miércoles, 24 de noviembre de 2010

La vieja táctica de Mijail Barclay de Tolly (i)

El 23 de junio de 1812, la Grand Armèe de Napoleón, casi setecientos mil soldados, cruzó el rio Niemen. Comenzó la invasión del gigantesco Imperio ruso, les esperaban dos mil kilómetros hasta Moscú. Napoleón planeaba arrasar el ejército ruso en el camino hacia Moscú y la rendición del Zar Alejandro I una vez conquistada la capital real de Rusia (la nominal era San Petersburgo). Mientras retrocedían, los rusos del mariscal Mijail Barclay de Tolly intentaron plantar cara en varias ocasiones, pero no les daba tiempo a organizarse, que una de las grandes ventajas que Napoleón le sacaba a cualquier otro siempre había sido la tremenda velocidad de desplazamiento (acuérdate de Austerlitz, cuando el III Cuerpo de ejército de Davout recorrió los ciento diez kilómetros que había desde Viena en treinta y seis horas para unirse al flanco derecho francés que había servido como cebo por su debilidad y tomó la colina Pratze saliendo de entre la niebla y aplastando las líneas austriacas).

A eso de llegar los rusos a un sitio que les parecía chachi, decir lo de que “aquí esperamos a Napoleón”, empezar a organizarse, ver que el gabacho se les echaba encima y salir de najas llevándose todo lo que podían y destruyendo lo demás, se le llamó “táctica de tierra quemada” y era una cosa que funcionaba bien porque obliga al que avanza a disponer complejas líneas de abastecimiento desde su casa, pero es molesto para los que lo practican por eso de que van destruyendo su propio país, así que a los rusos no les gustaba demasiado y, para plantar cara al invasor, cambiaron de jefe. El nuevo, Kutuzov, que se conoce que no había aprendido nada de Napoleón en Austerlitz, lo preparó todo con tiempo en la defensa de Moscú, bueno, un poco más para acá, a unos cien kilómetros, en Borodino, donde Napoleón le sobó malamente el hocico y dió matarile a unos cincuenta mil rusos, lo que le llevó a ver con cariño las ventajas de la “tierra quemada”. Vació Moscú, pegó fuego a lo que no pudo llevarse y dejó la ciudad vacía.

En septiembre en Moscú hace un fresquito estimulante, y el francés se equivocó al no caer en la cuenta, incluso antes de llegar allí, de que en muy poco tiempo el fresquito se iba a transformar en un frío de cagarse, ni en que eso de dejar pasar el invierno ruso en una ciudad sin edificios para refugiarse, casi sin comida, en unas condiciones en las que no podían abastecerse de nada y, especialmente, con cien mil soldados rusos por allí cerca y otros novecientos mil acercándose con intenciones nada dudosas, era un rollo chungo, chungo. Hasta finales de octubre no decidió darse la vuelta y volver a casa atravesando toda la tierra quemada que le habían dejado a la ida (comiéndose los caballos, que era lo único que tenían) y mientras intentaban salir de aquel infierno blanco, los rusos, mucho mejor preparados para el frío, les iban sacudiendo en una especie de guerrilla. En esas labores resultaban especialmente eficaces los cosacos de Platov, que aparecían a galope, caían como diablos contra pequeñas unidades aisladas, les rajaban el gañote y salían a la misma velocidad a buscar otra, con lo que en diciembre sólo llegaron al sitio del que habían salido cincuenta y ocho mil soldados de los setecientos mil que empezaron la aventura.

Hasta aquí el episodio que no he podido evitar recordar cuando me he dado cuenta de que últimamente, cuando ya estaba claro que primero iba a quebrar Irlanda y luego España y Portugal, los psocialistas se han vuelto a poner estupendos acusando al pepé y a Mariano de antipatriotismo. Porque estos chicos tienen inscrito en los genes y tatuado en el culo el Principio de la Transposición de los de la propaganda de Goebbels: “cargar sobre el adversario los propios errores o defectos” (este es el tercero, a ver si un día de estos me enrollo y publico los once, por si no los conoces o no los recuerdas). Te acuerdas lo que estaba pasando hace un par de años cuando se dedicaron a llamar antipatriotas a la totalidad de los economistas, peperos, analistas de mercados, periodistas de la otra cuerda, etc? ¿no? Pues que se había desatado la Madre De Todas Las Crisis, que los bancos no prestaban ni siquiera a otros bancos y que estos pollos decían que era una desaceleración acelerada que afectaba al mundo internacional, pero no a nosotros porque teníamos el sistema financiero mas sólido del mundo mundial, así que quien dijera que había que tomar medidas para atajar una crisis inexistente era un antipatriota, de alguien que estaba haciendo esfuerzos para dañar a su propio país.

Cuando, además, he visto que la Alegre Pandilla que administra nuestros ahorros y cuida de nuestra salud está haciendo el Don Tancredo delante de los cuernos de la que cae, que hasta el Timonel, que le va cogiendo el truco a eso de cagarla sonoramente desde que dijo eso de que los problemas con ETA iban a ir a menos y nos volaron la T4, el domingo sale en El País contando que no va a mover ni un pelo contra la tormenta de la deuda, el euro y el rescate de Irlanda porque con las reformas que hizo en mayo iba a ser suficiente para recuperar la confianza de esos señores que se reúnen embozados y de noche a conspirar en tétricas guaridas y que se hacen llamar “Los Mercados”, y el lunes ya han caído sobre España todas las piedras del mundo financiero, cuando el Ibex ha bajado de los diez mil, el diferencial de la deuda a dos años supera al de diez midiendo el riesgo, en dinero de contar de inversores avezados, de un posible impago español a corto plazo y ya han salido por pies de Estepaís casi cuarenta mil millones de euros de inversores extranjeros, cuando, a pesar de todo, lo único que hacen los psocialistas con voz es acusar a Mariano de antipatriota por no apoyarles en una política económica suicida que no quieren modificar, me he dado cuenta de que están convencidos de que pierden las próximas elecciones y de que están preparando un panorama de tierra quemada para volver al poder cuanto antes por la vía de dañar consciente y voluntariamente a su país en un ejercicio de antipatriotismo que se debe llamar por su nombre: traición.

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