¡Anda que no tengo años! Pues toda mi vida he visto cuajar la nieve en Madrid todos los inviernos. O, bueno, en casi todos. Y algunos inviernos, por lo menos cinco, la nieve ha cuajado dos veces. Eso si, hasta este año nunca había visto nieve por las calles de Madrid tres veces. Y eso que el invierno sólo ha empezado, que lo fuerte, fuerte, no viene hasta dentro de tres semanas o un mes. No se puede negar una fantástica visión de la jugada a los propagandistas calentólogos, que si primero supieron cómo alarmarnos a todos con el supuesto “Calentamiento Global”, cuando vieron los datos reales, sin retocar, y se dieron cuenta de lo que venía, tuvieron los reflejos y la habilidad suficiente para conseguir que todos aceptáramos “Cambio Climático” como nombre común para ese animismo panteísta totalitario que nos está imponiendo la vanguardia progresí.O sea, que aunque la tentación sea fuerte, no podemos caer en el error de pensar que lo que les pasa a los progres es que son tontos. Y es que demuestran de vez en cuando que algunos individuos de esa horda, al menos algunos de la casta superior, que no sé por qué, me suena que no son los que dan la cara, son bastante listos. Quicir, que aunque los que todos tenemos por jefes de esa banda pueden parecer tontos en varios idiomas (y en muchos casos lo sean), no tienen que ser especialmente listos ni malos, sino que sólo deben ser buenos ejecutores de las políticas que diseñan sin entrar en detalles los auténticos mandamases del mundo progresí, que sí que son listos.
Bueno, pues he conseguido que esto suene a teoría de la conspiración en la que hay algunos brillantísimos malvados que pretenden modelar nuestras mentes para dominar el mundo como los científicos locos que hacen de malos en los cómics. Y no era esa mi intención. En realidad sólo quería hacer notar que, probablemente, como en todas partes, entre la progresía más solidaria hay tontos, listos y malos. También puede haber buenos. O mejor dicho, seguro que los hay, pero creo que esos sólo existen si tambien son tontos. Bueno, tontos o simples desinformados poco amigos de rebuscar en los mensajes para separar el trigo de la paja, que es una forma de ser tonto en algunos campos del pensamiento al mismo tiempo que brillante en muchos otros. Por ejemplo, son los que se sienten mal y se apuntan al reparto universal de bienes cuando leen que en España (o en cualquier país occidental) hay un veinte por ciento de pobres, sin caer en la cuenta de que la pobreza se mira desde un punto de vista estadístico, y que lo único que señala es que un veinte por ciento de los individuos ingresan menos de la mitad de la media del país (por ejemplo, en España la renta per cápita es de diecisiete mil dólares anuales por persona –por la crisis, que hace dos años estábamos sobre los veintiun mil-, es decir, que toda persona que tenga menos de ocho mil quinientos al año es estadísticamente pobre, con lo que un mileurista con pareja que no trabaje, es un pobre de los que se habla en los titulares de El País). Vamos, que un pobre paraguayo tiene poquito que ver con un pobre estadounidense que probablemente tenga coche, aire acondicionado y televisión por cable (lo tienen el ochenta por ciento de los pobres norteamericanos). Esta gente lista y buena pero aparentemente tonta, también cae en el topicazo de que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobre, vamos que si en los últimos años de Franco intentábamos llegar a los dos mil dólares de peibé por cabeza y pobres, por tanto, eran los que ingresaban menos de mil dólares al año, ahora los pobres son más pobres aunque ingresen ocho mil quinientos.
Pues eso, que aunque entre los progres abunden son los tontos buenos, probablemente la mayoría de ellos sean tontos malos o listos malos. Y estos últimos diseñan las estrategias que luego nos presentan o nos imponen los tontos, sean buenos o malos. Los tontos malos suelen ser los que mandan, que para llegar arriba hay que ser capaz de apuñalar por la espalda a tu amigo de la infancia o de vender a tu madre a un camellero mauritano, y en su cúpula coinciden con los listos malos que quieren dar la cara, que no son todos. Alguno de ellos conoce su condición (el Gran Pepiño, que ya había dicho que él era ministro no por brillante, sino porque Zeta lo había querido así, criticaba que algunos periodistas le calificaran como posible heredero diciendo que era consciente de sus limitaciones) y otros patinan del todo, que no hay mas que oir las vacuidades del Rapsoda de Copenhage.
Un ejemplo de listos malos son los ideólogos y científicos de la Calentología que consiguieron cambiar “Calentamiento Global” por “Cambio Climático”, que hasta que no los han denunciado no han rectificado. En mil cosas. La última, su anuncio de que los glaciares del Himalaya desaparecerían en 2035 como consecuencia del calentamiento que causa el CO2 que fabricamos los hombres. Mentira. A pesar de que estaba incluido en el cuarto informe del IPCC (conocido entre la progresía como AR4). Mentira a pesar de que gracias a esa afirmación se consiguió que recibieran millones de dólares en subvenciones. Mentira a pesar de que Greenpeace en Copenhague mantuviera firmemente que el AR4 es categórico y despeja cualquier duda sobre la teoría del cambio climático: “A quienes no les interesa el cambio de modelo energético deberían dedicarse a demostrar sus teorías y no basarse en el robo de unos correos, lo que implica un acto delictivo. Si no existe el cambio climático que lo demuestren científicamente”, afirmó un portavoz, muestra evidente de la existencia de tontos malos entre sus notables (tonto porque no se entera y malo porque quiere imponer la “prueba diabólica” en contra del principio de que debe probar quien afirma, no quien niega).
Y es que lo que dice el AR4, entre otras cosas sobre los glaciares, es falso según denunció un indio que ha pasado más de media vida estudiando los glaciares. Por supuesto, el tal Rajendra Pachauri, presidente del IPCC se ha indignado, porque, en definitiva, el el último informe del IPCC, del año 2007, en el que se indica que es muy probable que los glaciares del Himalaya desaparezcan en el año 2035 si la temperatura sigue creciendo al ritmo actual (PDF, página 493). Pero OjO, ahora resulta que eso del 2035 es un error, si es que no es intencionado. La predicción aparecen en la página 493: "su área total probablemente se reducirá de 500.000 a 100.000 kilómetros cuadrados para el año 2035". Esta afirmación la hace el informe del IPCC basándose en un trabajo de la WWF, los del panda en el escudo (PDF pag 38). Pero, desgraciadamente, el estudio no es tampoco suyo, sino que se remite a la reseña de la presentación que hizo la revista New Scientist de un trabajo de la Comisión Internacional de Nieve y Hielo (ISCI) en 1999, pero que no citaba ningún año concreto, aunque cualquiera diría que el redactor de la revista que mencionó como clave el año 2035 para la desaparición de los hielos simplemente se había equivocado al anotar, a mano, lo que decía el presentador del trabajo, que debió mencionar los resultados de un trabajo de 1996 en el que si se señalaba un año para el deshielo: el 2350 (PDF pag 66). Finalmente han reconocido la falsedad.
Hay otros que que están encantados de que Zetapero quiera anular los títulos nobiliarios concedidos por Franco, que no sé por qué les molesta que un descendiente de Mola o Queipo de Llano pueda llamarse “Marqués” ni si pretenden encarcelarlos por ponerlo en sus tarjetas, o como los que se sienten ofendidos y quieren eliminar la posibilidad de que un individuo, por nacer de unos padres determinados, pueda llegar a ser Rey. ¿Qué más les da si teniendo un Rey vendemos mejor nuestros productos y todos somos un poquito más ricos?. Basta con que se dedique a ser alto guapo y rubio, supersimpático y superpijo, que no meta las manos en el cajón ni en el gobierno, que todos los mandamases y empresarios del mundo estén deseando ser sus amiguitos y que tenga el móvil lleno con teléfonos personales de presidentes de naciones o de compañías. Sólo con eso, el servicio que le presta a España es inconmensurablemente mayor del que le podría dar cualquier Presidente de cualquier República (y con seguridad, nos saldría más barato). Es que hay cosas, como esta de querer quitar al Rey, que sólo sirven para dañar y, si acaso, para poder darse el dudoso gustazo de pensar “si yo no puedo [llegar a ser rey], que no pueda nadie”. Es como si un genio de esos de lámpara te concede un deseo con la advertencia de que dará el doble a tu enemigo: muchos españoles (la mayoría, según las elecciones) dirían “sácame un ojo”.Hay, desde luego, listos malos. A espuertas. Y algunos son realmente repugnantes. Cuando en El País vieron que había fosas comunes llenas de gente asesinada durante la Guerra Civil que sólo pudieron ser obra de los republicanos, esos a quienes los progres califican como luchadores por la democracia (en La Mancha, que fué republicana hasta el día siguiente del parte de los “objetivos militares”), sus comentarios han sido del tipo de “eran curas y gente adinerada” o “son los ricos de los pueblos, lo que se nota por la abundancia de dientes de oro”. Los muy miserables no llegan a justificar esos asesinatos, pero dan argumentos para que su público sí lo haga, o para que como mínimo no se arrepienta de ello, para que su conciencia neohistórica resulte incólume aún después de un breve contacto con la verdad. Voy a contar lo que a mí me contó un viejecillo manchego: unos milicianos sindicalistas soprprendieron al notario de uno de esos pueblos cuando huía con su mujer, embarazada de ocho meses. Ataron al notario a un árbol y varios violaron a su mujer, que no paraba de gritar por su hijo. “¡Mi hijo, mi hijo!” se burló un miliciano “¡toma a tu hijo!”, y sacó una navaja, le abrió el vientre y sacó al niño. “Ahí lo tienes”. Luego mataron al notario. Era uno de los ricos del pueblo, como los de la mina de Seseña que identificaba El País. No sé por qué, en aquél momento sospeché que el viejecillo, claramente ciclotimico y aparentemente zumbado, era uno de esos milicianos y le pesaba la conciencia. Desde luego, nadie había buscado venganza en él durante el franquismo.
Parece que queda clara la existencia de listos malos y tontos malos en la grey progresí. Pero ¿tontos buenos?. Yo estoy seguro de que los hay, y de que son mayoría entre los progres. Ayer, mi locutora favorita, la de las tardes, hablaba con una oyente que se quejaba sobre el gallego en la escuela, sobre la imposibilidad de estudiar todo el tiempo en castellano. La locutora preguntó ¿entonces, la multitudinaria manifestación del otro día en la que muchísimos pedían lo contrario, poder estudiar sólo en gallego? ¿quiere usted que no se les tenga en cuenta?. No es eso, contestó la oyente, lo que esos querían era que sólo se pudiera estudiar en gallego, no que se pudiera estudiar sólo en gallego, que se podría hacer si se pudiera estudiar sólo en castellano; ellos imponen el gallego a todo el mundo, yo no quiero imponer, yo sólo quiero poder elegir. Pero ¿no cree, insistía la locutora, que lo que debe hacer un buen gobernante es gobernar para todos, para los que piensas como usted y para los que se manifestaron?. La réplica fué sólida: “¿y no cree usted que estamos en un país democrático?” “Si”, dijo la locutora, “tanto criticar a Franco porque no dejaba elegir” seguía la oyente, ”y ahora queremos repetir el mismo esquema”. "Bueno, lo dejamos ahí porque no hay tiempo de más", tuvo que cortar la locutora. Tengo claro que la pobre lo que no entiende es la diferencia entre obligar y elegir, entre libertad y totalitarismo. Son los progres buenos y tontos. Eso sí, lo que no creo es que haya progres listos, bien informados y buenos.

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