Unos graciosos, probablemente totalmente solidarios con los que menos tienen, le han arrancado las barras que hacen de asiento del banco. No se si para divertirse o para impresionar a la solidaria de turno. Nadie les va a decir nada. Quienes lo vieron se callaron, no esperaban ayuda de ningún tipo de unas fuerzas de seguridad desaparecidas de un combate que las garantías del justiciable han hecho inútil, y eso de intervenir por sí mismos... pues mejor dejarlo, que si te dan las del pulpo te las guardas, y si las das tu, acabas procesado y probablemente condenado por estos jueces nuestros tan meticulosos con los derechos de los chorizos.
Es imprescindible que vuelva la tolerancia cero aquella que impuso un alcalde de Nueva York y redujo la delincuencia mayor un treinta por ciento.

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