viernes, 19 de junio de 2009

El alcalde de Pinto como paradigma de un hacer

Cuando la Revolución de 1934 derivó en Guerra Civil inmediatamente después de producirse la confirmación del silenciamiento definitivo de los resultados de las elecciones celebradas en febrero, las noticias de la anulación irregular por la Junta electoral de los resultados de las provincias en las que la derecha era claramente mayoritaria con la consiguiente anulación de la elección de, dicen, sesenta diputados de la CEDA, la atribución al Frente Popular de decenas de diputados extra (fue Alcalá Zamora, Don Niceto, quien lo denunció confesando no más de doscientos diputados a lo que fueron doscientos setenta y ocho finalmente para el Frente Popular), se instauraba la censura de prensa (cerraron mas de cien periódicos), se crearon las “milicias populares” entregando armas a los militantes de los partidos revolucionarios y se llegó al alzamiento de algunas tropas en casi todas las ciudades españolas, comenzaron los juicios sumarísimos, los “paseos” y la incautación de los bienes de los fascistas. Fascistas no sólo lo eran los alzados y los militantes o simpatizantes de partidos de derechas, también eran considerados fascistas tanto los curas y monjas, como los ricos, por el mero hecho de serlo.

Los bienes incautados pasaron a “repartirse entre el pueblo” mediante un procedimiento que consistió, esencialmente, en que las cúpulas directivas de los partidos revolucionarios, como sus “legítimos representantes”, se apropiaron de ellos sin dar muchas mas explicaciones. Lo suyo era vivir en sus viviendas, destinar los palacetes a organismos o checas y acudir a tomar vinos a los sitios mas selectos de Madrid. Era tal el espectáculo que no se si fue el mismo Azaña o Alcalá Zamora quien dijo aquello de “no eran comunistas, eran envidiosos”

Y el caso es que nos encontramos en una situación parecida. Las fuerzas de la solidaridad internacional se han hecho con el control del BOE y de las Visa Oro que trae consigo el ejercicio de la responsabilidad de gobernar. ¿Que hay que reforzar el voto en el colectivo de gays y lesbianas? pues se les infla a subvenciones. ¿Qué algún grupo mediático afín tiene problemas? se declara inejecutable una sentencia del supremo para que no tenga que devolver un montón de emisoras de radio y se les permite emitir en abierto lo que era de pago y no funcionaba. ¿Qué es necesario financiar otros grupos mediáticos afines para que lleguen a controlar la información? Para algo tienen que servir las Cajas de Ahorro. ¿Qué el paro en Andalucía puede representar un problema? Pues a contratar gente en la administración autonómica y municipal y a subir los pagos por desempleo. ¿Qué lo que pasa es que hay paro en toda España? pues ocho mil millones de euros para rebajar bordillos y poner semáforos. ¿Qué Volkswagen quiere cerrar SEAT? Pues se les paga sesenta mil euros por empleado para que se queden. Y todo esto con mi, tu, su, nuestro dinero. Con el dinero que nos han arrancado de las manos para atender a la solidaridad.

Mientras tanto, ellos tiran de Falcon de Defensa para irse de compras a Harrod’s, o a ver una ópera a Berlín, de helicóptero para que les atiendan porque les ha picado un bicho, de cientos de miles de euros para prepararse un palacete en Lanzarote en el que pasar una parte de las vacaciones. Y de coches oficiales. miles de coches oficiales. Y despachos minimalistas y bajantes a precio de piso completo, y monterías gratis total, por el morro. Porque ellos son la vanguardia del proletariado, y lo que se haga por ellos se hace por el pueblo.

Pero cuando la pasta empieza a faltar, no creais que se cortan los dispendios, que se moderan las prebendas o que, avergonzados, devuelven los billetes familiares. No. Nos suben los impuestos. A todos, pero dicen que solo a los ricos. Por lo pronto, a los fumadores y a los que tienen coche. Para cuidar nuestra salud y el medio ambiente, nos cuentan. Pronto, a todos los demás, especialmente a los que con arrojo y trabajando han conseguido prosperar. Hasta que nadie pueda tener un sobrante que invertir, para que todos dependamos de la magnanimidad de nuestros defensores.

No pueden ocultarse del todo, a veces a alguno de ellos se le escapa la lengua y desvela su auténtica naturaleza. Juan José Martín, alcalde de Pinto, uno de los pueblos del cinturón rojo de Madrid, ha dicho:
"La subida de la gasolina me da igual, tengo coche oficial, que se jodan"

Y se ha quedado mas ancho que Pancho.

Es inevitable esta actitud, es su campo morfogénico. No son socialistas, son envidiosos dispuestos a vivir como si hubieran triunfado en la vida a base de esfuerzo, preparación y trabajo. Harán todo lo que sea para mantenerse en el despacho. Lo que sea. Aunque tengan que anular las actas de elecciones de Madrid y Valencia. Lo que sea menos volver al trabajo honrado. Y si las cosas se les tuercen y recalan de nuevo en la oposición, volverán a apedrear las sedes de la derecha mustia mientras la acusan de crispar, a obligar a esa derecha deshuesada que diríase toda de algodón a disculparse otra vez porque seguirán sin poder probar que ganaron aquellas elecciones del 36, sin poder convencer a los alumnos de la Educación para la Ciudadanía de que la Libertad es lo único que nos puede diferenciar del tercer mundo, de los estados fallidos, de que la Libertad es la libertad individual que existe fuera de la comunidad hegeliana de pensamiento unificado, que los colectivos no tienen derechos, sino que los derechos son de los individuos. Volverán a acudir a cualquier argucia para meterse de nuevo en el coche oficial. Y lo conseguirán.

El veneno ya está en la sociedad. Nos gobierna uno de esos colectivos que cuando llega al poder se aferra a él como una garrapata, un colectivo que es como esas setas que son comestibles (o elegibles) sólo una vez.

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