martes, 24 de noviembre de 2009

Crecimiento vigoroso y el apoyo a los moriscos

Bueno, bueno. Estoy que no quepo en mí de gozo. ¡Por fin ha llegado el momento del fin de la crisis! ¡Pronto volveremos a ser ricos y a poder comprarnos Cayenes y tetas nuevas!. Pero tengo que ser sincero: cuando en abril el Optimista Patológico proclamó ante España entera que lo peor de la crisis ya había pasado, no le hice mucho caso, dije para mí “ya está este contando películas de serie B para tener un par de titulares elogiosos de Público y El País”, con los que, dicho sea de paso, siempre me preguntaré cuántos de sus profesionales se avergüenzan cuando publican titulares claramente tendenciosos.

Cuando insistió en lo mismo en junio, lo cierto es que me paré un poco. “A ver si va a ser verdad...” me dije pensando que tanta insistencia en que lo peor de la crisis había pasado podía tener fundamento en algún dato que sólo él conociera, que el Faro de la Alianza de las Civilizaciones igual es omnisciente también y no solo un cantamañanas, y ¿por qué no? podía haber tenido una revelación en medio de una pachanguita baloncestística con Pepiño y Javier de Paz, que en algún sitio se tienen que aparecer los brotes verdes, ¿por qué no junto a la canasta que tiene en Moncloa?.

A principios de septiembre quedé casi convencido de que, efectivamente, lo peor de la crisis ya había pasado, porque nos lo volvió a decir un par de veces más, y si lo decía tantas veces, algo tenía que haber, que si por un lado nadie puede ser tan estúpido como para estar mintiendo permanentemente, por otro, sus fuentes de información y su oficina personal de análisis económico, además de sus propios conocimientos de economía no podían ir tan errados en una materia ten seria.

A pesar de que miraba y miraba a mi alrededor y de todo se veía menos los brotes verdes del renacimiento económico, mi confianza en las proclamas del Preclaro Líder seguían incólumes. No puedo, sin embargo, ocultar un periodo de cierta preocupación que pasé en octubre por eso de que no se pronunció expresamente sobre ese tema que nos es tan querido, pero tal preocupación no pasaba de ser un ligero comezón a la vista de que tanto Rubalcaba como Salgado ejercieron de portavoces de El Fenómeno y nos transmitieron a todos el mensaje: lo peor de la crisis ya había pasado.

Y ahora, por fin, la mirada transparente de Zapatero, como dice Gallardon, nos dice que efectivamente, los brotes verdes surgen por doquier. Vale que Nuestro Héroe ha admitido, y eso le engrandece, que el "serio problema" de la economía española es el elevado índice de paro y que, para crear empleo de nuevo, se necesita un buen ritmo de crecimiento, pero si nos ha asegurado que España está en condiciones de emprender "un crecimiento económico vigoroso" pues su potencial es superior a la media europea, es porque la recuperación está en marcha. Eso si, ni Zapatrolas ni nadie de su entorno sabe "con qué fuerza" ni "con qué progresión" ha comenzado la recuperación, ni cuándo tendrá la economía "el vigor suficiente para crear empleo”. O sea, eso...

Está bien. Admitamos que estas cosas se dicen bajo los efluvios del guateque de instituto que montó el partido el domingo pasado, del que hasta El País ha hecho burla cruel ("Moderno o ridículo" se llama la columna de opinión), y que aunque las repita mil veces, el poder taumatúrgico de las palabras es limitado a la hora de transformarse en hechos, vamos, que se puede convencer a alguien echando mentiras, pero a los hechos no se les convence. O son, o no son, y las afirmaciones del Circunflejo parecen más un esfuerzo de imaginación que el resultado de la atenta observación del entorno. O sea, que probablemente nos esté volviendo a mentir, cagonlaputa, que este pájaro es que no para.

Pero que el crecimiento sea ficticio, una fabulación, no quita para que no debamos retomar nuestro camino de bienhechores de las civilizaciones y retomar nuestro destino, que parecemos los tontos del mundo, de ir soltando la pasta por todas partes. O al menos es lo que han empezado a proponer algunos conspicuos miembros del Psoe, que parece que les ascienden en el partido según el tamaño de la gilipollez que proponen.

Ha habido uno, un tal Pérez Tapias, diputado del Psoe por Granada (igual es que ha descubierto que algún antepasado suyo fué morisco o víctima de moriscos), que ha presentado una proposición no de Ley para que se estrechen lazos con los descendientes de los moriscos expulsados en 1609 por Felipe III. O sea, que propone que a estos también les soltemos la pasta después de pedirles disculpas y les dejemos votar en España. Yo no sé, aunque sospecho que nada hay más lejos de su intención y que más bien se decantaría, si la conociera, en favor de que se prohibiera su estudio, si también va a proponer que en los libros de historia vuelva a incluirse el estudio de la desconocidísima Guerra de las Alpujarras, en la que Felipe II (o su hermanastro, D.Juan de Austria) tuvo que vérselas con Aben Omeya, proclamado Rey por los moriscos, y que con el apoyo de los bereberes argelinos duró cuatro largos años en los que los cristianos de la zona fueron crucificados por los antepasados de esos a los que ahora pretenderemos indemnizar, quienes, en sus ratos libres se dedicaban, y se siguieron dedicando después de la guerra, a dar apoyo logístico y personal a los piratas berberiscos que asolaban las costas levantinas españolas. Así fué hasta que a Felipe III se le hincharon las pelotas y dijo algo como “Hala, a tomar por saco esa gentuza, que ya está bien de aguantar”.

Que lo expliquen detalladamente, que lo cuenten hasta que todos sepamos lo que pasaba con esa gente, y después, que propongan "devolverles" la nacionalidad o lo de reforzar los “vínculos económicos, sociales y culturales”. Y a ver qué opinan los españoles si es que hay alguien que proponga reclamar indemnizaciones a los musulmanes por las invasiones y los destrozos que empezaron en el 711 y que no pararon hasta bastante después de Lepanto. ¿Apostamos?.

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