domingo, 20 de septiembre de 2009

Reforma empresarial

Y ahora se recomienda el retonno de Almunia D.Joaquín. Es curioso, pero no se acuerda nadie de por qué se fue. Y es que Almunia fue candidato a Presidente de Gobierno en las elecciones del 2000, si, las de la mayoría absoluta del Innombrable. Decían que esas elecciones las había ganado el señor del bigote tanto como las había perdido Almunia. Porque había cometido el terrible error de anunciar un acuerdo postelectoral con Izquierda Unida para formar gobierno, y claro, la sociedad española no estaba preparada para tanto extremismo.

Vaya tela. Cualquier comparación es odiosa, pero son los mismos votantes quienes echaron a Almunia por rojo y mantuvieron a Zapatero también por rojo (lo auparon por los trenes en 2004, pero lo mantuvieron en 2008 por rojo). El actual progre de Moncloa no ha necesitado aliarse con Izquierda Unida para llevar a cabo una política mucho mas izquierdista que la mas izquierdista que pudiera habérsele ocurrido a un Julio Anguita harto de vino. Y se trata de unas políticas tan insensatas, tan dispersas, tan antiguas, tan inútiles, que cualquiera diría que se trata de políticas que se le ocurren como espantajo para distraer la atención de otras cagadas de mayor calado, pero no, parece que son las políticas que ese individuo lleva en la mollera y que nunca ha intentado someter a un análisis racional. Y de vez en cuando saca una y la lleva al BOE.

Ahora hay que echarse a temblar. Le ha dado por los empresarios. Pretende hacer una “reforma empresarial” (sic). Frente al asombro que produce entre los gobiernos civilizados y hasta en el propio BCE que el país que más paro tiene de todos ellos no afronte ninguna reforma de su marco laboral, que además proviene directamente de una dictadura fascista, el Iluminado de las Pocas Luces pretende reaccionar emprendiendo una reforma empresarial. Nada menos. Un genio este señor, el asombro de Europa, el faro de occidente, ¡y sólo con dos tardes de clase de economía!. Los empresarios son malos, y los pequeños empresarios son ineficaces y gorrones. La falta de competitividad española viene de que hay demasiadas empresas pequeñas. No importa que se trate del noventa por ciento del empleo, son ineficaces, dice Zapatero. Además, no son solidarias, que no quieren pagar impuestos. Zapatero les ayudó cuando peor estaban las cosas (vale, con nuestro dinero, pero fue él quien decidió darles la pasta) y ahora no quieren pagar más impuestos que antes ¡Habráse visto!. ¡A reformarlos!

Da la impresión de que la reforma empresarial será intentar llevar a su más alto grado esa política buenista y autoculpabilizante que ha mantenido occidente en los últimos años que tanto daño está haciendo. El mensaje es “los ricos son cada vez mas ricos y los pobres son cada vez mas pobres”, o “esos empresarios desalmados se están haciendo ricos a costa del sufrimiento de los que menos tienen” ¿os suena? Es uno de los gritos de guerra favoritos de los progres, desde la mas subvencionada ONG hasta el mas moderado de los socialdemócratas. Ese es el mensaje que mantiene Zapatero y todo su grupito de alegres compis.

Y es un mensaje demoledor para el bienestar. Según se va depurando la argumentación, va consiguiéndose, por ejemplo, que la opinión pública vaya considerando como auténticos asesinos a los empresarios farmacéuticos, que por pura avaricia, se niegan a regalar la medicación contra el SIDA a toda la población africana. A nadie se le ocurre pensar que la investigación de esos medicamentos es carísima, que las empresas tienen la obligación, no el derecho, de tener beneficios, y que esas magnas obras de caridad, si se hacen, deben hacerlas los gobiernos, y de ninguna manera se puede exigir que sea una corporación privada quien deba empeñar sus dineros para cubrir las conciencias de los demás.

Pues con estas cositas hemos conseguido que se haya dejado de investigar sobre el SIDA, que ningún laboratorio quiera seguir poniendo pasta en un negocio que si sale bien les pone en condiciones de no ganar dinero por eso de que deben regalárselo al tercer mundo. Prefieren investigar sobre la calvicie, que si la curan, se han forrado para siempre. Tampoco se investiga sobre la malaria, una enfermedad endémica en el tercer mundo que mata a millones de personas y que sería susceptible de ser erradicada con el mismo DDT con el que se erradicó de las zonas de occidente que la padecían, pero cuya utilización impiden ahora los ecologistas porque el DDT es cancerígeno y mumalo malísimo para el medio ambiente. ¿Cómo se va a permitir que en Centroamérica se evite que los niños mueran de malaria a costa de favorecer que luego puedan morir de cáncer, que es muchísimo peor?. Curiosamente, uno de esos ricos riquísimos que son los culpables de que haya cada vez mas pobres pobrísimos (eso es mentira, cada vez hay menos pobres, y de hecho la pobreza ha caído a menos de la mitad en los últimos veinte años, otro día hablaré de ello), es el único que busca remedio a la malaria: la Fundación Bill Gates está gastando una pasta en buscarle solución.

La cosa no acaba ahí. Si, ya se que he vuelto a irme del tema, pero quiero seguir por este camino un rato más, que es un punto que ciertamente me preocupa. Esas políticas socialdemócratas de pago de la sanidad universal a base de impuestos, que inevitablemente llevan al ahorro o incluso a la racanería y que se apoyan en que “las empresas farmacéuticas ganan demasiado dinero a costa de la salud”, están consiguiendo la desaparición de la investigación en antibióticos: todas las bacterias, antes o después, se convierten en resistentes. O salen nuevos, o las infecciones no se pueden combatir. Pues con el fomento, la protección y la impunidad de los fabricantes de medicamentos genéricos, patrios o foráneos, se empieza a conseguir que las grandes corporaciones con capacidad para gastarse unos miles de millones de euros en investigar y poner en el mercado nuevos antibióticos (digo bien: miles de millones cuesta poner un medicamento en el mercado), empiezan a opinar que verdes las han segao, que lo suyo es investigar para proteger contra el exceso de colesterol, que es enfermedad de ricos con remedio patentable, y que le den morcillas a la investigación de nuevos medicamentos para combatir infecciones. Que las hagan los estados y que se las regalen a quien quieran. Ayer oí decir a un parece que importante científico, cuyo nombre no recuerdo, que es mas fácil recordar la alineación del Barça o del Madrid que retener el apellido de un sabio, que en cualquier momento se desataba una infección generalizada sin antibiótico para combatirla y teníamos un problema como la peste negra.

Ese suele ser el resultado inevitable del tipo de mensaje con el que nos van a bombardear a partir de ahora para intentar mantener al pájaro ese en el palacete de la universitaria distrayendo la atención con la reforma empresarial, vendiéndonos la milonga de la economía sostenible, que mucho me temo que acabará en una laminación de la clase media, porque Zapatero está con los trabajadores, con los descamisados. Como Perón. Los empresarios son quienes están haciendo daño, es a los empresarios a quienes hay que exigirles que primero dejen de destruir empleo, y que lo creen después. Y si no lo hacen así, no merecen nada, hay que movilizarse contra ellos, con lo que el estado habrá de asumir su responsabilidad (y en el mas puro estilo Chavista, probablemente también deberá asumir sus bienes para repartirlos con justicia entre los que menos tienen). Y contra los empresarios se lanzarán los sindicatos, porque los empresarios son los protegidos del Pepé, es el Pepé el culpable de la crisis, que organiza a sus empresarios para que no hagan nada que pueda solucionarlo, porque quieren que las cosas vayan peor, que el sufrimiento sea mas intenso para así culpar a Zapatero y ganarle las elecciones.

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