miércoles, 11 de noviembre de 2009

La iniciativa de los españoles

En el siglo III antes de Cristo, con motivo de la segunda Guerra Púnica, los romanos, en su afán de dar caña a los cartagineses, se decidieron a controlar una tierra extraña, llena de conejos y de gente cabreada con espadas cortas que llamaban falcatas y que manejaban con demasiada soltura. Conquistar casi toda aquella tierra les llevó más de doscientos años, y tuvo que ser Octavio en persona quien consiguiera someter a los últimos resistentes, los cántabros (que no los vascones, por cierto) que se defendieron como leones, especialmente sus mujeres, de las que Octavio llegó a decir que eran lo peor de lo peor. En algún momento de aquella conquista, mientras intentaban llevarse por delante lo que ahora son Portugal y Extremadura y tras algunas traiciones y masacres, consiguieron sitiar a un montón de guerreros lusitanos en Turdetania. Entre ellos estaba Viriato. Tras convencer a los demás de que los sacaría de allí si se ponían a sus órdenes, Viriato arremetió contra Cayo Vetilio, pero cuando los romanos se estaban preparando para la batalla, reculó. Esto les desconcertó lo suficiente como para que, atacando por varios sitios a la vez, consiguiera romper el cerco. Durante varios años, Viriato estuvo dando batalla a los romanos de tal manera que no podían con él a pesar de ser inmensamente superiores. Fué la primera Guerrilla.

El 722, once años después de la batalla de Guadalete, aquella infamia provocada por las luchas intestinas de los visigodos en España, cuando estaban Don Rodrigo y Agila sacudiéndose estopa como si fueran Gallardón y Esperanza hasta que Don Oppas, en nombre de Agila pidió ayuda a Tariq en 711, once años después, digo, cuando ya no quedaba nada cristiano en la tierra de los conejos salvo un poquito en el norte a los pies de los Picos de Europa, ese tipo al que Munuza llamaba Belay y nosotros Don Pelayo, tras negarse a pagar impuestos, consiguió atraer a los (dicen) ciento ochenta mil musulmanes de Alqama al valle de Covadonga, donde les atacó desde arriba hasta que no quedó ni uno. Su reino duró diecinueve años, y el de su hijo Don Favila dos, hasta aquél desgraciado incidente con el oso. Aquella idea de Don Pelayo dió comienzo a lo que ochocientos años después sería una España como nación moderna.

Era el año 1520, y Hernán Cortés acababa de salir de najas de Tenochtitlan en la Noche Triste habiendo dejado flotando en los canales a la mitad de los españoles que había en la ciudad y abandonado toda su artillería, cuando el emperador azteca se decidió a acabar con aquellos barbudos que ya le estaban tocando demasiado los cataplines y reunió un inmenso ejército de cuarenta mil soldados contra los quinientos españoles que quedaban vivos. Ya estaban rodeados en Otumba cuando Hernán Cortés se dió cuenta de que entre el mogollón de indios había uno en andas y con las plumas mas coloridas y mas grandes que las de los demás, así que lanzó una ridícula carga de caballería con los únicos trece caballos que le quedaban hasta que llegó al emplumado, lo tiró al suelo y otro español lo mató. Los aztecas, sin jefe, se dejaron apiolar uno por uno. Empezaba el Imperio

He elegido solo tres muestras, pero sonadas, de que los habitantes de Estepaís tienen el suficiente talento y el mínimo empuje para buscarse la vida cuando lo necesitan, porque estoy íntimamente convencido de que cuando un español necesita algo, es capaz de insistir, de dedicarle ingenio, trabajo, esfuerzo y perseverancia hasta que lo consigue. Creo que no soy el único que tiene este convencimiento, que muchos creemos que la mejor manera de conseguir algo es luchar por ello nosotros mismos, sin depender de que los poderes públicos nos destinen una subvención, nos exijan una licencia o nos ofrezcan cursos gratuítos.

Pero nuestra clase política no lo vé así. Quizá sea porque pretende que perdamos ese punto de ingenio, o porque piense que ya lo hemos perdido, o a lo mejor es que pretenden mejorar nuestra competitividad, pero el caso es que los ejemplos de desprecio al empuje personal de los españoles aparecen por doquier. La última muestra de que piensan que carecemos de capacidad emprendedora es la iniciativa a la que el Gobierno de Extremadura, la patria chica de Hernán Cortés, el terruño de Viriato, ha destinado la nada despreciable suma de catorce mil lereles, más de dos millones de las heroicas pesetas: la campaña de educación afectiva sexual “el placer está en tus manos”, que consiste esencialmente en talleres de masturbación para adolescentes de entre catorce y diecisiete años, porque no se puede consentir que crezcan sin saber de qué va eso, hay que enseñarles. Parece creer la Junta de Extremadura que la iniciativa propia de los adolescentes extremeños no les llega para emprender solitos un camino de exploración personal, por lo que tiene que apoyarles con cursillos y talleres. ¡Manda pelotas lo que hacen con nuestros impuestos! ¡A ver si esta majadería va a ser por la pasta y no porque tengan que enseñar a nadie lo que hacer con sus manitas...!

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