lunes, 8 de febrero de 2010

Treinta años de Movida

Mañana se cumplen treinta años del concierto de homenaje a Canito en la Escuela de Caminos. Pueh fale. ¿Y eso que-éh lo que-éh?. Pues la oficialización y proclamación urbi et orbe de la pacificación de la juventud, lo que llaman el comienzo de la Movida Madrileña.

En realidad sólo quiso ser un concierto en homenaje a Canito, el batería de Tos, que se había matado en un coche el uno de enero de 1980. En aquel concierto se reunió lo más granado, lo mas activo de entre las bandas de pop que desde hacía un par de años estaban tocando por Madrid. Ni de coña eran todas buenas aunque hubiera gente con un talento excepcional, pero lo cierto es que eran ya muy conocidas entre toda aquella caterva semicultural que acababa de empezar a salir de casa por las noches, y que, por fin, no tenía una dictadura que le soltara a la policía para evitar que sus tiernas mentes sufrieran ningún atisbo de desviacionismo, sino una propaganda extremadamente intensa destinada casi en exclusiva a convencernos de que ya teníamos derechos, que la época de las obligaciones había terminado. Era la Democracia. Para satisfacer vuestra curiosidad os dejo la emocionante y aún rudimentaria actuación de Tos (lo que luego fueron Los Secretos) de aquella tarde. Yo estaba en la mili y no fuí: nunca se lo perdonaré.

Fíjate, avisado lector, que no he dicho que “no tenía una dictadura contra la que rebelarse”, que lo he evitado cuidadosamente. Porque cuando salían a la calle las generaciones anteriores no se ponían a defender la democracia, eso era sólo cosas de algunos perjudicados mentales, escasos tipos, raritos, muy pocos, con una sed de cultura que les llevaba a luchar por la democracia cuando querían leer un libro y no lo encontraban o querían ver una película y estaba cortada o prohibida. Las generaciones anteriores dicho así, en global, no luchaban contra el franquismo como pretenden hacernos creer estos sinsorgos que nos marcan la información, en su inmensísima mayoría eran unos jóvenes que estaban perfectamente asentados en una dictablanda, en un régimen venido a menos, ya no totalitario sino simplemente autoritario, y aunque aún fundamentalista en lo religioso, se notaba que se estaba perdiendo la esencia. Ya en 1970, sólo diez años antes del nacimiento oficial de la Movida, o sea, sólo cinco años antes de la muerte en la cama del Dictador, un treinta por ciento de las mujeres universitarias no estaban en contra de que en la universidad se hablara de métodos anticonceptivos. ¡Toma ya feminismo, liberación de la mujer desde siempre y viva la lucha obrera! el setenta por ciento SI estaba en contra de hablar de anticonceptivos. ¿De verdad te crees que esa gente luchaba contra la dictadura? ¿Que siquiera se oponía a ella?. Recomiendo encarecidamente rebuscar hasta encontrar el Informe Foessa del setenta, una macroencuesta dirigida por Amando de Miguel –yo solo he encontrado una especie de resumen en la interné- para ver qué era lo que se pensaba de verdad en España. Tiene cosas que os van a sorprender mucho, otras que os van a dar mucha risa y otras que os van a demostrar que eso de resistencia social contra el franquismo, poquito poquito.

Vuelvo al concierto inaugural de la Movida Madrileña. Y niego lo de la inauguración. La Movida ya había empezado, digamos como ejemplo que los Pegamoides eran los sucesores de los extintos Kaka De Luxe ¿Qué había de nuevo entonces? Pues que lo retransmitió TVE, la única televisión que había, con lo que la Movida se hizo oficial. Aquello que había empezado con cuatro gatos inquietos dispuestos a rechazar no ya la cultura dominante, sino la cultura de los trascendentalismos marxistas y combativos cantautores de sus hermanos mayores, otros cuatro gatos demócratas de los de antes de la transición (o sea, como Victor Manuel cantándole a ese Gran Hombre, jejeje, y desde luego ninguno del Psoe, que antes de la muerte de Franco no existían en el interior) iba a ser aplastado por la fuerza de la masificación y del del acriticismo. Porque habían visto que se trataba de la más poderosa fuente de transmisión de ideas y porque no estaban dispuestos a que floreciera un movimiento contracultural sólido e independiente. El Alcalde Tierno Galván, esa Víbora con Cataratas, como lo calificó Pablo Castellanos, después de inaugurar con gran pompa mediática la calle de John Lennox (y no creo que el Viejo Profesor se liara con Annie Lenox, sino que tampoco sabía nada de Lennon), invito a los asistentes a no se qué concierto a que “el que no esté colocado, que se coloque”. Ya han pasado treinta años de aquello, y los niñatos que llegaron allí no lo hicieron por inquietud intelectual (los supervivientes de aquellos inquietos que no fueron asimilados están medio escondidos, pero cuando salen, les pasa como a Sherpa, el gran bajista de Barón Rojo, que echaba espumarajos por la boca contra los mendrugos de la casta del poder en “España en la Memoria” de Intereconomía), sino por una moda impulsada oficialmente, con conciertos retransmitidos por TVE, la desaparición de Ajoblanco (una revista contracultural que incluía entre sus redactores a gente como Luis Racionero, Quim Monzó, Carmele Marchante o Federico Jiménez Losantos, te lo juro por Snoopy y la cobertura de mi móvil), las subvenciones a las exposiciones y desfiles de los Costus o García Alix y las entrevistas a Ouka Lele. Esos niñatos blanditos son los que mandan.

Tienen entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años y piensan que lo suyo fué la gran revolución cultural de occidente. Pero ojo, son los que mandan, no los que gobiernan, los que gobiernan son los torpes de aquella misma generación, que cuando vieron vacío el nicho de la política porque los listos se habían ido hacia la cultura (o hacia la judicatura, que en aquella época entraron de golpe unos tres mil jueces, casi todos ellos militantes de partidos de izquierda de antes de la Constitución, y que ahora son casi la cúpula del poder judicial), descubrieron a qué dedicarse para progresar, que entonces era nueva y casi desconocida, salvo para los iniciados, la posibilidad de los partidos de funcionarizar a muchísimos de sus pequeños mandos, porque acababan de nacer las subvenciones a los partidos políticos, un pastón susceptible de liberar unos cuantos miles de parásitos sociales.

Cuando durante la dictadura alguien salía inquieto, se ponía a pelear contra ella. Luego, durante la Movida, cuando alguno salía inquieto, se ponía a diseñar. A partir de su oficialización, los inquietos sólo se dedican a exigir subvenciones y respeto a sus derechos. Eso de la Movida fue el germen de esta sociedad blandengue y relativista, esta sociedad que permite que su máximo exponente, ese incultísimo personaje que entre todos hemos encumbrado, tome el axioma cristiano de que “la verdad os hará libres”, que presupone la existencia de una verdad cuyo conocimiento abre la puerta al conocimiento mismo de que el poder te la quiere hurtar, lo que implica la elección primero, luego la rebelión y, por tanto y finalmente, la libertad, y lo transforma en la gilipollez de que “la libertad os hara verdaderos”, que implica que la existencia de los derechos que ellos mismos dicen que nos traen, nos faculta para fabricarnos una verdad a nuestra medida, que la verdad es la que resulta de lo que nuestros salvadores nos aportan, una verdad a medida, una verdad con talante, acomodaticia, fluida, mutable, relativa.

Al presidente Johnson, el sucesor de Kennedy, un asesor le mostró su preocupación por los hippies y sus movilizaciones contra la guerra de Vietnam. Johnson contestó “No te preocupes, eso se les pasa con un hijo y una hipoteca”. Veinte años después, los sucesores de los Hippies, aquellos judíos de izquierdas neoyorquinos transmutaron en neocon al contactar con los sueldazos que por allí le dan a la gente bien preparada. Pero claro, es que ellos eran estadounidenses. Los equivalentes a los hippies eran por aquí lo que ahora se llama "La Vieja Guardia", y se contentaron con concejalías, consultoras y empresas públicas. Nosotros decidimos que la rebeldía de los equivalentes a los neocon, la rebeldía de los creadores de lo que pudo haber sido la Movida se agotaba con derechos y subvenciones. Como les pasa a los argentinos, que quisieran ser franceses, dicen ser italianos, pero realmente son españoles, a estos progres les pasa algo parecido: quisieran ser revolucionarios, dicen ser los libertarios del sesenta y ocho, pero son los niñatos de la Movida.

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