Es que es un cachondo. Ya no es el talante que tiene, es que tiene mucha gracia. Parece que no porque siempre está muy metido en los temas de Estado, pero es un cachondo. Lo dicen todos los que le conocen bien, que cuando está entre amigos es un no parar. Un chiste, otro, otro y otro más. Y luego, con las gansadas que hace, que no puede estarse quieto. Vamos es que te partes de gracioso que es, aunque no lo sepa casi nadie.Y cuando mejor se lo pasa es en las cumbres internacionales. Fíjate, yo creo que si España está en el sitio prominente en el que está, no es tanto porque seamos el país que más dedicamos a cooperación internacional, sino porque Jose Luis es el alma de la fiesta, que con él es un no parar. Vamos, que es que entre él y Berlusconi estas cumbres del G20 son las más divertidas desde que se creó el grupo. Fíjate en las fotos de cuando salió a correr con Cameron: el inglés tan serio y Jose Luis detrás, vestido con las mallas y la camiseta grande haciendo el ganso. Y no hay fotos, pero los periodistas y los guardaespaldas se descojonaban, porque el tío no para. O cuando dijo en Copenhague aquello de que la tierra sólo era del viento. Se partían la caja. Y además lo dijo poniendo esa cara tan seria, como Eugenio cuando contaba esos chistes suyos (saben aquel que diu, diu "vi un anuncio que ponía “nativa enseña el búlgaro; fuí y ¡joder! ¡era un idioma!"). O cuando hace unos días se plantó en no sé qué sitio de Estados Unidos y dijo que la crisis de la deuda soberana era ya agua pasada. No lo recogieron las cámaras, pero los que estaban allí se descojonaban.
¿Y te acuerdas cuando anunció que iba a la última reunión del G20 (si, esa de las mallas con Cameron) a proponer las medidas necesarias para crear el empleo suficiente para salir de la crisis? Bueno... yo es que me despelotaba, era la continuación de aquella cosa tan ocurrente de que no sólo no había crisis, es que iba a ser la legislatura del pleno empleo, pero en internacional. ¡Pero que tío más cachondo! Si es que no hay mas que verlo en las fotos. En cuanto se relaja un poco, lo pillan carcajeándose. Y la última ya es que ha sido de traca. ¿Qué me dices del mitin del domingo hablando de la visita del Papa?. Me deshuevaba. Decía Jose luis que los hideputas de la derechona le criticaban que no hubiera ido a misa con Benedicto XVI. “Me llaman irresponsable” decía, “Pero ¿qué es lo que quiere Rajoy? ¿que hagamos las leyes que quiere el Papa? jajajaja”. De revolcarse por el suelo. Ahí las cámaras y los micrófonos no pudieron evitar quedarse con las risas de las bases. Las recortaron un poco, porque no pueden salir en televisión diez minutos de carcajadas, pero fué así. ¡Diez minutos riéndose! Y es que ¿cómo no vas a reirte con este hombre? Si es un cachondo, y más con la Iglesia, Es que hay que desacralizar este país como se está haciendo con el Valle de los Caídos.Y hablando de desacralizar. Jose Luis en el mitin tenía razón: no se pueden hacer las leyes que quiera la Iglesia, que ya ha mandado demasiado tiempo y tenemos derecho a hacernos nuestra propia moral, una moral nueva por completo que será el asombro del mundo, que inaugurará un nueva era. Y ya hemos empezado a hacerlo. Por eso son las leyes de igualdad, la ley integral contra la violencia de género que nos ha puesto en la vanguardia del mundo y ha conseguido esas cosas que denuncia el Juez Serrano, que los maltratadores denunciados, como se les destruye civilmente, se suiciden a mansalva (no, no son otras bromas de Zapatero, esas son cosas serias), por eso nombrar a Leire Ministra de Sanidad (eso sí que es una broma, pero casi nadie se da cuenta por lo bien preparada que está la chica), por eso es la broma de abrir el matrimonio a las parejas homosexuales obligando a que también se llame matrimonio.
Pero las referencias a la legislación papal me ha hecho darme cuenta de que la broma real del homotrimonio es menos broma de lo que parece aunque se la haya dejado al pepé para cuando gobierne. Porque ni se van a atrever a cambiarla, ni pueden dejarlo así. Si lo dejan, la han cagado porque se los comen la mitad de sus votantes, y si lo cambian, la han cagado porque se van a enterar de lo que es orgullo gay y sacar del armario a los de derechas, se van a enterar de lo que es una movilización popular y se van a enterar de lo que es crispación y propaganda. Para eso servía hablar de que el pepé quiere que las leyes las dicte el Papa, para que ya no puedan cambiar lo que han ido haciendo para desarticular la sociedad y poder controlarla a su gusto. Hasta Gallardón ha dicho que le parece bien el matrimonio gay, y el lobby rosa es demasiado potente como para que se les pueda enfadar demasiado quitándoles el juguete de los trajes blancos, el arroz y el banquete, sin pagar un alto precio. Y me temo que eso es algo que hay que modificar, porque la banalización del nombre socava la esencia de las cosas, que se deba llamar de igual forma a la pareja de un hombre y una mujer que a la de dos hombres o la de dos dos mujeres (o a un hombre y cuatro mujeres, que todo se andará con la alianza de civilizaciones, la LOGSE y las dificultades para las operaciones matemáticas: uno más cuatro, pareja) es el principio del fin de una institución: la familia de padres hijos y nietos en la que se ha basado la ayuda mutua, que incluso la resistencia a los totalitarismos en una célula de protección y colaboración a través de la transmisión de los valores éticos y morales tiene su primer espacio de fomento y supervivencia en la familia.
Ojo. Entiéndeme. En ningún caso estoy negando el derecho de cualquier persona de unirse a otra, sea del sexo que sea, y disfrutar de todos los beneficios que proporciona el contrato matrimonial (y las cargas, que también las tiene, que no se puede hacer eso de irse a por tabaco y que ni echándote un galgo te puedan pillar), que la equiparación es una medida que debía haberse tomado por lo menos veinte años antes, lo que estoy diciendo es que es trascendental evitar que el matrimonio como generador de ese nucleo esencial de la sociedad que es la familia termine desapareciendo por confusión en su nombre, que la identidad de las cosas desaparece cuando se les niega un nombre.Porque parece que lo que que ha pretendido hacer este régimen bufonesco ha sido banalizar el matrimonio transformándolo en una cosa distinta, le quieren quitar la esencia dándole su nombre a otras cosas, han hurtado la palabra que significa la institución que ha sustentado a la familia de varias generaciones como núcleo de apoyo y transmisión de valores por la vía de dárselo a cosas que no son iguales, de manera que ya no se pueda hablar de él. Pero ya no se puede cambiar otra vez para diferenciar el homotrimonio del matrimonio tradicional sólo por mantener el significado de la palabra como guarda de la esencia del concepto, sería una batalla que a la larga se perdería ante los embates propagandísticos de los émulos de Goebbels y desde luego, de ninguna manera se puede eliminar el derecho de los gays a formar una pareja reconocida por la ley. Pero es esencial devolver su significado unívoco a la palabra “matrimonio” para que siga siendo el germen de la “familia”.
El pepé sólo puede hacer una cosa, pero no sé yo si se van a atrever y ni siquiera creo que vayan a ver la solución. No sé si se han dado cuenta de que el matrimonio es un Sacramento, de que el matrimonio es un resto de legislación canónica incrustada en el Código Civil. No me digas que no sería elegante devolverle el bromazo al laicismo progre eliminando la palabra “matrimonio” del Código Civil. No digo yo eliminar la institución, sino cambiarle el nombre para todos, para los gays y para los heteros. La unión entre dos personas dejaría de llamarse matrimonio y pasaría a llamarse algo como “unión permanente”, “compromiso civil”, “contrato convivencial” o alguna soplapollez parecida, lo que fuera con tal de eliminar la palabra de las leyes seculares. Podría aprovecharse también para dejar de hablar de “boda” y llamarle “solemnidad” o “protocolización”, de “casarse” por “unirse”. Se sustituiría “casado” por “unido” y se cambiaría el “régimen económico matrimonial” por “régimen economico de los compromisos de convivencia”.
La aparente dificultad de eliminar la palabra de las leyes sin levantar en armas a la progresía no es tanta, bastaría con un par de meses de Rouco y Benedicto hablando del “Sacramento del Matrimonio”, oponiéndose a la supresión de ese Sacramento de entre las normas y, si acaso, convocando una manifestación de apoyo a la familia, y así la modificación de esa palabra contaría con el apoyo inevitable de la progresía. Con esa simpleza se obtendrían muchas ventajas, la primera y más evidente es que evitaríamos de un plumazo su pérdida de significado. La segunda, y menos evidente, es que el “sacramento” seguiría llamándose “del matrimonio” ante la Iglesia. Luego “casarse” sería contraer compromiso de convivencia, pero con cura delante, y una “boda”, lo que es la boda dicha propiamente, sólo podría darse entre un hombre y una mujer. Otra vez de vuelta. A lo mejor no sirve de nada, pero dejaría a cada uno en su sitio y cuando se dieran cuenta, se pillarían un graciosísimo rebote del carajolavela que les forzaría a nuevos ejercicios de ingeniería social para eliminar el interés que tiene la gente en “casarse”. Piensa en ello, que parece divertido.P.S. Hoy, el Metro de Madrid ha vuelto a verse colapsado y casi detenido. No una línea, sino varias han sufrido aparentes sabotajes. Quizá tenga algo que ver que ayer mismo Tomás Gómez se dedicara a poner a parir a Espe y que hoy se hayan presentado las oportunas demandas por la huelga salvaje de este verano. En cualquier caso, la espera en el andén, el viaje abarrotado y las larguísimas paradas en cada estación, me han refrescado la memoria y he vuelto a acordarme de todos los muertos de los sindicalistas y conductores que ya tenía casi olvidados. Ahí les revienten las hemorroides a esa banda. Cabrones.

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