Si no conociera de la edad del pollo este, si no supiera que el documental de Al Gore es relativamente reciente, y si no me maliciara que todo se trata de una pose para quedar como superecologista megapreocupado por el bienestar de nuestros hijos y el futuro del planeta, pensaría que todas las tonterías que sufrimos a costa del cambio climático derivan de que cuando nuestro héroe era pequeño, algún malvado franquista le ponía el premiado documental mientras le maltrataba de obra y se le ha quedado un trauma enfermizo del que no puede salir y que le afecta en las entendederas.
Voy a hacer como si no sospechara que la preocupación de nuestros poderes públicos con el Calentamiento Global..., ejem..., quiero decir el Cambio Climático, es una filfa diseñada para poder arrancarnos un puñadito mas de libertades mientras nos preocupamos por el futuro y para que las mentes mas simples de la sociedad sigan pensando que nuestros próceres son más que buenos, buenísimos, que hay que ver lo que se preocupan por la naturaleza y los osos blancos, y les sigan votando. Voy a pensar que de verdad se lo creen, porque si no habría que pedir, también por esto, su condena por traición.
Y fíjate que me cuesta incluso plantearme eso de que solamente son bienintencionados que no se enteran porque su servicio de prensa no les ha pasado los datos que echan por tierra la teoría del palo de hockey de las temperaturas, ese que dice que su evolución en los últimos mil años tiene esa forma: horizontal hasta 1900 y a partir de entonces, un incremento cada vez más acentuado. Bueno, quizá si se lo han pasado, y por eso es por lo que ya no se puede decir “Calentamiento Global”, sino “Cambio Climático”, que parece que la cosa no se calienta, que los datos están mal tomados o directamente manipulados.
Y es que aunque el auténtico Profeta del Cambio Climático, el mismísimo Al Gore, reconoce que..., bueno..., digamos que las cosas no son exactamente como decía, con esta mandanga de que el CO2 que crea la sociedad industrial está cambiando el clima de la Tierra, junto con la creencia supersticiosa en la malignidad de la energía nuclear y sus escasas luces, los victimarios del síndrome de Munchhausen, o sea, el Primer Adolescente y su Alegre Pandilla, están adoptando en Estepaís una serie de medidas directamente molestas, como la eliminación de las bombillas incandescentes y el llenado de las oficinas de Correos de bombillas made in china (cuyo contenido es venenoso), caras, como las subvenciones a los molinillos y los huertos solares (¿por qué no harán más pantanos, que también son energías renovables?) y la proscripción de las nucleares, bobas, como la no se si brillante idea de quitarse la corbata en la planta noble del Ministerio de Industria (que si, que sólo hay que quitársela para ver al ministro), o gravemente torcidas, como el fomento de los biocarburantes, que ya ha conseguido una subida del precio de los productos agrícolas a escala mundial que estuvo a punto de matar de hambre a medio tercer mundo, ahora amenazan con adoptar medidas directamente peligrosas.
Si, si, peligrosas, y no lo digo porque sea especialmente poco amigo de meterme en un avión, pero, de verdad, eso que pretenden ahora de que para aterrizar en los aeropuertos españoles sea obligatorio apagar los motores y planear para ir perdiendo altura, me parece una sobrada, aunque ya lo hayan intentado tres veces con un Airbus y no haya pasado nada. A lo mejor es una de las ideas del Gran Pepiño, actual jefecillo de los aeropuertos y los transportes, que no se si es uno de los prominentes calentólogos del gobierno o sigue indicaciones, pero la idea de eso que llaman “el aterrizaje verde” parece alumbrada por el mismo intelecto que a la hora de votar se liaba con la compleja regla de “papeleta blanca a urna blanca, papeleta rosa a urna rosa”.
La idea debe partir probablemente una estulticia de la magnitud de “si ahorramos el combustible de los aviones durante ciento ochenta kilómetros en cada viaje, los ahorros son de chopocientas mil toneladas de CO2 que no enviamos a la atmósfera cada año, eso conseguiría evitar el aumento de una merdésima de grado en la temperatura de la tierra para el año 2125”, y llegar a parir semejante sandez no es algo a lo que pueda llegar cualquiera, hay que ser un idiota pata negra, un merluzo de los de antes de la guerra, un fuera de serie. Porque digo yo que si uno de los costes de los que las compañías aéreas desearían poder reducir para conseguir más beneficios (o simplemente “beneficios” y no “pérdidas”) es el de combustible, mira tu que me iba a extrañar que no llevaran años diciendo que lo que habría que hacer para mejorar el medio ambiente, incrementar la seguridad de los vuelos, reducir la contaminación acústica, combatir la violencia de género y fomentar la paridad y la conciliación, es apagar los motores de los aviones en los descensos y aproximaciones.
Y supongo que si no lo han hecho es porque la idea no debe ser buena. A menos que estés de acuerdo en que lo que hay que hacer para proteger el planeta es disminuir la población contaminante como dicen los neomalthusianos del Optimum Population Trust. Si vas dejando caer los aviones, cada vez habrá menos gente, la que quede tendrá miedo a volar volar y habrá menos necesidad de quemar combustible fósil. Claro. Es que son unos lumbreras.
Voy a hacer como si no sospechara que la preocupación de nuestros poderes públicos con el Calentamiento Global..., ejem..., quiero decir el Cambio Climático, es una filfa diseñada para poder arrancarnos un puñadito mas de libertades mientras nos preocupamos por el futuro y para que las mentes mas simples de la sociedad sigan pensando que nuestros próceres son más que buenos, buenísimos, que hay que ver lo que se preocupan por la naturaleza y los osos blancos, y les sigan votando. Voy a pensar que de verdad se lo creen, porque si no habría que pedir, también por esto, su condena por traición.
Y fíjate que me cuesta incluso plantearme eso de que solamente son bienintencionados que no se enteran porque su servicio de prensa no les ha pasado los datos que echan por tierra la teoría del palo de hockey de las temperaturas, ese que dice que su evolución en los últimos mil años tiene esa forma: horizontal hasta 1900 y a partir de entonces, un incremento cada vez más acentuado. Bueno, quizá si se lo han pasado, y por eso es por lo que ya no se puede decir “Calentamiento Global”, sino “Cambio Climático”, que parece que la cosa no se calienta, que los datos están mal tomados o directamente manipulados.
Y es que aunque el auténtico Profeta del Cambio Climático, el mismísimo Al Gore, reconoce que..., bueno..., digamos que las cosas no son exactamente como decía, con esta mandanga de que el CO2 que crea la sociedad industrial está cambiando el clima de la Tierra, junto con la creencia supersticiosa en la malignidad de la energía nuclear y sus escasas luces, los victimarios del síndrome de Munchhausen, o sea, el Primer Adolescente y su Alegre Pandilla, están adoptando en Estepaís una serie de medidas directamente molestas, como la eliminación de las bombillas incandescentes y el llenado de las oficinas de Correos de bombillas made in china (cuyo contenido es venenoso), caras, como las subvenciones a los molinillos y los huertos solares (¿por qué no harán más pantanos, que también son energías renovables?) y la proscripción de las nucleares, bobas, como la no se si brillante idea de quitarse la corbata en la planta noble del Ministerio de Industria (que si, que sólo hay que quitársela para ver al ministro), o gravemente torcidas, como el fomento de los biocarburantes, que ya ha conseguido una subida del precio de los productos agrícolas a escala mundial que estuvo a punto de matar de hambre a medio tercer mundo, ahora amenazan con adoptar medidas directamente peligrosas.
La idea debe partir probablemente una estulticia de la magnitud de “si ahorramos el combustible de los aviones durante ciento ochenta kilómetros en cada viaje, los ahorros son de chopocientas mil toneladas de CO2 que no enviamos a la atmósfera cada año, eso conseguiría evitar el aumento de una merdésima de grado en la temperatura de la tierra para el año 2125”, y llegar a parir semejante sandez no es algo a lo que pueda llegar cualquiera, hay que ser un idiota pata negra, un merluzo de los de antes de la guerra, un fuera de serie. Porque digo yo que si uno de los costes de los que las compañías aéreas desearían poder reducir para conseguir más beneficios (o simplemente “beneficios” y no “pérdidas”) es el de combustible, mira tu que me iba a extrañar que no llevaran años diciendo que lo que habría que hacer para mejorar el medio ambiente, incrementar la seguridad de los vuelos, reducir la contaminación acústica, combatir la violencia de género y fomentar la paridad y la conciliación, es apagar los motores de los aviones en los descensos y aproximaciones.
Y supongo que si no lo han hecho es porque la idea no debe ser buena. A menos que estés de acuerdo en que lo que hay que hacer para proteger el planeta es disminuir la población contaminante como dicen los neomalthusianos del Optimum Population Trust. Si vas dejando caer los aviones, cada vez habrá menos gente, la que quede tendrá miedo a volar volar y habrá menos necesidad de quemar combustible fósil. Claro. Es que son unos lumbreras.

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