viernes, 26 de noviembre de 2010

La vieja táctica de Mijail Barclay de Tolly (y iii)

¿Y qué fué de ese personaje que parece estar remedando nuestro admirado y querido Zeta?. Supongo que si se fijó en sus tácticas y le gustaron tanto como para imitarlas mutatis mutandi, debió mirar tambien cuáles fueron las consecuencias que tuvo que afrontar después de ser por ellas relevado por Kutuzov justo antes de Borodino, porque el hecho es que tuvo que soportar la humillación de quedar a las órdenes de su sucesor.

Es que si realmente Zapatero imita con sus actos la táctica de campaña del conde Mijail Bogdanovich Barclay de Tolly, debe esperar que su futuro sea parecido, es decir, que sea relevado por Rubalcaba, como Barclay lo fué por Kutuzov, y quedar a sus órdenes para seguir, palmo a palmo, su progresión: tras la victoria en Rusia, Barclay fué el responsable de la campaña propagandística que consiguió el cambio de lado de los soldados extranjeros del ejército de Napoleón (entre ellos, unos cinco mil españoles, de los que alrededor de dos mil se pasaron a los rusos (y sospecho que los demás murieron en la campaña), y Zapatero intentará recuperar para el psoe a los de la zeja y a los demás que se han pasado a IU. Luego, Barclay fué repuesto en el mando del ejército ruso en 1813, cargo con el que llegó a recibir personalmente la capitulación de París en 1814, y así continuó hasta que recibió el título de Príncipe. Siguiendo a quien parece su modelo a seguir, Zapatero pretenderá volver a la presidencia tras la capitulación del tenebroso Rubalcaba, para retirarse, una o dos legislaturas después como, digamos, Alcalde de Madrid, puesto de relumbrón, portadas en Zero y lujo político, para un triunfante Zapatero en el final de su vida activa.

Pero a lo mejor me estoy equivocando y al Optimista Patológico le ha dado un ataque de hombredestadismo con el grito de auxilio de los empresarios al Rey y ha decidido solucionar nuestro futuro y tomar la crisis por los cuernos adoptando las medidas imprescindibles para que los especuladores no nos pasen por encima como nos pasaron en el último gobierno de González sacándonos a gorrazos de la banda estrecha de fluctuación europea, y se va a jugar el tipo para evitar que nos retiren la soberanía económica con un rescate condicionado o nos echen del euro dejándonos a la deriva en medio de la debacle social. Veremos.

Recojo una apuesta que he oído en nosequé radio: el sábado se reúne con los treinta mayores empresarios del país (esos a los que llamó aterrado cuando se enteró que habían acudido al Rey para pedirle un golpe de timón que enderezara una situación desesperada), puede comparecer inmediatamente después para contar que ha recibido propuestas y compromisos constructivos que está estudiando. No puede decir nada aún sobre los ajustes que ha decidido hacer porque el domingo son las elecciones catalanas y el revolcón, en caso de revelar ahora las nuevas medidas, los votos espantados al catalán de Iznájar podrían dejar su partido como extraparlamentario. Pero el lunes, ¡ay el lunes!, el lunes todo el mundo querrá hablar de la costalada de los psocialistas en Cataluña, y habrá que callarlos de alguna manera, además sabe que el martes todos los periódicos, las televisiones, las radios, estarán hablando del resultado del partido Barça Madrid del día anterior, y de la injusticia del penalti a Ronaldo y a muchísima gente, creo que a la mayoría, sólo le da el coco para entender y entretenerse con una sola cosa a la vez, con lo cual, lo que cuente el lunes va a quedar más que amortiguado, casi silenciado, así que a lo mejor, por nuestro bien lo deseo, se decide a anunciar las nuevas medidas contra la quiebra y para evitar el rescate de España para, ya el miércoles o el jueves, exigir, no pedir, exigir la complicidad del pepé en el festín del marrón de la impopularidad y las algaradas (y yo creo que Mariano debería comerse el sapo, aunque sepa que el tenebroso Rubalcaba se va a encargar de desviar las algaradas hacia Génova).

Y esas medidas, aunque dependerá de si le convence alguno de los argumentos que le den el sábado los aterrorizados empresarios (y ¿cómo no? los que le sugieran Merckel, Sarkozy, Obama y Jimbao) pueden fácilmente limitarse a un pequeño incremento del IVA y el IRPF (incluyendo un macrosubidón para los más ricos, pero palmando, y mucho, las clases medias. endurecer la tímida reforma laboral haciéndola digerible por los empresarios, aumentar a sesenta y siete años la edad de jubilación y llevar el cálculo de la pensión a los últimos veinte años, anunciar restricciones al gasto de las autonomías, acometer una reducción importante de muchas de las subvenciones clientelares (para permitir que el pepé se sume a los ajustes), anunciar la privatización de muchas empresas públicas (las que puedan ser rentables, y las cajas de ahorro) y la venta de las participaciones que el estado mantiene en algunas cotizadas desde la desamortización de Rato, reducir el número de funcionarios eliminando las plazas de los que se jubilen, limitar el endeudamiento de los municipios, reducir, otra vez, las subvenciones a las renovables, y cosas así, serias y difíciles que en el mejor de los casos serán las mínimas imprescindibles para capear el temporal.

Pero para mí que se va a equivocar y los ajustes, que alguno tendrá que hacer si no quiere que lo despellejen en público sus “amigos” del otro lado del planeta y de ese “corazón de Europa” en el que nos cantaba que estaba nuestro sitio y a donde nos prometió llevarnos por la vía de renunciar a ser perceptores de las ayudas de la UE y convertirnos en contribuyentes netos (que lo seremos, pásmate, a partir de 2011, no van a pasar de las tonterías mínimas para no encabronar a los sindicatos (a los que, haga lo que haga, seguro que va a encabronar) y subidas de impuestos "a los que más tienen", para que "no se vayan de rositas", que alimente de carroña esta sociedad adolescente, podrida por el rencor y repugnantemente envidiosa del éxito ajeno, ahora, gracias a él titular de estúpidos y recientemente descubiertos derechos.

Y que no se me olvide: mi agradecimiento a Pedro J. y mi pública contricción por ser incapaz de acercarme ni siquiera un poquito a su nivel

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