jueves, 23 de julio de 2009

La gripe y Estepaís

Me da la impresión de que la gripe A, porcina, mexicana, nueva, H1N1, o como quiera que se llame esa que viene revestida de pandemia, va a aclarar qué tipo de sociedad hemos conseguido crear en Estepaís. Juraría que en febrero del año que viene sabremos mucho más de nosotros mismos que ahora. Porque viene una enfermedad que va a poner a prueba varios de nuestros esquemas mentales. Todos pensamos que la organización de la sociedad es correcta porque va funcionando, pero vienen mal dadas es cuando realmente se nota si esa organización es buena o mala. Voy a ponerme a hacer conjeturas.

Con la gripe que viene probablemente comprobaremos si ha sido buena o no para Estepaís la nueva dirección de la política internacional española, esa que comenzamos a edificar con la huída de Iraq, que continuó con las cesiones de poder de hecho en la Unión Europea, la que creó el foro tripartito sobre Gibraltar, la de la Alianza de Civilizaciones, la de respeto y adoración a la ONU, la de la alineación con Chavez y Morales, en fin, la que ha hecho de España el país que más dinero regala a los dictadorzuelos del tercer mundo y que tan orgulloso tiene al señor ese que tan bien sabe combinar el cinturón de Hermés y el puño en alto. Y mucho me temo que va a ser que no.

Me explico. Los laboratorios acaban de empezar a trabajar con las vacunas. Francia, Alemania, Reino Unido, es decir, los paisesdenuestroentorno han decidido comprar vacunas suficientes para apretárselas a toda su población. Nosotros tenemos encargadas las que van a suministrarse solamente al cuarenta por ciento ¡Pero coño! ¿Por qué sólo al cuarenta? ¿es que son tan caras que no podemos pagarlas?. Dudo que esa sea la razón, que este Z de nuestras entretelas otra cosa no será, pero generoso en el manejo de nuestros dineros, presentes o futuros, si que lo es. Sectario, mucho, pero tacaño, ni un poquito. No es por dinero, que a este le sobra. Juraría yo que lo que pasa es que hay pocas vacunas por falta de tiempo para fabricarlas, y que como no pintamos nada o casi nada, a nosotros sólo nos pueden vender unas poquitas para que no protestemos mucho. Peor será sin duda a nuestros aliados civilizatorios, que sólo les darán lo suficiente para que se vacunen las familias gobernantes, aunque, por otro lado, probablemente será lo único que habrán pedido, que sus pueblos les importan una higa.

Veremos como reacciona la sociedad cuando se percate de que los ingleses están todos seguros mientras aquí se muere gente por falta de vacunas.

Otra cosilla que vamos a aprender es la manida cuestión de si es eficaz o no la “organización territorial del estado” y la “cesión de competencias por razón de la cercanía al ciudadano”, que nos han vendido que es lo mejor de lo mejor, pero de lo que yo tengo mis dudas. ¿Qué tal irán a funcionar diecisiete consejeros de sanidad haciendo cada uno lo que se le vaya ocurriendo? ¿Va a ser bueno que las decisiones las tomen unos ministrines que únicamente han tenido que ocuparse de gastar y de llenar a sus paisanos de felicidad y propaganda y no tienen ninguna práctica en tomar decisiones desagradables? Conociendo el paño, apostaría pincho de tortilla y caña a que volvemos a pelearnos por el reparto de las escasas vacunas, y que en eso se va a quedar la intervención de la sanidad autonómica, que ninguno de ellos querrá ocuparse de otra cosa que de exigir que a sus paisanos les vacunen más y mejor que a los vecinos. Las decisiones importantes se tomarán desde Madrid, lo que va a dejar claro que lo de las cesiones de la sanidad ha sido una mamarrachada perjudicial para todos.

Eso si, Cataluña y el Pais Vasco no van a entrar en el juego y se lo van a organizar ellos mismos con sus propios mecanismos, que ya se consideran independientes de hecho. Exigirán las vacunas necesarias, y Z hará lo que se puede esperar de él: cederselas y restarlas de las que correspondan a Madrid, Valencia, Murcia, Rioja y Galicia, de las comunidades del PP. Además, como estaremos en pleno debate presupuestario, exigirán mas pasta porque mientras la organización contra la pandemia la hará el Estado, ellos han tenido que tirar de sus propios dineros para hacerlo. Z, con tal de que le aprueben el cante de las cuentas, cederá.

Pero donde probablemente vamos a certificar que somos una mierda de país va a ser en que inevitablemente va a aparecer un brote de xenofobia irreversible. Hasta ahora, la inmigración ha sido, o al menos, ha parecido una ocasión para demostrar al mundo lo hospitalarios que somos, los valores de la multiculturalidad, vamos, que a solidaridad no nos gana nadie, que por algo somos el crisol de las tres culturas. Las cosas van cambiando. Hasta ahora, los fastidios que se hacían expresos contra la inmigración masiva se habían limitado a que su consumo de servicios y beneficios sociales nos hacían pagar más impuestos, que su tendencia a no pagar el seguro de sus coches podía hacer que los accidentes los tuviéramos que pagar los nativos, que había más delincuencia (se decía bajito para que no te llamaran facha) y que nos convertían en incómodos los transportes públicos. En alguna ocasión he oido alguna queja sobre la saturación de las urgencias hospitalarias, pero en realidad, todo dicho con buenas palabras y un deje cierto de comprensión.

Ahora las cosas han cambiado. Con la crisis ya se ha empezado a competir por los puestos de trabajo (ayer hubo ya una manifestación en Jerez contra la contratación masiva de inmigrantes para la construcción del Ikea) y ya no se mira con tan buenos ojos a los recién llegados. Pero lo gordo, el tremendo palo sociológico, lo que muchísima gente va a ver como imperdonable, lo que va a levantar el monstruo que hasta ahora hemos conseguido mantener anestesiado, lo que va a conseguir elevar a las portadas al todavía desconocido LePen español, va a ser que un nativo en paro deje sin vacunar contra la gripe a su hijo mientras ve como se vacunan decenas de miles de inmigrantes. Todo aquel que coincida con un miembro de minoría étnica con menos papeles que una liebre y vea cómo se lleva la vacuna que podría corresponder a su hijo o a su padre, y todos sus familiares, amigos y conocidos, se van a olvidar de solidaridades y de multicultis progres y sólo se van a acordar de los familiares de los bienhechores de aquello de “papeles para todos”. Y no para bien. En noviembre veremos si la cosa no degenera en violencia racista.

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