Y también hay ocasiones en las que los delirios mas deslavazados van y se transforman en algo que parece brillante deducción porque un azar cósmico lo lleva a la realidad, que no hay idea humana, por descabellada que parezca, que no pueda llegar a suponer el inicio de un cuento lleno de ruido y furia contado por un loco, que habría dicho el Bardo de Avon. Pues el ruido y la furia que han generado unas políticas sólidamente asentadas en la demagogia mas chusca, más pobre de ideas y peor intencionada que nunca hubo en este país, hicieron aparecer unos datos que, recogidos por un Loco, primero le llevaron a establecer una hipótesis incoherente de futuro, pero luego, una nueva sesión de más ruido furioso, le llevó a confirmarla. Una declaración aquí, un desmentido allá, una rueda de prensa acullá, un dato macroeconómico, una intuición... y te has ganado la entrada al estreno de “El País que pudo ser” o “Retorno al la marginalidad”, que de las dos formas se puede llamar la peli que vamos a estrenar en los próximos meses.
El Loco que iba a contarlo había visto que al mismo tiempo que se desmantelaba la regulación de las instituciones financieras reduciendo los controles, que se aligeraban los requisitos contables por la vía de ir ampliando el margen otorgado a la creatividad de unos especialistas en disimular beneficios para optimizar la fiscalidad, en financiar valoraciones que disimularan las pérdidas y en retorcer las derivaciones y referencias de la producción de la economía real obteniendo basura financiera que multiplicara su valor sobre el papel, había una espiral de crecimiento crediticio iba alimentando los precios de las viviendas de una forma que no podría soportarse, que ese crecimiento del volumen de crédito obligaba a que la banca fuera desprendiéndose de esos créditos (vendiéndoselos a terceros, a terceros de países ricos, claro) para conceder otros nuevos y mayores, que cuando todo el tinglado se vino abajo, los remedios que se aplicaron en Estepaís fueron buenistas despilfarros de recursos, porque un mentecato había decidido que “la salida de la crisis será social o no será”, con lo que se conformaba con no salir, que en unas circunstancias de sobrevaloración de todo, los sabios sin excepción habían dictaminado que era necesaria una devaluación elefantiásica de la moneda local, pero que como eso era imposible porque no dependía de nosotros, deberíamos soportar una deflación y una reducción de salarios colosal, o sea, un proceso de empobrecimiento brutal.
Pero el Cuentacuentos Loco se daba cuenta de que una salida del euro hacia una nueva moneda nacional susceptible de ser devaluada por los desequilibrios internos y externos españoles (y griegos, italianos, irlandeses, portugueses, belgas...), podría provocar el derrumbe sistémico de las finanzas de los países que sí habían afrontado con éxito la crisis, que la obligación de cobrar en pesetos nuevos y devaluados y pagar en euros provocaría el default, la bancarrota del país y de las familias, que obligaría a las entidades acreedoras (francesas, alemanas, británicas, holandesas) a dotar el cien por cien de la deuda y, seguidamente, a cerrar, provocando el mayor caos financiero que habría visto la Historia, con lo que el Loco estaba convencido de que esa solución era inviable.
Y al Loco, en su locura, se le ocurrió que la única solución radicaba en que los países buenos abandonaran una moneda maldita, lastrada por pequeños países gobernados por pequeños políticos, gigantes demagogos, intelectual y moralmente limitados, manirrotos y torpes. Y el Loco llegó a escribir que esos países saldrían del euro y fundarían una nueva moneda, para que así, el viejo y maldito euro pudiera devaluarse de acuerdo con las necesidades de esos miserables países, y así los ricos sólo tendrían que dotar las pérdidas por diferencia de cambio.
Así que el Loco se dio cuenta de que esa polémica aparentemente insulsa era la pieza que casi aseguraba que Alemania, Francia, Benelux y algún nórdicovan a abandonar el euro y se van a agrupar, con Reino Unido, en otra moneda más seria, y probablemente con una unión política mucho más fuerte. O sea, una Unión Europea a dos velocidades. Como pedían la mayoría de los sabios en el noventa y seis cuando el incumplimiento casi generalizado de las condiciones de Maastrich por los países que ahora se quedarán en el euro. Que sí. Que se van y nos dejan en la segunda división, que no éramos de la championslig. Otra vez a intentar entrar en la Europa poderosa, a pelear para volver. Y todo se lo podemos agradecer al al Bobo Solemne. Eso si, nos quedamos en el euro, pero como no nos tomemos en serio las cosas y nos apretemos el cinturón de verdad, sólo seguiremos pensando que podemos seguir siendo solidarios con los que menos tienen hasta que las oenegés tengan que venir a España a ayudar. Gracias al Adolescente Malcriado y su Alegre Pandilla ya está claro. Porque la insistencia de ese Incompetente en sus alegaciones a favor de sancionar a los incumplidores es la prueba del nueve de que la posibilidad de tomar esa decisión está ya comunicada a los que se quedan y casi tomada. Ahora hay intentos de que rectifiquen. “Porfavor, porfavor, no os vayais, porfavor, no nos dejéis sólos, que Palabritadelniñojesús que vamos a cumplir con el pacto de estabilidad, que de verdad que sí. Que si no lo hacemos, nosotros mismos nos pondremos una multa..., porfavor, que no nos va a volver a votar nadie si nos dejáis aquí...”
Y va a ser que no...

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