viernes, 22 de enero de 2010

Va a ser que tenía razón

Hay veces que los datos se unen de repente por sí mismos, se dan sentido unos a otros según se van conociendo, las piezas que rondan el escenario encajan solitas como un rompecabezas que interrumpe su misión de entretener mientras se colocan sin intervención de nadie creando la tramoya con la que se representará la farsa en la que se está convirtiendo el momento histórico que nos ha tocado vivir. La realidad es algunas veces como un puzle cuyas piezas se elevaran solas en el aire y fueran encajándose mágicamente unas con otras, flotando por el aire y cayendo sobre la mesa en la posición y lugar que deben tener. Es como algún programa de radio, de esos de madrugada de verano, que plantean un misterio y van poco a poco dando pistas hasta que algún oyente las encaja, llama a la emisora, da la solución y gana una entrada para un estreno de cine.

Y también hay ocasiones en las que los delirios mas deslavazados van y se transforman en algo que parece brillante deducción porque un azar cósmico lo lleva a la realidad, que no hay idea humana, por descabellada que parezca, que no pueda llegar a suponer el inicio de un cuento lleno de ruido y furia contado por un loco, que habría dicho el Bardo de Avon. Pues el ruido y la furia que han generado unas políticas sólidamente asentadas en la demagogia mas chusca, más pobre de ideas y peor intencionada que nunca hubo en este país, hicieron aparecer unos datos que, recogidos por un Loco, primero le llevaron a establecer una hipótesis incoherente de futuro, pero luego, una nueva sesión de más ruido furioso, le llevó a confirmarla. Una declaración aquí, un desmentido allá, una rueda de prensa acullá, un dato macroeconómico, una intuición... y te has ganado la entrada al estreno de “El País que pudo ser” o “Retorno al la marginalidad”, que de las dos formas se puede llamar la peli que vamos a estrenar en los próximos meses.

El Loco que iba a contarlo había visto que al mismo tiempo que se desmantelaba la regulación de las instituciones financieras reduciendo los controles, que se aligeraban los requisitos contables por la vía de ir ampliando el margen otorgado a la creatividad de unos especialistas en disimular beneficios para optimizar la fiscalidad, en financiar valoraciones que disimularan las pérdidas y en retorcer las derivaciones y referencias de la producción de la economía real obteniendo basura financiera que multiplicara su valor sobre el papel, había una espiral de crecimiento crediticio iba alimentando los precios de las viviendas de una forma que no podría soportarse, que ese crecimiento del volumen de crédito obligaba a que la banca fuera desprendiéndose de esos créditos (vendiéndoselos a terceros, a terceros de países ricos, claro) para conceder otros nuevos y mayores, que cuando todo el tinglado se vino abajo, los remedios que se aplicaron en Estepaís fueron buenistas despilfarros de recursos, porque un mentecato había decidido que “la salida de la crisis será social o no será”, con lo que se conformaba con no salir, que en unas circunstancias de sobrevaloración de todo, los sabios sin excepción habían dictaminado que era necesaria una devaluación elefantiásica de la moneda local, pero que como eso era imposible porque no dependía de nosotros, deberíamos soportar una deflación y una reducción de salarios colosal, o sea, un proceso de empobrecimiento brutal.

El Loco, como parte del ruido furioso, había leído que el crecimiento incipiente en los países que mejor habían afrontado las vacas flacas iba a provocar un aumento en los tipos de interés que iba a pillar a España emitiendo deuda pública en proporciones nunca vistas, con la banca prestando dinero sólo al estado (no a la economía productiva) y con los balances bancarios artificialmente hinchados por valoraciones fantasiosas de los activos inmobiliarios, con los españoles debiendo sus hipotecas a fondos de titulización financiados por aquellos países listos y ricos. Y había leído que había una posibilidad de que se produjera una expulsión del euro de los países que por Fas o por Nefas, no habían podido aguantar el tirón de la crisis.

Pero el Cuentacuentos Loco se daba cuenta de que una salida del euro hacia una nueva moneda nacional susceptible de ser devaluada por los desequilibrios internos y externos españoles (y griegos, italianos, irlandeses, portugueses, belgas...), podría provocar el derrumbe sistémico de las finanzas de los países que sí habían afrontado con éxito la crisis, que la obligación de cobrar en pesetos nuevos y devaluados y pagar en euros provocaría el default, la bancarrota del país y de las familias, que obligaría a las entidades acreedoras (francesas, alemanas, británicas, holandesas) a dotar el cien por cien de la deuda y, seguidamente, a cerrar, provocando el mayor caos financiero que habría visto la Historia, con lo que el Loco estaba convencido de que esa solución era inviable.

Y al Loco, en su locura, se le ocurrió que la única solución radicaba en que los países buenos abandonaran una moneda maldita, lastrada por pequeños países gobernados por pequeños políticos, gigantes demagogos, intelectual y moralmente limitados, manirrotos y torpes. Y el Loco llegó a escribir que esos países saldrían del euro y fundarían una nueva moneda, para que así, el viejo y maldito euro pudiera devaluarse de acuerdo con las necesidades de esos miserables países, y así los ricos sólo tendrían que dotar las pérdidas por diferencia de cambio.

Pues oiga, mirusté, que va a ser verdad. Fíjate que el Loco empezó a pensar que su chaladura no estaba desencaminada cuando se enteró que Trichet había encargado un estudio sobre la viabilidad de la expulsión de un país del euro y, con letra más pequeña, la de la salida voluntaria. Y cuando leyó que el economista jefe del Deutsche Bank dice que esos países que tienen capacidad para sortear la crisis y una cultura suficiente para no promover mandatarios insensatos deben salirse del euro, porque a los países incumplidores no se les puede obligar a cumplir, se acordó de la pintoresca polémica que hacía que todo cuadrara, la de las sanciones a los incumplidores. A ver. Si la razón que da el economista jefe del Deutsche Bank es que a los incumplidores no se les puede forzar a cumplir, es lógico que el Incompetente e Insensato Presidente de Turno de la Unión, ese a quien los españoles hemos puesto ahí con nuestros votos, diga que sí se puede obligar. ¿Cómo? Pues muy fácil: sancionando, que este imbécil piensa que se pueden imponer las cosas por la fuerza.

Así que el Loco se dio cuenta de que esa polémica aparentemente insulsa era la pieza que casi aseguraba que Alemania, Francia, Benelux y algún nórdicovan a abandonar el euro y se van a agrupar, con Reino Unido, en otra moneda más seria, y probablemente con una unión política mucho más fuerte. O sea, una Unión Europea a dos velocidades. Como pedían la mayoría de los sabios en el noventa y seis cuando el incumplimiento casi generalizado de las condiciones de Maastrich por los países que ahora se quedarán en el euro. Que sí. Que se van y nos dejan en la segunda división, que no éramos de la championslig. Otra vez a intentar entrar en la Europa poderosa, a pelear para volver. Y todo se lo podemos agradecer al al Bobo Solemne. Eso si, nos quedamos en el euro, pero como no nos tomemos en serio las cosas y nos apretemos el cinturón de verdad, sólo seguiremos pensando que podemos seguir siendo solidarios con los que menos tienen hasta que las oenegés tengan que venir a España a ayudar. Gracias al Adolescente Malcriado y su Alegre Pandilla ya está claro. Porque la insistencia de ese Incompetente en sus alegaciones a favor de sancionar a los incumplidores es la prueba del nueve de que la posibilidad de tomar esa decisión está ya comunicada a los que se quedan y casi tomada. Ahora hay intentos de que rectifiquen. “Porfavor, porfavor, no os vayais, porfavor, no nos dejéis sólos, que Palabritadelniñojesús que vamos a cumplir con el pacto de estabilidad, que de verdad que sí. Que si no lo hacemos, nosotros mismos nos pondremos una multa..., porfavor, que no nos va a volver a votar nadie si nos dejáis aquí...”

Y va a ser que no...

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