lunes, 28 de septiembre de 2009

Adolescentes

La semana pasada leí una noticia que me estremeció. Si, ya se que de cuando en cuando aparecen cosas similares en los periódicos y no suelo darle mayor importancia aún sabiendo la enorme tragedia que lleva detrás. Se trataba de un suicidio, como los más de tres mil que suceden cada año en Estepaís o los más de seis mil que sufren en Reino Unido, de dónde venía éste que casi consiguió que se me saltaran las lágrimas. De rabia. De deseos de venganza. De repugnancia por formar parte de esta sociedad.

La víctima/victimaria era una madre soltera de dos niños, ambos con minusvalía. Había dejado al mayor en casa. A la pequeña, contaba la noticia, le dio su peluche y la sentó en el coche. Derramó cuidadosamente una lata de gasolina por el interior del coche y por el motor, lo encendió y... eso. La pobre chica no había podido aguantar más. Una banda de mas de una docena de hijosdeputa de entre once y dieciséis años la había tomado con ella y con sus hijos y les hacían la vida imposible. Les tiraban piedras, les llenaban el buzón de petardos, pegaban a los niños, les perseguían, arrancaban las flores de su jardín, les insultaban a gritos. La pobre mujer hizo lo que podía que hacer una buena ciudadana que no quiere tomar el derecho por su mano: llamó a la policía. Más de treinta veces. Pero los niños eran eso, menores, y la policía no hacía absolutamente nada. Porque no podían o porque no querían. Probablemente cuando ya llevara diez llamadas aterrorizada, en la comisiaría dirían algo como “otra vez la loca esa”. Se limitaban a tomar nota de la denuncia y decírselo a los padres de los gamberros, que supongo que sólo se descojonaban de lo graciosos que eran sus vástagos, porque incluso uno de esos niños llamó a la pobre mujer para decirle que llamara a la policía todas las veces que quisiera, que no podían hacer nada contra él y en cambio, el y sus amigos podían hacer con ellos lo que quisieran. Y para demostrarlos agredieron a su hijo mayor, le rompieron dos dientes y lo dejaron encerrado en un cobertizo. Y la pobre mujer no pudo más.

Eso fue el domingo, y es fácil imaginar el asco que sentí hacia una sociedad que permite que semejantes individuos puedan andar campando por donde les peta, sólo porque a esos mamarrachos intelectualoides, teóricos de la progresía, lo único que les preocupa o por lo que se preocupan es por los colectivos, y el colectivo adolescente, en general, no es así. El lunes leí que en la apertura del año judicial, el Fiscal General del Estado (Cándido: ¡malo!, que diría ese locutor al que se le fue el oremus) contó que los delitos que más habían aumentado eran los de violencia de los hijos contra los padres. Unos cuantos cientos (o miles, no me fijé, porque con un par sería ya terrible) de familias aterrorizadas por adolescentes agresivos, adolescentes que son sus hijos y por los que probablemente habrían dado su vida, pero a los que no pueden imponer ningún tipo de disciplina porque los han educado con derechos y sin obligaciones. Pero ¡ojo! tanto a los adolescentes como a sus padres, que la primera generación que era adolescente cuando nacieron los derechos y desaparecieron los deberes ya tiene hijos mayores a los que han educado también en ese remedo de libertad que le han dicho sus progres mayores que es lo de exigir los derechos. Y si no ha querido hacerlo así, ha dado igual. En los colegios ha desaparecido la figura de respeto que era el profesor, porque la enseñanza la tomaron los progres, los solidarios, los que querían “educar en libertad”, y lo primero que hicieron fue eliminar la disciplina. Y sus jefes (el setenta por ciento de los diputados que aprobaron la logse eran maestros) desarrollaron las leyes suficientes para que no pudiera ser de otra forma, es decir, hicieron que a los adolescentes no se les pueda echar de clase por ningún motivo, decidieron que para que te expulsen del colegio haya que ser un cabrón con pintas y que además lo aprueben todos los profesores, padres y alumnos, y se montaron las cosas para que si el padre de uno de esos cafres te soba el hocico porque el cafre en cuestión no da un palo al agua y no recibe sobresalientes, te quedas con el guantazo y dando gracias porque no te abran un expediente, y todo así.

Hasta ahora los teóricos de la comprehensive school se habían quedado en el colegio, pero estos botarates se nos han metido en casa. Si para educar ya no podía uno confiar en los profesores (de la educación eliminaron todo lo que pudiera ser formación, y a la información que quedó le añadieron el adoctrinamiento, en un tirón que sólo se ha aguantado en algunos colegios privados o concertados, en los que mantienen la Educación), como se te ocurra utilizar algún medio coercitivo en casa la has cagado, que incluso puedes ir a la carcel. Y si el imbecil de quince años que tienes en casa te sacude la badana, pues te jodes, que tu no lo puedes tocar, que tu derecho como padre ha desaparecido hasta del código Civil y tu obligación de educar se reduce a las buenas palabras, al buen rollito. ¡Que los nervios se los temple la realidad cuando se enfrente con ella!. Y eso sí, mientras tanto, como no hayas conseguido imponer racionalidad al crío, te toca tragar con lo que se le pueda ocurrir o forzar la maquinaria para que los servicios sociales se hagan cargo del desaguisado.

Y eso es lo que le ha pasado al Primer Adolescente. Que sus hijas se le han puesto farrucas y él ha decidido “respetar su libertad” permitiendo que dos de los que iban representando a este pueblo capaz de empeñarse hasta la ingle para ir “decente” a una boda, se planten en casa del hombre mas poderoso del mundo vestidas “de trapillo”. O de gótico, que tanto da (aunque como decía un forero, en este caso más que gótico, por las hechuras parece románico asturiano).

Quizá lo mas importante de este desgraciado episodio haya sido, me lo hizo notar un avispado observador, que alguien ha favorecido que esa foto patética se popularizara en demasía para que al capo di tutti capi le atizaran fuerte, fuerte, donde más le puede doler: en sus hijas. En el fondo no dejan de ser unas pobres niñas con una pobre formación fruto del progresismo más rancio y tenebroso. Como sugería Ofelia, no pueden dejar de desafiar a sus fantasmas y frente al optimismo patológico de su padre, oponer negativismo, frente al talante, oscuridad, frente a las ansias infinitas de paz y solidaridad, dolor y tinieblas, pero que ni siquiera son culpables de que sus muy progresistas progenitores hayan resuelto no poner coto a los problemas que puede crear lo de vivir en un palacete y ser adulados por todos los que reconozcan la figura del escolta, ni tengan medida de la necesidad del mínimo respeto a las convenciones sociales (en el fondo, aparecer disfrazado en casa del Beato Obama cuando se representa a España no deja de ser parecido a lo de traicionar a los aliados retirándose a toda velocidad de Iraq: hay cosas que no se hacen, simplemente, porque no se debe esperar eso de tí). Y a las pobres les han dado de forma inmisericorde. Estoy convencido de que les han hecho daño, y mucho. A ellas y a sus padres. Además, a su padre, con ello, le han dejado recado de que ni a sus hijas van a respetar cuando finalmente caiga, y de que pueden dejarle caer igual que han expuesto a las niñas a la crueldad de un pueblo maltratado y con ánimo de venganza.

2 comentarios:

  1. Me gusta la foto. Es bonito el jersey.
    Me ha impactado lo de la madre que se suicidó.

    Llevo toda la mañana con lo del "murciégalo". Vivimos en un país de imbéciles.

    ResponderEliminar
  2. se acabó lo del niño bonito. Sospecho que zp está convencido de que es un genio, que su partido (o felipe gonzález) no le eligió para que perdiera unas elecciones y desapareciese, que su gestión ha sido eficaz, que nada de lo que decimos los que le criticamos tiene razón de ser...lo más triste es que sólo es español más. tal vez un poco más espabilado a la hora de conchabar y hacer daño a sus enemigos, pero a la postre no deja de ser un tipo de la mitad para abajo. y como tal, acaba de demostrar que a quienes más daño hace es a los suyos. porque lo que demuestra esto es que, por desgracia, alguien de dieciseis años no tiene ni puta idea de lo que le conviene.

    ResponderEliminar