Una de las características más fascinantes de estos progres que nos pusieron en el gobierno la fortuna, tres trenes de cercanías, unos kilos de tytadine, la fuerza de Prisa, la habilidad del Calvorota, el escaso respeto a la Ley y la obediencia ciega a la consigna de quienes les siguen, es la impunidad que exigen para sus actuaciones, sean las que sean, y que generalmente consiguen. No tenemos mas que fijarnos precisamente en su llegada al poder y nos podemos percatar de que lo suyo es la impunidad: violaron la jornada de reflexión con llamadas al asalto de la sede del partido que entonces gobernaba. Y eso después de haber mentido una y mil veces sobre aquellos temas “sensibles” que podían movilizar a los odiadores de Aznar, o sea, el desastre del Prestige, solucionado en tiempo record, y la guerra de Iraq, de la que ellos mismos, en la memoria justificativa del Real Decreto-Ley 8/2004, de 5 de noviembre, sobre indemnizaciones a los participantes en operaciones internacionales de paz y seguridad, reconocen su legalidad y su adecuación a derecho, de manera que cuando se extienden sobre aquello que blindaron con la cantinela de “guerra inmoral, ilegal e injusta”, llegando a calificar impunemente como asesinos a los miembros del gobierno popular, especifican: Abril 2003. Operación Libertad Iraquí en Irak. La participación española, amparada por las Resoluciones 1441 (2002) y 1483 (2003) y 1511 (2003), se concretó el envío de dos diferentes tipos de unidades con la misión de ayuda humanitaria y restablecimiento de la seguridad.” O sea, ni ilegal ni guerra. Pero quedaron impunes ante la opinión pública, tan impunes que aún siguen mencionándola de cuando en cuando, que si no la usan más es sólo por el hartazgo que produce en sus propios votantes, no por la vergüenza que deberían sentir si fuesen medianamente amigos de la libertad.Pero es que antes de eso ya gozaban de esa impunidad: los apedreamientos a sedes y militantes del partido popular resultaron impunes, impunes las mentiras y las manipulaciones, impunes las conversaciones con terroristas mientras firmaban el pacto supuestamente destinado a acabar con ellos, y resultó también impune la visita del Faro de la Alianza de Civilizaciones a Marruecos a rendir pleitesía al Sultán, al Faro de los Creyentes, y hacerse la foto bajo un mapa marroquí que incluía, además del Sahara, a Ceuta, Melilla y las Canarias, por su electoralista y baboso rechazo a que España defendiera con las armas la invasión de Perejil por tropas extranjeras (lo que en otros tiempos habría acarreado la pena de muerte por traición).
Lo que pasa es que están convencidos de que su superioridad moral les capacita para hacer lo que quieran, con sujeción o no a las leyes, ajustándose o no a la verdad, porque sus motivos son justos y superiores. Pero lo peor de esta repugnante situación es que han conseguido transmitir ese convencimiento a toda la sociedad, de forma que a ellos y sus amiguitos todo se les permite, justo al contrario que al Pepé, a quien se le exige respeto, hasta que causen náuseas sus melindres y pasteleos, a cualquier mandamiento igualitario, solidario o alianzacivilizatorio para no volver a apedrearles las sedes y los concejales. “¡Exageras!” diréis. Pues no. Fíjate: ahora el Ayuntamiento de Vic ha dispuesto una ordenanza para impedir el empadronamiento de ilegales (que es que manda güebos que sea obligatorio regalar todo tipo de servicios sociales a unas gentes que tienen prohibido pagar impuestos, que no pueden cotizar porque no pueden trabajar sin permiso de residencia y trabajo, que es que somos mucho más tontos que los segundos más tontos de Europa). Bueno, pues el acuerdo se ha adoptado con votos de CiU, ERC y, sorprendámonos, el PSC (lo de ERC también sorprende, pero menos, que ellos, a la par que progres, si son xenófobos antiespañoles). Si ese mismo acuerdo lo hubiera adoptado un Ayuntamiento gobernada por el Pepé, ¿qué habría pasado?. Pues que estaríamos viendo las manifestaciones encabezadas por Bardem y su preciosa madre, que apedrearían la sede de Génova, intentarían quemar los locales del partido en Lalín, en Carmona
y en Lérida, la Gran Leire no pararía de hablar de fascismos, xenofobia, Lepen y Franco, tendríamos nuevas Leyes defendidas por la de la Vega haciendo ese mohín precioso con el labio superior después del Consejo de Ministros, se presentarían querellas criminales que le caerían milagrosamente en suerte a Garzón, que las declararía secretas ipso facto, y habrían expulsado a un par de catedráticos de la Universidad, como poco. Pero como han sido socialistas los de la idea, pues nada. Impunidad.No hay mas que verlo. Los apóstoles, o incluso los simples fieles iniciados en los arcanos de la sostenibilidad, ese panteísmo totalitario que pretende destruir la cultura más eficaz, más creativa y que más ha mejorado la calidad de vida de la humanidad y que querría presidir el Rapsoda de Copenhage, el Adelantado del Viento, el Apóstol de la Tierra, se creen con derecho a intervenir en las decisiones políticas (mirad la carta que transcribí hace unos días) ¿porque son muchos? No, que son cuatro gatos. Porque son “mejores”, porque sus miras son más altas que las de los demás, infieles o gentiles, desinformados o negacionistas, que esos son los peores, los herejes a abrasar en las hogueras de los Santos Oficios Modernos que, llamándoles Comisión de la Propiedad Intelectual, Comités de la verdad revelada, o Organismo Autorregulatorio de la Ética informativa, están creando por todo el mundo. Ya se puede encarcelar a quienes niegan el Holocausto o a quienes hacen apología de la xenofobia, pronto se podrá hacer lo mismo con quienes nieguen el calentamiento global, o como debe llamarse ahora, con quienes nieguen el cambio climático.
Hay que fijarse el episodio del tal Juancho López de Uralde, el preboste de Greenpeace España, ese progre de pedrigrí que se coló en la cena de los mandatarios de la Cumbre del Clima, escandalizado de que lo trincaran por falsificar salvoconductos para entrar a una cena con la Reina de Dinamarca, asqueado de tener que compartir alojamiento con presos “comunes”, asombrado de quedar pretendidamente “incomunicado” porque no le dejaban tener ordenador con internet ni teléfono, ¡a él!, ¡a un príncipe de la sostenibilidad!. Como si su delito fuera mear colonia. ¡Que no, chico, que no!, ¡que aunque sólo fuera para sacar una pancarta, la falsificación es delito! ¿No dices que son acciones contra el sistema? Pues el sistema tendrá que actuar contra ti si no respetas su orden, es lo que tiene el activismo, que te llevas palos, ¿entiendes Juancho?. Pero nada, él exige impunidad, que su afán era sagrado, y los diplomáticos españoles intentan maniobrar para conseguirla. Ojalá fracasen, que me parece estupendo que se intente llamar la atención como se quiera, pero si rompes algo, lo pagas. Incomunicación de verdad, en una cárcel de verdad, se le podía dar al listillo.
Pues algo parecido ha pasado con el director de la SER, Daniel Anido, y su director de Informativos, Rodolfo Irago, que han sido condenados a un año y nueve meses de cárcel por publicar el nombre, los dos apellidos y el DNI de setenta y tantos militantes del Pepé de Villaviciosa de Odón, con el resultado, querido o no, de que no pudieron llevar con discrección su afiliación política porque esos pollos se saltaron su obligación de mantener secreto sobre religión, sexo o ideología de unos ciudadanos al carecer de su permiso. Al día siguiente saltó El Mundo con un editorial defendiendo la libertad de información (y la impunidad de los progres) y rechazando la condena, inmediatamente, todas las asociaciones de periodistas se sumaron al rechazo, Javier Pradera, editorialista habitual de El País, escribió en sólo quince días un artículo sin incorrecciones gramaticales rechazando furiosamente la condena. Tan convincente ha sido en su argumentación, que el Fiscal ha apelado contra la sentencia, pero no como en el caso de la absolución de los periodistas que contaron el mecanismo de empadronamiento de la monísima Marivice en el chamizo de Valencia, que el Fiscal acusa y quiere enchironar, sino pidiendo la absolución en aras de la libertad de información.El caso es que eso de la Libertad de información es absolutamente imprescindible, y cualquier condena a un periodista me parece letal. Pero cuando me acuerdo de la Abogacía del Estado y la Fiscalía querellándose contra los de La Gaceta por hablar del padrón de Maritere de la Vega, cuando recuerdo el silencio de Prisa sobre las condenas al descerebrado de Federico, cuando pienso en el linchamiento público de aquellos dos militantes peperos que decía la pasma personal psocialista que habían “agredido” a Bono, cuando pienso en las pasadas que se han montado defendiendo la retirada de las licencias a la Cope en Cataluña o las órdenes de Chaves para recurrir la absolución y seguir pidiendo cárcel contra el director de El Mundo en Andalucía por informar (verazmente, según los jueces) sobre espionaje de la Junta a un particular. Cuando me doy cuenta del escasísimo respeto que estos mismos pajarracos tienen de la libertad, cuando me hago consciente de su pretendida impunidad, sólo se me ocurre una cosa sobre su condena: Que se jodan.

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