vamos sufriendo,

Este fin de semana he leído que entre tanta idea solidaria y progresista, la recaudación por IVA estaba cayendo hasta el setenta y uno por ciento. Supongo que el IRPF caerá otro tanto como consecuencia del aumento del paro, y como el impuesto de sociedades por la destrucción de empresas. Y para combatir la pérdida de puestos de trabajo, no hace nada para crear nuevo empleo, lo único que se le ocurre es prolongar la prestación de desempleo con cuatrocientos veinte lereles mensuales más durante un año. ¡Alucinante!

No puedo dejar de pensar que si los ingresos bajan y los gastos suben con un ritmo que parece evidente que no pretenden detener, sólo podemos hacer dos cosas: o ingresamos más, o nos endeudamos. Y las dos cosas tienen su límite, que temo que ya ha llegado.

Los ingresos por impuestos no pueden sino bajar por el parón de la actividad económica, y adicionalmente dudo que no estemos ya en el punto mas alto de la curva de Laffer, esa tan bonita que demuestra que aumentando los tipos llega un momento que se llega a recaudar menos (baste mirar el extremo, un IRPF con el tipo impositivo del cien por cien de los ingresos recaudaría cero euros, que nadie va a trabajar a cambio de nada). Y dudo que no estemos ya recaudando lo máximo que podemos recaudar porque el fin último de todos los ministros de Hacienda que en el mundo han sido siempre es el de recaudar lo máximo posible. Seguro que estamos en ese punto desde hace ya tiempo

En cuanto a lo de endeudarnos, quizá tengamos un cierto margen, pero sospecho que se va a acabar en muy pocas emisiones de deuda. Me temo que es inminente el momento en el que nadie querrá comprar deuda soberana española, porque cada vez será más nítida la sensación de que no la vamos a poder pagar.

Y mis desvelos vienen por eso, porque no vamos a poder pagar nuestra deuda. Que no, que no es posible, que cada vez hay mas gastos y menos ingresos y nadie quiere parar esa rueda. No hay solución, vamos de cabeza al agujero cantando alegres lo progres y solidarios que somos. Que el estado español va a suspender pagos.

Pregunta: ¿Nos va a ayudar alguien a salir del pozo?. Respuesta: No, nadie nos va a ayudar. Pregunta ¿Ni siquiera la UE? Respuesta: La UE ni siquiera existe, y si existiera le importaríamos tanto como los purines de los gorrinos, sólo somos los tontolhaba que ya hemos dilapidado el pastón que nos han prestado y que no les vamos a devolver. Pregunta: ¿Y entonces, qué vamos a hacer? Respuesta: salir del euro por propia iniciativa o porque directamente nos echen, devaluar el ochenta por ciento y ser un ochenta por ciento más pobres, apuntarnos al socialismo del siglo XXI con Chavez, Correa, Castro, Ortega, los Kirchner y, probablemente, Zelaya, cerrar los periódicos que se atrevan a decir que las cosas deberían ir mejor, nacionalizar las empresas imprescindibles y dejar morir a las demás. Finalmente, racionar la energía, los alimentos y la sanidad, apuntarnos a los no alineados, permitir que las oenegés de los paises ricos vengan a hacer el bien con nosotros y en algún tiempo, empezar a recibir ayuda para el desarrollo que, por supuesto, se quedará en las cuentas suizas de los mandamases.

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