miércoles, 6 de enero de 2010

Saliendo del euro (y iii)

El caso es que el cacao de una salida del euro con devaluación no tiene solución buena se mire por donde se mire, se permita o no que los deudores españoles paguen en pesetos devaluados o se mantengan las deudas en euros: si lo permites, la banca no tendría suficiente para comprar euros con los que pagar sus deudas y quebraría; pero si no lo permites lo que quebraría de inmediato sería la economía de las familias deudoras, obligadas a cobrar en pesetos devaluados y a pagar el todoterreno, las tetas de la churri, las vacaciones en Thailandia del verano pasado y el piso en unos euros de los de antes de la crisis. Y así las cosas, a la banca acreedora no le quedaría más remedio que provisionar la inmensa mayoría de los créditos. O sea, también la quiebra. Tampoco es difícil pensar que las cosas no serían muy fáciles para pagar la deuda pública: si se devaluara el peseto a la mitad, como la deuda habría que pagarla en euros y eso se hace con los impuestos, haría falta subir los impuestos para pagar una deuda que súbitamente se habría multiplicado por dos. Y la industria española a hacer puñetas. Y el trabajo. Y el estado del bienestar, que las medicinas habría que pagarlas con el doble de esfuerzo, como los alimentos, los coches, el petróleo... Bonito panorama.

Pero bueno. A veces, Dios aprieta pero no ahoga y afortunadamente no hemos sido los únicos europeos que nos hemos metido en la madre de todas las crisis y no hemos sabido, o no hemos podido gestionar medidas suficientes para ir hacia arriba como han hecho los gobiernos serios, los pueblos que saben que hay que votar propuestas y personas eficaces, y no ideologías, filias ni fobias. O sea, Francia, con un Sarkozy que se sale y que ha recolocado a su país entre los de mayor influencia del mundo, Alemania, que se ha puesto a trabajar en serio, como sólo saben hacerlo los alemanes, Reino Unido, que ha ido gestionando una devaluación de facto para equiparar la libra al euro. No, nosotros somos de otra pasta. De una pasta como para creernos que no había crisis, que teníamos el sistema financiero más sólido del mundo o que con Zapatero esta iba a ser la legislatura del pleno empleo. Y cosas parecidas les ha pasado a los irlandeses, demasiado metidos en una hiperliberalización financiera y en una burbuja inmobiliaria casi tan inmensa como la española, Portugal, empeñado a reelegir a unos socialistas casi tan sobrados como los nuestros, Grecia, que otro tanto de lo mismo, Italia, perdida en su propio laberinto. Con las cosas de ese color (negro hormiga), si empiezan a caer las fichas mas debilitadas, caen el resto de las enfermas. Y de inmediato nos llevamos por delante a los que han hecho las cosas bien, que los franceses, alemanes y británicos, por ejemplo, nos tienen comprados, sólo a nosotros, unos trescientos mil millones de eurillos en créditos titulizados (el treinta por ciento de nuestro peibé) que no cobrarían ni de coña, y su banca, como la nuestra, a hacer gárgaras.

Pero muy probablemente tendrán clara una cosa: con nosotros no pueden seguir en el mismo barco. Tenemos una deuda pública que crece a una velocidad pasmosa, un déficit público como sólo lo habíamos tenido en estado de guerra, a lo que fácilmente se llega fomentando el separatismo, nuestras hordas de parados empezarán enseguida a crear problemas sociales gracias a una estúpida política de papeles (y nacionalizaciones) para todos, y las medidas ideológicas son las únicas que el insensato de la Moncloa está dispuesto a tomar, con lo que si consiguen reanimar el consumo, que no lo conseguirán, sólo servirán para crear una inflación insoportable. A todo esto, el pacto de estabilidad no tolera el déficit público por encima del tres por ciento, todas, o casi todas las medidas anticrisis que se están tomando se califican reiteradamente como ayudas de estado, de forma que parece que ni siquiera el FROB, el fondo ese de rescate bancario va a pasar la criba. Y para colmo, el Banco Central Europeo está obligado a empezar a subir los tipos de interés y a drenar la liquidez que ha estado inyectando los últimos dos años y medio, porque si no lo hace así, se le puede ir de las manos la inflación, su único objetivo. Pero si los sube, España y otros países, y los españoles y otros nacionales de otros estados en crisis, no podrán pagar sus deudas, con lo que el desastre puede ser colosal.

¿Qué hacer? Pues si la posibilidad de que los países peor gobernados se salgan del euro por las buenas o por las malas es algo que pone los pelos de punta a los que lo están haciendo bien, que es que, coño, nos los podemos llevar también por delante, y dada nuestra situación el hecho de que sigamos juntos supone que o bien los buenos se meten en una espiral inflacionaria antes de crecer o nos arrasan las economías a los torpes (y también nos los llevamos por delante), me temo que sólo queda una salida: ¡que se vayan ellos!

No te rías, coño, que lo digo en serio. Aunque quizá sea necesario que también intervengan nuestra economía, que no creo que se atrevieran a dejarla en manos de un individuo que después de negar la existencia de una crisis durante más de un año y mientras tiene a su propio país en caída libre, se atreve a decir que su reto para la presidencia de la Unión es sacar a Europa de esa crisis que negaba, que todavía se oyen las carcajadas, de ese fatuo personaje al que el primer día le piratean la web y le colocan a Mr. Bean para pública humillación (doce millones de euracos cuesta la seguridad de la paginita), que no se corta al decir que sus soluciones serán ideológicas y que convoca como sabios para combatir el desempleo en Europa nada menos que a González y a Solbes, los siniestros prebostes que más parados han creado en Europa en la historia moderna. A ver si nos enteramos, que este pollo es el del viento y la tierra, el rapsoda de Copenhage. En la viñeta de Ricardo del dia cuatro (imposible de encontrar en la hemeroteca de El Mundo) se veía a los Reyes Magos leyendo una carta que decía "Este año sólo deseo Paz y Alegría para toda la humanidad y que el viento traiga armonía a todas las civilizaciones" y Melchor le decía a los otros dos: "No está firmada, pero esta carta sólo puede ser de una concursante de Miss Mundo o de Zapatero". ¿Cómo va a querer nadie venir con nosotros con semejante sherpa?.

En cualquier caso, la mejor forma de ayudarnos, que quizá también sea la única, sea esa, que abandonen el euro, la de organizar, ahora sí, la Europa de dos velocidades que debió haber sido desde el principio, sin el despiporre ese de veintisiete países con cinco sistemas jurídicos diferentes en la base, de manera que sólo se puedan unir a la primera velocidad países serios, con gobernantes serios y sentido de estado en sus oposiciones (vamos, que no cuestionen los aspectos esenciales de sus naciones ni pretendan modificar su sociedad cuando lleguen al poder, sino fortalecerla): Francia, Alemania, el Benelux y quizá un nórdico o los dos, y con el Reino Unido que ahora sí jugaría, están en condiciones de crear una nueva moneda europea (ECU se podría llamar, como cuando sólo era una forma de hablar). Con esa maniobra, los estados torpes, con España a la cabeza (en su calidad de más torpe de todos, no en plan líder), podrían devaluar su euro, podrían mantenerse en una unidad económica que es enormemente muy beneficiosa, podrían ser económicamente gobernados por gente seria desde un banco central europeo que tuviera claro que sus fines no tendrían que ser sólo los de controlar la inflación, sino también la estabilidad presupuestaria y el crecimiento armónico, y, finalmente, no habría ni que subirles intereses ni obligar a nadie a pagar deudas en euros con monedas devaluadas, con lo que las economías de los torpes podrían sobrevivir, y los insensatos de piso hipercaro en el quintocoño, tetas nuevas, viaje a Cancún y bemeuve “todoconlahipoteca”, podrían pagar mal que bien sus deudas.

Si, está claro que esa maniobra les ocasionaría un perjuicio, que salir del eurosistema dejándonos a nosotros en él les obliga a comerse una parte importante de nuestro fallido, pero no todo, que una buena porción del marrón será de los países inversores, o sea, de los de la pasta del petróleo, China y USA, y además no fallaría la totalidad, sino que se limitaría a una parte solo, a la parte depreciada, porque las deudas las podríamos pagar en una moneda, el euro, que se acomodaría a nuestra riqueza real. Aunque seguro que se encargarían de que la devaluación fuera la menor posible, de que el esfuerzo fuera, desde luego, enorme, los países que quedaran en el euro no caerían en una suspensión de pagos a la argentina, podríamos ser económicamente dirigidos con seriedad para, al fin, en unas decenas de años, entrar de verdad en una unión europea con miembros adultos, sin que nadie tenga que arrastrar la pesada carga de la matraca ideológica y la insensatez económica que originan los estados adolescentes permanentemente dotados de unos gobiernos demagogos armados de una incompetencia letal.

Piensa en ello, verás como por una vez tengo razón, que es lo mejor que nos puede pasar.

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