jueves, 11 de junio de 2009

Leónidas. Club de fans

A veces, las ideas funcionan como las bolas de acero en las pinballs. Entran en el cerebro como cuando se suelta el resorte y se ponen a rebotar. Cling, cling, chack, cling. A veces vuelven a caer en zona consciente, pero se les da impulso con la paleta y siguen rebotando, Cling, cling, chack, cling, cling. Hasta que en una de esas, caen en el agujero necesario y, clock, partida gratis.

Eso me ha pasado hoy. La bola ha encajado. Ya me he dado cuenta de por qué hay tantos devotos de Leonidas, por qué tantos admiran hasta la extenuación a ese que con sus Trescientos héroes frenó en las Termópilas el avance persa sobre el helenismo, el primero que salvó el mundo occidental de la invasión oriental. Antes de que Don Juan de Austria diera la campanada en Lepanto, antes de las Franciscas de Carlos Martel en Poitiers, entes, incluso, de que Don Pelayo apedreara desde lo alto de Covadonga a los moros, que sólo podían tirar flechas hacia arriba como el que mea a barlovento.

Conozco a uno de los mas brillantes defensores de Leonidas. Depotrica duramente contra los que no usan la escobilla del retrete (qué bonita palabra) y clama por la vuelta del rey de Esparta para que le de las del pulpo al antioccidental que desconoce el uso de ese imprescindible adminículo, porque, dice, ese es el símbolo de occidente.

Hoy me he dado cuenta de lo que pasa. El símbolo de occidente, hoy, no es la escobilla, sino el phaphel, como llamaban Tip y Coll al magnífico sucesor de la spongia romana, esa esponja natural que, unida a un palo y sumergida en agua salada, daba servicio comunal en las letrinas del imperio, o de los vellones de lana de los patricios, de las mazorcas de maíz de los colonos americanos, que desempeñaban la misma función una vez desprovistas de los granos, del pámpano de verano o los guijarros de invierno del campo manchego. El papel higiénico de dos o tres capas, como sucesor tecnológico y popular de las telas de algodón de la aristocracia francesa que terminó guillotinada, o de los encajes de los decadentes hijosdalgo españoles, es el fruto del desarrollo industrial y de la sustitución del papel El Elefante, que como del jabón Lagarto, ya casi nadie se acuerda, es el símbolo de occidente.

Y a todo esto, lo que en realidad está defendiendo el apologista de Leonidas, que, también sea dicho, es buen conocedor de lo que fue el protectorado español en el norte de África, es el elemento diferencial práctico entre occidente y oriente. En muchos de los países orientales cuyo sustrato cultural no nombraré para no incurrir en las nefandas prácticas antimuliticulti que ha denunciado la ONU, el sustituto de espongiae, brocados, mazorcas, pámpanos o phaphel, es la mano izquierda. Y no digo yo que no sea eficaz, que debe serlo, sino que provoca que el mero hecho de usar esa mano para comer, provoca no solo el rechazo, sino incluso arcadas en el resto de comensales.

Y hoy se me han abierto los ojos. El que podría ser presidente del club de fans de Leonidas, ¡es zurdo!

1 comentario:

  1. por desgracia para los demas lectores, solo yo, como presidente del club de fans de leonidas y zurdo convicto y confeso, puedo entender esto.
    por la salud mental de los lectores y la tranquilidad de familia y allegados por la salud mental del autor del blog, me explico.
    despues de largo tiempo trabajando en el mismo lugar, descubrimos con descontento que algun cabron, tras defecar severamente, no tenia la delicadeza de utilizar la escobilla para eliminar lo que el agua no podia por si misma.
    por ello, y tras largas discusiones y analisis en torno a unas cuantas cervezas, propuse poner el siguiente texto en el cuarto de baño: 'Hace tres mil años, trescientos valientes espartanos sacrificaron su vida en el desfiladero de las Termopilas para evitar la invasion de los persas liderados por Jerjes. Gracias a ellos, la civilizacion occidental tal y como la conocemos pudo llegar a existir, permitiendonos disfrutar de avances como la consideracion del individuo, la emancipacion de la mujer o la escobilla del vater. No permitas que esos valientes espartanos muriesen para nada y honrales utilizando aquello que te facilitaron. USA LA ESCOBILLA, CABRON'.

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