Fíjate que ya tengo una tendencia clara a imaginarme lo peor, que estoy convencido de que cada vez que abren la boca, las posibilidades de que lo que salga de ella sea una sandez, una perogrullada o una falsedad son casi del cien por cien. Fíjate que llevo años oyendo bobadas. Pues nada, que de vez en cuando consiguen dejarme estupefacto. Esta vez no tanto por lo que han dicho, sino porque se han atrevido a decirlo en voz alta y con orgullo desafiante: que todas las medidas que tengan que tomar para salir de la crisis las van a pactar con los sindicatos “por supuesto”.
Que si, que ya sé que eso es lo que llevan haciendo desde antes de empezar a hundirnos y que ahora lo debe hacer con más pasión para evitar una huelga general, que Cándido es la figura equivalente a esa franquista de “Ministro Secretario General del Movimiento”, aunque se queda en oficioso “vicepresidente cuarto y secretario general de UGT”. Si, si, recuerdo que se declaró rojo y feminista, pero también recuerdo que su llegada al poder fue en un tren de cercanías cargado de buenrrollismo en el eje de devolverle el protagonismo al parlamento (además de aquellas majaderías de volver al corazón de Europa y tal), que todo pasaba por el Parlamento como origen y final del talante aquél.
Pues ya no. Ahora ya ha reconocido que sólo le interesan los sindicatos, aunque no tengan afiliados, aunque no representen a nadie, que son la vanguardia del proletariado. Digo yo que, para nuestro faro de la modernidad, el Parlamento ha perdido todo su glamour cuando se ha dado cuenta de que conseguir lo votos que necesita para seguir en el machito es un simple ejercicio de pasar por allí y comprarselos a unos u otros chupópteros independentistas y/o progres de salón, que no hay necesidad de acudir a puntos ideológicos de contacto para pactar los asuntos de estado, que todo se reduce al cuánto me das, al hasta aquí llego y ni un euro más, y al pues de acuerdo, pero quiero sillones en los consejos de esas empresas. ¿O es que el voto favorable al aborto o al homotrimonio de esos grandísimos meapilas que son los vascos y las vascas se dan por ideología y no por la pasta que les han soltado? ¿Y el voto de los izquierdistas aliazacivilizatorios para incrementar los soldados que fríen a tiros multiculturales a civiles indefensos en las misiones de pazzz de Afganistán? ¿ideología o prebendas?. Pues eso, que pactar, pactar, lo que se dice pactar, sólo con los sindicatos, aunque con ellos no sólo se pactan proyectos de sociedad, sino que también hay que aflojar la pasta, que no se diga que nuestro Líder es de la cofradía del puño cerrado.

Y conste que con lo de la cofradía esa no me refiero al puño cerrado de Pol Pot, Otegui, Stalin, Mugabe, Chavez, Evo Morales, los Castro, o los obreristas que se reunieron en la campa esa de empezar el curso con los mineros, sino a lo que los británicos llaman slowhand (si, amiguitos, Clapton era conocido como “Slowhand” no por su peculiar sensibilidad como bluesman, sino por la lentitud de su mano al dirigirse al bolsillo en la fase de aflojar la mosca de las pintas en el pub), que no quería hablar del edificante espectáculo de Rodiezmo, de ese momentazo internacionalista en el que todos, incluyendo a Guerra, Don Alfonso, que si otrora fuese comecuras y martillo de ricos, agora quedó en mascota del partido y telonero graciosete de los que tienen cosas serias de las que hablar, levantaron el puño cerrado para entonar alguna de las distintas versiones de La Internacional para mayor gloria de la SGAE, que debió recaudar sus correspondientes derechos de autor.
Y es que en Rodiezmo, todos levantaron el puño cerrado, ese puño cerrado que Elena Valenciano, Secretaria de Política Internacional y Cooperación del partido, ha calificado como “un puño pacífico, con rosa”, y que, en la misma forma que el brazo alzado era el símbolo del nazismo, el puño tradicionalmente ha representado el poder socialista, la lucha de los trabajadores, incluídos esos trabajadores que como la miembra del gobierno Bibiana Aido, la estupenda Leire o el mismísimo Zapatero, no han dado un palo al agua en su vida, pero ni uno, oiga, que Guerra tuvo una librería (la Antonio Machado) y una vez estuvo anillando galápagos en Doñana, pero es que estos no han doblado el espinazo jamás, por más puño cerrado que exhibieran.

Bueno, Zetapero no levantaba el puño, quizá porque a él tampoco le había tocado pañuelo rojo al cuello. Es curioso. ¿Estará cuidando ahora su imagen? ¿estará intentando evitar que se pueda publicar una foto suya con el mismo gesto que sus dos próximos invitados, Evo Morales y Chávez?. ¿O es que le daba vergüenza el gesto obrerista cuando él había llegado a la campa en helicóptero oficial para saltarse las molestias de las carreteras llenas de autobuses de mineros? Eso no lo creo. ¿Vergüenza en estos? entre poca y ninguna.
Que si, que ya sé que eso es lo que llevan haciendo desde antes de empezar a hundirnos y que ahora lo debe hacer con más pasión para evitar una huelga general, que Cándido es la figura equivalente a esa franquista de “Ministro Secretario General del Movimiento”, aunque se queda en oficioso “vicepresidente cuarto y secretario general de UGT”. Si, si, recuerdo que se declaró rojo y feminista, pero también recuerdo que su llegada al poder fue en un tren de cercanías cargado de buenrrollismo en el eje de devolverle el protagonismo al parlamento (además de aquellas majaderías de volver al corazón de Europa y tal), que todo pasaba por el Parlamento como origen y final del talante aquél.
Pues ya no. Ahora ya ha reconocido que sólo le interesan los sindicatos, aunque no tengan afiliados, aunque no representen a nadie, que son la vanguardia del proletariado. Digo yo que, para nuestro faro de la modernidad, el Parlamento ha perdido todo su glamour cuando se ha dado cuenta de que conseguir lo votos que necesita para seguir en el machito es un simple ejercicio de pasar por allí y comprarselos a unos u otros chupópteros independentistas y/o progres de salón, que no hay necesidad de acudir a puntos ideológicos de contacto para pactar los asuntos de estado, que todo se reduce al cuánto me das, al hasta aquí llego y ni un euro más, y al pues de acuerdo, pero quiero sillones en los consejos de esas empresas. ¿O es que el voto favorable al aborto o al homotrimonio de esos grandísimos meapilas que son los vascos y las vascas se dan por ideología y no por la pasta que les han soltado? ¿Y el voto de los izquierdistas aliazacivilizatorios para incrementar los soldados que fríen a tiros multiculturales a civiles indefensos en las misiones de pazzz de Afganistán? ¿ideología o prebendas?. Pues eso, que pactar, pactar, lo que se dice pactar, sólo con los sindicatos, aunque con ellos no sólo se pactan proyectos de sociedad, sino que también hay que aflojar la pasta, que no se diga que nuestro Líder es de la cofradía del puño cerrado.
Y conste que con lo de la cofradía esa no me refiero al puño cerrado de Pol Pot, Otegui, Stalin, Mugabe, Chavez, Evo Morales, los Castro, o los obreristas que se reunieron en la campa esa de empezar el curso con los mineros, sino a lo que los británicos llaman slowhand (si, amiguitos, Clapton era conocido como “Slowhand” no por su peculiar sensibilidad como bluesman, sino por la lentitud de su mano al dirigirse al bolsillo en la fase de aflojar la mosca de las pintas en el pub), que no quería hablar del edificante espectáculo de Rodiezmo, de ese momentazo internacionalista en el que todos, incluyendo a Guerra, Don Alfonso, que si otrora fuese comecuras y martillo de ricos, agora quedó en mascota del partido y telonero graciosete de los que tienen cosas serias de las que hablar, levantaron el puño cerrado para entonar alguna de las distintas versiones de La Internacional para mayor gloria de la SGAE, que debió recaudar sus correspondientes derechos de autor.Y es que en Rodiezmo, todos levantaron el puño cerrado, ese puño cerrado que Elena Valenciano, Secretaria de Política Internacional y Cooperación del partido, ha calificado como “un puño pacífico, con rosa”, y que, en la misma forma que el brazo alzado era el símbolo del nazismo, el puño tradicionalmente ha representado el poder socialista, la lucha de los trabajadores, incluídos esos trabajadores que como la miembra del gobierno Bibiana Aido, la estupenda Leire o el mismísimo Zapatero, no han dado un palo al agua en su vida, pero ni uno, oiga, que Guerra tuvo una librería (la Antonio Machado) y una vez estuvo anillando galápagos en Doñana, pero es que estos no han doblado el espinazo jamás, por más puño cerrado que exhibieran.

Bueno, Zetapero no levantaba el puño, quizá porque a él tampoco le había tocado pañuelo rojo al cuello. Es curioso. ¿Estará cuidando ahora su imagen? ¿estará intentando evitar que se pueda publicar una foto suya con el mismo gesto que sus dos próximos invitados, Evo Morales y Chávez?. ¿O es que le daba vergüenza el gesto obrerista cuando él había llegado a la campa en helicóptero oficial para saltarse las molestias de las carreteras llenas de autobuses de mineros? Eso no lo creo. ¿Vergüenza en estos? entre poca y ninguna.

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