miércoles, 4 de noviembre de 2009

Ritos y simbología

Los rituales son necesarios. Absolutamente. Y para todos los miembros del mundo animal. Quizá pueda darse, pero seguro que el apareamiento de las lagartijas es muchísimo más complicado, menos productivo y emocionalmente más chungo para sus actores si prescinden del ritual. Los leones tienen que seguir un rito sin cuyo cumplimiento probablemente sea necesario suministrar viagra al de la melena si lo que queremos es que su especie se perpetúe. Los peces siguen su danza para depositar y fecundar huevos, las avestruces bailan en lugar de pelearse a la brava ritualizando el enfrentamiento. Los ciervos berrean, y las mantis chicas deben zamparse la cabeza de los mantis chicos si lo que quieren es tener muchas mantisitas.

Eso si, para ritos de verdad, los de los seres humanos. En cuanto algo no se entiende o no se controla, se le pone un rito por encima para conjurar el miedo. Cuando hay muchas cosas que no entiendes, tápalas con muchos ritos y, Zás, ya tienes una cultura. Cuando parte de las cosas que no entiendes son las trascendentales, les pones por encima unos ritos especiales para ello que solo pueda cumplimentar un tipo especial de persona, y además de una cultura, tienes una religión. Y así ha sido siempre y probablemente seguirá siéndolo por más racionalistas que nos pongamos. Si consiguiéramos desterrar el concepto de Dios por completo de las mentes de los seres humanos, alguién aparecerá antes o después a quien le dará por pensar en la primera causa, en la causa eficiente, y te joderá el esquema. Ya estamos otra vez hablando de Dios y moviendo las manos para intentar representar la causa eficiente para que la entiendan los niños. Y si de lo que se trata es de transformar la sociedad, modificar la cultura o cambiar de religión, aunque eso de hablar de Dios quede casi exclusivamente reservado a los profesionales del tema y a los ateos, que los que sólo son agnósticos, practicantes o creyentes nunca tocan la cuestión, los ritos religiosos deben mantenerse, porque sin ellos no cabe que una sociedad, una cultura o una religión ajena pueda prosperar.

Uno de los grandes aciertos del cristianismo, una de las más influyentes causas de su sorprendente supervivencia y mágica hegemonía, fué que gracias a los superpoderes en que se basa su diseminación, o sea, en la necesidad de convencer, no sólo de vencer, aunque en alguna época se hiciera el apostolado a base de cristazos, fué el de asimilar las culturas y religiones que “asaltaba” integrando sus ritos en los ritos cristianos (el solsticio de invierno coincide con la Navidad, el de verano con las fiestas de San Juan, los equinocios tienen sus celebraciones como la Semana Santa, incluso se adoptan prominentes figuras de otras religiones, que San Josafat de la India es el príncipe Siddharta, o sea, Buda, y fué canonizado por el papa Silvestre II)

Y como la historia se repite, primero como tragedia y después como farsa, que Karl Marx dejó escrito a raiz de la comparación entre Napoleón Bonaparte y su sobrino Napoleón III, en "El 18 Brumario de Luis Napoleón", estamos nuevamente en la encrucijada del cambio de religión. Si pasamos del paganismo al cristianismo con la promesa de la vida eterna, ahora nos quieren llevar de la Ilustración Judeo-Cristiana al Progresismo Ecologista con la promesa de una Gaia mejor. No es la primera vez que se intenta acbar con la simbología cristiana, pero si que es la que presenta el asalto mejor organizado.

Siempre se ha sabido que lo primero que hay que hacer para acabar con una cultura es eliminar sus símbolos y ritos. Una bachiller me hizo notar que el primer intento de cambiar el santoral se hizo bajo el Terror de Robespierre, que cambió el inicio del año al equinocio de otoño porque no podía empezar en Navidad, la duración de las semanas a diez días para llevar al olvido lo del descanso al séptimo día y racionalizar la cuenta con el sistema decimal, los nombre de los meses y el santoral diario, eliminando a los santos para sustituirlos por su viculación a una planta, un animal o una herramienta. Pero ese intento de destierro de simbología cristiana fracasó porque no se le dotó de significado “trascendente”, de un significado que fuera más allá del sentido material.

Los herederos de Rousseau, inspirador de aquella estupidez, los nuevos defensores de los colectivos, los progres, conocedores del patinazó de sus abuelos, han decidido no caer en los mismos errores y se han convencido de que si de lo que se trata es de eliminar una religión, lo más fácil es sustituirla por otra. Si sus abuelos pensaban dar a La Razón y a La Libertad toda la fuerza, los nietos han decidido prescindir de la necesidad de que los individuos razonen y dotarles de una Fé ciega, como la que ya tienen pero dirigida a las virtudes progresíes, y así son más manejables y menos proclives a las desviaciones de la verdad verdadera. Y ellos serán los sacerdotes, aunque aún no se sabe si sustituirán los ensotanados por gafapastosos. Seguro que enseguida se dan cuenta de que para impresionar más y para hacerse respetar mejor, necesitan adoptar vestimenta talar, como las sotanas, las batas médicas o las togas de los ropones.

Por lo pronto, se empezó sustituyendo el Santoral cristiano por un santoral civil, o sea, se cambiaron los Reyes Magos por Santa Claus, Halloween por el Dia de Todos los Santos, Santa Águeda, por El Dia de la Mujer Trabajadora, el Domund por el Dia de la Lucha contra el Sida o la Semana Contra el Hambre o San Patricio, Patrón de Irlanda, por el Aberri Eguna, día de la patria vasca. En seguida se tipificaron los Pecados Civiles, que para más inri son casi todos de opinión aunque haya alguno de hecho como, por ejemplo, jugar al padel, es decir, que es pecado civil opinar que los inmigrantes no deben votar, que debe ir a la carcel cualquier mujer que mate a su hijo de seis meses, que es bueno para que todos vivamos mejor que exista la posibilidad de enriquecerse mucho o que la libertad hay que defenderla, a veces, con las armas y la violencia. Luego se instituyeron los sacramentos, entre otros muchos, ten en cuenta que cada “colectivo” tiene sus necesidades, el homotrimonio (o contrato de convivencia gay-les fiscalmente bonificado), presentación del niño a la democracia (o bautizo civil para progres de medio pelo), la firma de manifiestos (como rito iniciático de futuros líderes desde el estatus de abajofirmantes), la asistencia al cine español (o comunión ideológica con el sindicato de la ceja), y muchos otros, y ahora, por fin, ha llegado el momento de presentar batalla contra los símbolos.

La nueva religión Progresí ha decidido confundir el aconfesionalismo de la constitución española por un laicismo militante, y éste por la represión legal de la simbología cristiana para sustituirla por la simbología progre. Y todo con apelación a la libertad religiosa y el laicismo, que el hijab una muestra de multiculturalidad confesinal que debemos respetar. Mientras unos jueces europeos, indudablemente imbéciles, han determinado que la presencia de un crucifijo en un aula es un atentado contra la libertad religosa, los maestros adornan a los infantes con un lazo rojo de la lucha contra el Sida, con el sol sonriente de las No Nukes, o con el símbolo de la paz (que, por cierto, significa “desarme nuclear” en lenguaje semáforo: N, que son los brazos hacia abajo algo separados del cuerpo, y D que se representa con un brazo arriba y el otro abajo). Símbolos religiosos de obligada recepción.

Y no me digais que no se trata de una nueva religión la Pogresí, que incluso ya han empezado a prohibir cosas y dentro de nada nos cuidarán las braguetas como hacen las religiones mas tradicionales. Que no lo digo a humo de pajas, que ayer, en la cumbre de Barcelona, preparatoria de las negociaciones de Copenhague sobre el clima (que nosotros los españoles, que somos los más tontos del mundo mundial, hemos empezado con el anuncio de que regalaremos cien millones de euros más para combatir el cambio climático en los países pobres), un merluzo llamado Roger Martin, del Optimum Population Trust, una organización que busca limitar la población mundial, decía que "el planeta tiene demasiados emisores de CO2" (¿es posible ser mas tónto?), mientras iniciaba la campaña para incluir el control de la natalidad como elemento clave en la lucha contra el cambio climático con el prestigioso ecólogo Paul Ehrlich, que mañana jueves recibirá del President de la Generalitat no se qué premio de ecología. Este espectacular Tonto Contemporáneo mantiene que si en España tenemos un veinte por ciento de paro, probablemente viviríamos mejor con una población el veinte por ciento menor. ¡Qué tropa! ya no es que no sepan economía básica, que si disminuyes la población disminuyes las necesidades y te vuelves a encontrar los los mismos parados, es que parece que estos fascistas descerebrados quieren llamar a los conversos a empezar a fusilar parados, cuando en realidad lo único que pretenden es prohibir el fornicio concepcional.

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