No nos podemos quejar. Al fin y al cabo era lo único que se podía esperar si gastamos mas de lo que ingresamos: llega un momento en el que hay que ingresar más. También, o esencialmente, hay que gastar menos, pero eso es otra historia. Por lo pronto, vamos a ingresar más. Zapatrola lo ha dicho hoy mismo. Si queremos incrementar el gasto social, ese dinero habrá que pedírselo a alguien. Es lógico. Es razonable. El que algo quiere, algo le cuesta, que no puede seguir siendo como hasta ahora, que el dinero como que brotaba de los árboles de la Moncloa. ¿Y a quién se le va a pedir? Pues a los ricos, que lo que tienen de más es lo que han robado a los pobres. A los que pasan de los cincuenta mil euros al año. Esos son los ricos a los que hay que crujir.
Eso era lo planeado, lo que había anunciado el Gran Pepiño. Pero se les habían pasado por alto un par de cosas. Para que el cinco por ciento de los declarantes de IRPF, que son los que pasan de los cincuenta mil euros, puedan aportar las ingentes cantidades de pasta que se necesitan, no es que haya que crujirlos, es que hay que crucificarlos. Y ni así. Además, la ministra Salgado ya había explicado que subir el IRPF a las rentas altas no era útil ni lucrativo. Y Z ha negado varias veces que eso se fuera a producir. Vale, que si, que la palabra de este señor no vale un pimiento, pero aquí le merece la pena mantenerla y no tener que aguantar mil veces las grabaciones en las que sale él mismo negando el aumento de los tipos marginales, porque lo que se sacaría subiendolo del cuarenta y tres al cincuenta no da ni para un par de vacaciones oficiales.
Porque lo que falta es mucho más de lo que puede sacarse a unos poquitos “ricos”, que por más que se empeñen los progres, en España hay poquísimos. Sólo para parar el incremento del déficit público hace falta un pastón, y para hacerlo desaparecer, necesitamos el diez por ciento del PIB, algo menos de lo que han despilfarrado en un año. Imposible cubrirlo. Entonces ¿de dónde se puede sacar? Pues dejando de gastar, claro. Y como eso no es suficiente, evidentemente del IVA y del resto de los impuestos indirectos, de los únicos impuestos con verdadera capacidad recaudadora, y así se hará antes o después. Pero, claro, son impuestos que recaen sobre todos por igual, y eso queda feo para la progresía, así que, entretanto, es imperioso disfrazarlo: subir el IVA puede percibirse como contrario a lo que se ha venido diciendo de que para combatir la crisis, todo lo que se haga en la dirección de aumentar el consumo es bueno, y subiendo el IVA se daña el consumo (en realidad no, o muy poco, que con deflación hay margen, y si tuvieran un mínimo seso se darían cuenta de que hay posibilidad de discriminar en el IVA y ponerle un cuatro por ciento al vino de pitarra y un treinta al champán francés, un cuatro por ciento a los hoteles de tres estrellas y un treinta por ciento a los viajes al caribe, un cuatro por ciento al utilitario cuco y baratito y un treinta al todoterreno molón, o sea, podrían venderlo como un ejercicio de apaleamiento de los hábitos de consumo de los ricos. ¿cómo? ¿qué entonces perjudican a muchos de sus votantes? ¡Pues vaya! Pensemos otra cosa). Por lo pronto vamos a ir a por los malos, a por los ricos especuladores, que son todos de derechas, y se hará el suficiente ruido para que no se oiga que también se sube el IVA.
Así que vamos a gravar, pero en serio, las rentas del capital y las plusvalías. A los ricachones y a los especuladores. ¡Se van a enterar esos cabrones! Los progres mejor informados afinan un poco mas: las SICAV son culpables, que es donde esconden sus fortunas los multimillonarios y sólo pagan el uno por ciento de impuestos. (lo que, por cierto, es falso. Lo que hacen las SICAV es pagar impuestos muy reducidos por los beneficios que van obteniendo en sus enjuagues en bolsa, pero siempre que ese dinero se quede en la sociedad. Si la pasta no se reinvierte y se la lleva el ricachón para comprarse un yate, pues paga impuestos, todos los impuestos) .
Pero, a ver, gravar rentas del capital y plusvalías es gravar la inversión y el ahorro, el de todos. Y es verdad, a cualquiera que tenga un depósito o cuatro telefónicas les va a afectar también un montón que les suban los impuestos, pero les da igual. La gente ya se ha quedado tarareando la copla de que este gobierno a quien putea de verdad es a los ricos, y a este pueblo eso le pone. ¿Que tu plan de pensiones vaya a salir dañado? no pasa nada. ¿Que si se te ocurre vender tu casa para comprarte otra vas a tener que pagar una pasta y no vas a poder comprar algo mejor? pues vale. ¿Que cuanto mas se penalice el ahorro (es decir, la inversión) menos atractivo va ser invertir en España, más pobres seremos y menos trabajo se creará? es lo de menos. ¿Qué no se distingue entre especulación y ahorro, entre los beneficios generados en un mes y los generados en toda la vida? pues no importa. El hecho de que estas maniobras publicitarias que tanto nos gustan no pasen de ser medidas cuyo principal efecto es retrasar la recuperación, es algo que pierde su importancia ante la admiración que brota del pecho de los solidarios votantes con el cumplimiento del gran objetivo de joder al rico, que se lo merece. Y así no se arregla nada, pero se van sacando puntitos para las próximas elecciones, que es lo único que interesa.
El caso es que algo habrá que hacer, porque se ha llegado a un punto en el que se necesita dinero, realmente, porque nos hemos pasado de manirrotos (gracias a dios, no tenemos la máquina de los billetes, ¿imagináis a estos con la maquinita? un cuento de terror como el de mugabe) pero también porque como ha dicho nuestro particular iluminado, nuestro amiguito el Sonrisas (¿no os habéis fijado en que cada vez sonríe menos?), si queremos aumentar el gasto social, habrá que pedirle el dinero a alguien. Y no se le ha ocurrido pensar que no queremos aumentar el gasto social, sino la inversión productiva, que no queremos hacer caridad con los parados, sino facilitarles un trabajo para que se puedan buscar la vida, que no queremos que un estado siempre ineficaz, comandado por unos señores notoriamente incapaces, faltos de preparación, de ideas y de objetivos, gestionen un dinero que se ha arrancado de la iniciativa privada, que es la que crea empleo y riqueza, sino que el dinero siga gestionado por quien sabe hacerlo, es decir por quien ha sabido generarlo.
Eso era lo planeado, lo que había anunciado el Gran Pepiño. Pero se les habían pasado por alto un par de cosas. Para que el cinco por ciento de los declarantes de IRPF, que son los que pasan de los cincuenta mil euros, puedan aportar las ingentes cantidades de pasta que se necesitan, no es que haya que crujirlos, es que hay que crucificarlos. Y ni así. Además, la ministra Salgado ya había explicado que subir el IRPF a las rentas altas no era útil ni lucrativo. Y Z ha negado varias veces que eso se fuera a producir. Vale, que si, que la palabra de este señor no vale un pimiento, pero aquí le merece la pena mantenerla y no tener que aguantar mil veces las grabaciones en las que sale él mismo negando el aumento de los tipos marginales, porque lo que se sacaría subiendolo del cuarenta y tres al cincuenta no da ni para un par de vacaciones oficiales.Porque lo que falta es mucho más de lo que puede sacarse a unos poquitos “ricos”, que por más que se empeñen los progres, en España hay poquísimos. Sólo para parar el incremento del déficit público hace falta un pastón, y para hacerlo desaparecer, necesitamos el diez por ciento del PIB, algo menos de lo que han despilfarrado en un año. Imposible cubrirlo. Entonces ¿de dónde se puede sacar? Pues dejando de gastar, claro. Y como eso no es suficiente, evidentemente del IVA y del resto de los impuestos indirectos, de los únicos impuestos con verdadera capacidad recaudadora, y así se hará antes o después. Pero, claro, son impuestos que recaen sobre todos por igual, y eso queda feo para la progresía, así que, entretanto, es imperioso disfrazarlo: subir el IVA puede percibirse como contrario a lo que se ha venido diciendo de que para combatir la crisis, todo lo que se haga en la dirección de aumentar el consumo es bueno, y subiendo el IVA se daña el consumo (en realidad no, o muy poco, que con deflación hay margen, y si tuvieran un mínimo seso se darían cuenta de que hay posibilidad de discriminar en el IVA y ponerle un cuatro por ciento al vino de pitarra y un treinta al champán francés, un cuatro por ciento a los hoteles de tres estrellas y un treinta por ciento a los viajes al caribe, un cuatro por ciento al utilitario cuco y baratito y un treinta al todoterreno molón, o sea, podrían venderlo como un ejercicio de apaleamiento de los hábitos de consumo de los ricos. ¿cómo? ¿qué entonces perjudican a muchos de sus votantes? ¡Pues vaya! Pensemos otra cosa). Por lo pronto vamos a ir a por los malos, a por los ricos especuladores, que son todos de derechas, y se hará el suficiente ruido para que no se oiga que también se sube el IVA.
Así que vamos a gravar, pero en serio, las rentas del capital y las plusvalías. A los ricachones y a los especuladores. ¡Se van a enterar esos cabrones! Los progres mejor informados afinan un poco mas: las SICAV son culpables, que es donde esconden sus fortunas los multimillonarios y sólo pagan el uno por ciento de impuestos. (lo que, por cierto, es falso. Lo que hacen las SICAV es pagar impuestos muy reducidos por los beneficios que van obteniendo en sus enjuagues en bolsa, pero siempre que ese dinero se quede en la sociedad. Si la pasta no se reinvierte y se la lleva el ricachón para comprarse un yate, pues paga impuestos, todos los impuestos) .
Pero, a ver, gravar rentas del capital y plusvalías es gravar la inversión y el ahorro, el de todos. Y es verdad, a cualquiera que tenga un depósito o cuatro telefónicas les va a afectar también un montón que les suban los impuestos, pero les da igual. La gente ya se ha quedado tarareando la copla de que este gobierno a quien putea de verdad es a los ricos, y a este pueblo eso le pone. ¿Que tu plan de pensiones vaya a salir dañado? no pasa nada. ¿Que si se te ocurre vender tu casa para comprarte otra vas a tener que pagar una pasta y no vas a poder comprar algo mejor? pues vale. ¿Que cuanto mas se penalice el ahorro (es decir, la inversión) menos atractivo va ser invertir en España, más pobres seremos y menos trabajo se creará? es lo de menos. ¿Qué no se distingue entre especulación y ahorro, entre los beneficios generados en un mes y los generados en toda la vida? pues no importa. El hecho de que estas maniobras publicitarias que tanto nos gustan no pasen de ser medidas cuyo principal efecto es retrasar la recuperación, es algo que pierde su importancia ante la admiración que brota del pecho de los solidarios votantes con el cumplimiento del gran objetivo de joder al rico, que se lo merece. Y así no se arregla nada, pero se van sacando puntitos para las próximas elecciones, que es lo único que interesa.El caso es que algo habrá que hacer, porque se ha llegado a un punto en el que se necesita dinero, realmente, porque nos hemos pasado de manirrotos (gracias a dios, no tenemos la máquina de los billetes, ¿imagináis a estos con la maquinita? un cuento de terror como el de mugabe) pero también porque como ha dicho nuestro particular iluminado, nuestro amiguito el Sonrisas (¿no os habéis fijado en que cada vez sonríe menos?), si queremos aumentar el gasto social, habrá que pedirle el dinero a alguien. Y no se le ha ocurrido pensar que no queremos aumentar el gasto social, sino la inversión productiva, que no queremos hacer caridad con los parados, sino facilitarles un trabajo para que se puedan buscar la vida, que no queremos que un estado siempre ineficaz, comandado por unos señores notoriamente incapaces, faltos de preparación, de ideas y de objetivos, gestionen un dinero que se ha arrancado de la iniciativa privada, que es la que crea empleo y riqueza, sino que el dinero siga gestionado por quien sabe hacerlo, es decir por quien ha sabido generarlo.
Lo están haciendo todo al revés, pero podemos ir dando gracias con un canto en los dientes y en primer tiempo de saludo, que hay otros con propuestas aún más descabelladas. IU, por ejemplo, no se contenta con tener una política impositiva entorpecedora de la actividad, también propone denegar los ERE de las empresas que hayan tenido beneficios el año anterior y jubilar a todos de los mayores de sesenta años, así los puestos de trabajo que quedaran libres se cubrirían por parados. Ya, que no vale amortizar esos puestos, que se obligaría por ley a que se cubrieran con parados. Bueno. Y si lo que hay no es suficiente para pagar las pensiones de jubilación, se aumentan las cotizaciones sociales, a la vista de que los empresarios no reparten debidamente sus beneficios. Hay que ir hacia una economía sostenible. Y se les prohibe quebrar. Y despedir a nadie. Y... Una de las frases mas queridas por nuestros brillantes sindicalistas es que "no se puede renunciar a los derechos que los trabajadores hemos ido conquistando". Si les recuerdas que todos y cada uno de esos derechos provienen del franquismo, con las excepciones del derecho de manifestación y del derecho de asociación, y que en todos los años de gobierno socialista no se le ha añadido ni uno solo, entran en convulsiones, porque se deja en evidencia que lo único que de verdad les ha añadido la democracia son los sillones y los despachos de los sindicalistas mayores y lo de no dar un palo al agua, por eso de la liberación sindical, de los sindicalistas de base. Esos son los derechos ganados por los trabajadores que están dispuestos a proteger aún a costa del bienestar y el trabajo de los demás.

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