Pues ahora si que si. Esta vez se me han acabado las vacaciones del todo. Esas vacaciones que divido en dos partes para que parezca que duran más, se acabaron totalmente. Final de la segunda fase, de la fase de las chancletas, el pantalón corto y la máquina de fotos haciendo de turista en mi ciudad. Eso es lo que me ha tenido sin escribir, y no la falta de temas. Porque otra cosa no, pero cosillas que saltan a los periódicos dispuestas a entretenernos, hay mas de una. Y no me refiero sólo a lo que ahora se llama un “ajuste solidario”, o sea, la subida de los impuestos que nos van a arrear en toda la boca, a pesar de que el cien por cien de los economistas están seguros de que si lo que queremos es salir de la crisis, lo que no se debe hacer es, precisamente, subir los impuestos.
En esta situación y con esta tropa, me temo que la pregunta que hay que hacerse no debe ir sobre cuál es la deficiencia que les impide rectificar, porque es imposible no darse cuenta de que a estas alturas tienen claro que subir la presión fiscal es retrasar la recuperación, sino sobre cuál es la razón por la que quieren que sigamos caninos y cada vez mas dependientes de las subvenciones. Además es que ahondan en el desastre. Ayer, nuestra Marivice estaba muy contentuela y pizpireta porque iban a cumplir la promesa de regalar un montón de ordenadores “ultraportátiles” a todos los niños de quinto de primaria. Vamos a ver. Estos pájaros si se caracterizan por algo es por no cumplir su palabra. De hecho, cada vez que el Adolescente Patológico promete algo, hay muchas mas posibilidades de que lo prometido falle de que se cumpla. Entonces, ¿por qué no han fallado como en casi todo? ¿es que no se han enterado de que el dinero que van a destinar a eso haría mas falta en otros sitios, que se lo van a dar a una multinacional y que van a evitar que un montón de pequeñas tiendas de informática vendan ordenadores, con lo que van a mandar a paro a mucha gente?. Parece que de verdad quieren estropear las cosas, que toman a propósito la peor decisión.
En fin, que de ninguna manera podríamos decir que se les ha acabado la caja de las sandeces ni que de repente la cordura haya vuelto a regir la vida oficial. Tengo en el caletre una considerable lista de solemnes majaderías sobre las que reflexionar que he ido acumulando los últimos días, pero cuyo comentario he ido postergando por una u otra razón. Ya saldrán.
De todas ellas, quizá la historia que mas me ha anonadado ha sido la del fin de las bombillas tradicionales. Esta misma semana entró en vigor la prohibición de suministrar bombillas de mas de cien watios. Eso se acabó. Ahora, si quieres luces potentes, hay que buscarlas entre esas nuevas tan exóticas que parecen los residuos de los anuncios de neón que ya sólo se ven en las películas de cine negro (¿o debe decirse subsahariano, que ya me empiezo a liar?). No sé que opinará el resto de la gente, pero yo hasta ahora me nutría de esas bombillas tan potentes, con esa luz cálida tan agradable, con lo que su desaparición me molesta una barbaridad.
Una de las cosas graciosas del caso este es que no hay bombillas potentes de esas ecológicas que tanto le gustan a Z y a Sebastián, o por lo menos yo no las he encontrado. Las mas potentes son unas que dicen equivaler a las de ochenta y cinco watios y que parecen talmente un dildo de los exageraos. En cualquier caso, he sustituido en casa una de las maravillosas de ciento cincuenta watios por dos de esas supuestamente equivalentes a ochenta y cinco, y como que no. Que no equivale ni de coña.
Pero es lo que hay. Desde que Al Gore encontró el filón y nos vendió la parida del calentamiento, es que no hacemos mas que tonterías. Da igual que incluso los máximos responsables del IPCC (el invento ese de la ONU encargado de predecir si o si la catástrofe climática) reconozcan que “posiblemente sobreestimaron los efectos del CO2” y que sea evidente que sus predicciones están fallando, nosotros a lo nuestro, con el gobierno al frente de la pancarta ecologista haciendo las leyes suficientes y necesarias para que no se nos olvide que debemos ser progres, solidarios y beatíficos. ¡Será por leyes!. Aquí lo que mejor sabemos hacer son leyes: Mientras en cualquier parte del mundo cuyos gobernantes hubieran decidido dar un golpe de timón a su esquema productivo se contentarían con hacer declaraciones mas o menos altisonantes y empezar las mil pequeñas modificaciones que poco a poco favorecerían los crecimientos dirigidos, aquí lo hacemos a lo grande, nos ponemos a definir que será eso de la economía sostenible nada menos que en una ley. Igualico que en tiempos de la ominosa dictadura, cuando gracias a los planes de desarrollo se consiguió que Estepaís empezara a diferenciarse de su protectorado magrebí.
Bueno. Pues para intentar frenar mi frustración con las bombillas de bajo consumo he intentado informarme de cuáles son las características que deberían tener las que compremos para que su luz sea lo más parecido a la luz que daban las bombillas de verdad (aún siguen dando, yo me he comprado un saco de las de filamento). Y me he enterado de una cosa espectacular.
Resulta que la pamema esta de la desaparición de las bombillas de filamento se fundamenta en su escaso rendimiento lumínico/energético, lo que causa que se genere demasiado CO2 para la luz que producen, y el CO2 es un gas muy malo, malísimo, que hace mucho daño al medio ambiente. Así pues, hay que acabar con esas bombillas y sustituirlas por las de consumo reducido cuyo funcionamiento limita la emisión de ese gas tan malo. Vale. Pero resulta que para que esas bombillas funcionen necesitan nosequé de vapores de mercurio, que si el CO2 es malo, los vapores de mercurio es que son venenosos del todo, venenosos de verdad, de tal forma, lo he leído en un artículo que recogía declaraciones de una parece que preboste de Greenpeace, Leticia Baselga se llama, que en caso de que se rompa una de esas preciosas bombillas rizadas tan estupendas para el medio ambiente hay que aguantar la respiración, ventilar por completo la casa y llevar los restos de la bombilla a un sitio donde puedan tratar residuos peligrosos.
¡Coño con el CO2! De verdad que si me tengo que joder y perder calidad de luz para que los ositos de AlGore tengan hielo, pues vale, trago, que no queda mas remedio, que para eso han hecho una ley. Pero de ahí a envenenarme va un trecho largo, largo. Todavía no he metido en Google “efectos inhalación vapores de mercurio” ni “envenenamiento por mercurio”, pero acabaré haciéndolo en cuanto se me rompa una de las bombillitas de Sebastián (¿habéis recogido por la vuestra, amiguitos?). Me temo que lo que vaya a leer no me va a gustar nada, nada.
Y para terminar, una pregunta que no viene al caso, pero cuya respuesta documentada deberíamos exigir a grandes voces ¿se van a vacunar Zetapé y sus nenas de la gripe porcina?.
En esta situación y con esta tropa, me temo que la pregunta que hay que hacerse no debe ir sobre cuál es la deficiencia que les impide rectificar, porque es imposible no darse cuenta de que a estas alturas tienen claro que subir la presión fiscal es retrasar la recuperación, sino sobre cuál es la razón por la que quieren que sigamos caninos y cada vez mas dependientes de las subvenciones. Además es que ahondan en el desastre. Ayer, nuestra Marivice estaba muy contentuela y pizpireta porque iban a cumplir la promesa de regalar un montón de ordenadores “ultraportátiles” a todos los niños de quinto de primaria. Vamos a ver. Estos pájaros si se caracterizan por algo es por no cumplir su palabra. De hecho, cada vez que el Adolescente Patológico promete algo, hay muchas mas posibilidades de que lo prometido falle de que se cumpla. Entonces, ¿por qué no han fallado como en casi todo? ¿es que no se han enterado de que el dinero que van a destinar a eso haría mas falta en otros sitios, que se lo van a dar a una multinacional y que van a evitar que un montón de pequeñas tiendas de informática vendan ordenadores, con lo que van a mandar a paro a mucha gente?. Parece que de verdad quieren estropear las cosas, que toman a propósito la peor decisión.En fin, que de ninguna manera podríamos decir que se les ha acabado la caja de las sandeces ni que de repente la cordura haya vuelto a regir la vida oficial. Tengo en el caletre una considerable lista de solemnes majaderías sobre las que reflexionar que he ido acumulando los últimos días, pero cuyo comentario he ido postergando por una u otra razón. Ya saldrán.
De todas ellas, quizá la historia que mas me ha anonadado ha sido la del fin de las bombillas tradicionales. Esta misma semana entró en vigor la prohibición de suministrar bombillas de mas de cien watios. Eso se acabó. Ahora, si quieres luces potentes, hay que buscarlas entre esas nuevas tan exóticas que parecen los residuos de los anuncios de neón que ya sólo se ven en las películas de cine negro (¿o debe decirse subsahariano, que ya me empiezo a liar?). No sé que opinará el resto de la gente, pero yo hasta ahora me nutría de esas bombillas tan potentes, con esa luz cálida tan agradable, con lo que su desaparición me molesta una barbaridad.
Una de las cosas graciosas del caso este es que no hay bombillas potentes de esas ecológicas que tanto le gustan a Z y a Sebastián, o por lo menos yo no las he encontrado. Las mas potentes son unas que dicen equivaler a las de ochenta y cinco watios y que parecen talmente un dildo de los exageraos. En cualquier caso, he sustituido en casa una de las maravillosas de ciento cincuenta watios por dos de esas supuestamente equivalentes a ochenta y cinco, y como que no. Que no equivale ni de coña.
Pero es lo que hay. Desde que Al Gore encontró el filón y nos vendió la parida del calentamiento, es que no hacemos mas que tonterías. Da igual que incluso los máximos responsables del IPCC (el invento ese de la ONU encargado de predecir si o si la catástrofe climática) reconozcan que “posiblemente sobreestimaron los efectos del CO2” y que sea evidente que sus predicciones están fallando, nosotros a lo nuestro, con el gobierno al frente de la pancarta ecologista haciendo las leyes suficientes y necesarias para que no se nos olvide que debemos ser progres, solidarios y beatíficos. ¡Será por leyes!. Aquí lo que mejor sabemos hacer son leyes: Mientras en cualquier parte del mundo cuyos gobernantes hubieran decidido dar un golpe de timón a su esquema productivo se contentarían con hacer declaraciones mas o menos altisonantes y empezar las mil pequeñas modificaciones que poco a poco favorecerían los crecimientos dirigidos, aquí lo hacemos a lo grande, nos ponemos a definir que será eso de la economía sostenible nada menos que en una ley. Igualico que en tiempos de la ominosa dictadura, cuando gracias a los planes de desarrollo se consiguió que Estepaís empezara a diferenciarse de su protectorado magrebí.
Bueno. Pues para intentar frenar mi frustración con las bombillas de bajo consumo he intentado informarme de cuáles son las características que deberían tener las que compremos para que su luz sea lo más parecido a la luz que daban las bombillas de verdad (aún siguen dando, yo me he comprado un saco de las de filamento). Y me he enterado de una cosa espectacular.Resulta que la pamema esta de la desaparición de las bombillas de filamento se fundamenta en su escaso rendimiento lumínico/energético, lo que causa que se genere demasiado CO2 para la luz que producen, y el CO2 es un gas muy malo, malísimo, que hace mucho daño al medio ambiente. Así pues, hay que acabar con esas bombillas y sustituirlas por las de consumo reducido cuyo funcionamiento limita la emisión de ese gas tan malo. Vale. Pero resulta que para que esas bombillas funcionen necesitan nosequé de vapores de mercurio, que si el CO2 es malo, los vapores de mercurio es que son venenosos del todo, venenosos de verdad, de tal forma, lo he leído en un artículo que recogía declaraciones de una parece que preboste de Greenpeace, Leticia Baselga se llama, que en caso de que se rompa una de esas preciosas bombillas rizadas tan estupendas para el medio ambiente hay que aguantar la respiración, ventilar por completo la casa y llevar los restos de la bombilla a un sitio donde puedan tratar residuos peligrosos.
¡Coño con el CO2! De verdad que si me tengo que joder y perder calidad de luz para que los ositos de AlGore tengan hielo, pues vale, trago, que no queda mas remedio, que para eso han hecho una ley. Pero de ahí a envenenarme va un trecho largo, largo. Todavía no he metido en Google “efectos inhalación vapores de mercurio” ni “envenenamiento por mercurio”, pero acabaré haciéndolo en cuanto se me rompa una de las bombillitas de Sebastián (¿habéis recogido por la vuestra, amiguitos?). Me temo que lo que vaya a leer no me va a gustar nada, nada.
Y para terminar, una pregunta que no viene al caso, pero cuya respuesta documentada deberíamos exigir a grandes voces ¿se van a vacunar Zetapé y sus nenas de la gripe porcina?.

A mí me encanta el anuncio del queso: Un molinillo de fondo mientras claman ¡No generamos CO2¡.
ResponderEliminarY con lo de las bombillas lo que realmente tratan es de hacer un paso escalonado a las velas. Porque estamos avocados a la edad media.