viernes, 10 de julio de 2009

Me están poniendo a caldo

A caldo, o a parir, me ponen por la entrada de ayer. Aquellos que dudaban de mi capacidad, han disipado sus dudas y ya les consta que soy un cantamañanas. Y alguno hay que me lo ha hecho saber de forma expresa. Desde luego, ¿cómo se me puede ocurrir comparar lo de traerse a casa a Tariq y a Muza con un fondo de diez mil millones de eurillos? ¿tanto daño puede hacer el uno por ciento del PIB empeñado en un fondo que puede ayudarnos, o no, a salir de la crisis mejor preparados? ¿se me ha ido la cabeza?

Confieso que me pensé el argumentario de la entrada, porque, efectivamente, es muy exagerado. También pensé en que acabaría escribiendo esta, que no deja de ser una segunda parte de la de ayer. Pero es que no me cabe duda de la gravedad de lo que nos está pasando. No se trata de que el uno por ciento del PIB nos vaya a meter de cabeza en el tercer mundo, ni tampoco de que una ley de violencia de género en la que se elimina la presunción de inocencia socava seriamente los fundamentos técnicos de cualquier jurista sensato, ni de que las estrepitosas ayudas y los poderosos empujones para el crecimiento y hegemonía de los medios de comunicación más afines puedan poner en peligro la libertad de expresión, ni de que la política de subvenciones que beneficia a los caladeros de votos sea gravemente injusta y haya que impedir ese transvase del dinero de todos a los bolsillos amigos, ni de que el daño consciente y gratuito a las regiones que no apoyan a los mandamases actuales pueda equipararse al torpe bloqueo americano sobre Cuba.

Pero ejj que no se nos puede olvidar que el pacto del Tinell no les ha salido todo lo bien que les hubiera gustado porque el PP, aunque sigue aislado, sigue vivo, que Jiménez Losantos sigue hablando, aunque haya tenido que cambiar de emisora, que El Mundo mantiene vivas las suspicacias en torno a la autoría del 11M… pero consiguen que un juez instruya un sumario secreto contra el partido de la oposición y se filtren todos los datos a los medios de su cuerda, que van publicándolos poco a poco y sin que los afectados puedan contraargumentar por eso de que no saben de qué se les acusa, o que dos trajes y un cinturón originen una crisis mediática que puede provocar una apoplejía de felicidad a Maria Antonia Iglesias, o interponen una querella con uso de los fiscales contra dos periodistas por publicar que el empadronamiento de la Vicepresidenta en una casa en ruinas de Valencia fue una pamema, o mantienen un Tribunal Constitucional con el mandato caducado desde hace dos o tres años, modificando la Ley, para que le den el nihil obstat al Estatuto de Cataluña.

Mi entrada de ayer se debió a que de verdad creo que la situación es tan peligrosa como la que había cuando Don Julián (o Don Oppas, que no se sabe bien cuál de los dos fue) buscaba a Tariq para proponerle unos cuantos saqueos en las tierras de Don Rodrigo. La diferencia sólo está en que ahora los hechos los conoce más gente, aunque sólo algunos atisben su alcance. Y su alcance será el que quieran que tenga, porque todo cuela: ayer, esa maravillosa mujer, Leire, soltó la patochada de que el PIB era machista y en lugar de provocar la risa y el cese inmediato, se ganó una ovación de un público entregado que se sabe en posesión de la única verdad verdadera. Y lo que dijo entraña un mensaje diabóloco: ya que el PIB es machista no sólo no es malo que baje, sino que incluso es deseable, porque es machista. Y en este país somos feministas.

Me temo que lo que ha pasado es que piensan que ya han conseguido implantar en los ciudadanos la necesaria calidad de ser-vivo-no-pensante que pretendían para poder soltarse el pelo. Sus maniobras han calado en todos los campos de la sociedad, no hay mas que darse cuenta de que se retiraron, por unanimidad, los honores a Franco en el Ayuntamiento de Madrid, manteniendo los de Largo Caballero y sólo han protestado cuatro gatos. La memoria histórica ha adormecido cualquier rescoldo de la historia documentada y el pensamiento único se ha instalado definitivamente guiado por nuestros próceres. La poca gente que se da cuenta de sus maniobras tiene tan poca importancia numérica que puede despreciarse. Han decidido dar rienda suelta a sus tendencias liberticidas. Ya no tienen que esconderse.

Decían que en España cualquiera ofrecía su vida o la de su hijo por la causa, pero que no podía esperarse que nadie ofreciera dinero. Durante cinco años han estado forzando la máquina ideológica para someter cualquier crítica, pero dejando la pasta en paz, o mejor, favoreciendo que los listos se fueran haciendo de oro cerrando los ojos ante cualquier maturranga que se pudiera detectar. pero ahora se han decidido a meterle mano al dinero. Sólo a diez mil millones, pero si cuela, que colará, irán a por todo. Y entonces ya no habrá salvación: podrán cerrar medios de comunicación, encarcelar disidentes, acabar con la propiedad privada, destruir el estado de derecho, y nadie dirá nada porque a todos les parecerá bien.

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