martes, 9 de febrero de 2010

Fino analís, elegantes razonamientos

Hace unos días decía que las insensateces de nuestro máximo mandatario habían conseguido el milagro de hacer aparecer como sólido hombre de estado al Gran Pepiño, una vez que ha superado sus problemas con los razonamientos complejos (como fué lo de voto blanco a urna blanca, voto rosa a urna rosa), y alcanzado el rango de Ministro (y de Fomento, nada menos). El caso es que ya apuntaba maneras, desde siempre ha mostrado rasgos que sugerían la entereza de Churchill, Metternich o Roosevelt y que le distancian de esas ministras que sólo han encontrado trabajo (¡y qué trabajo!) por su condición de mujer, como cuando no quiso mostrarse públicamente a favor de la candidatura de Obama para no influir en la voluntad de los compromisarios demócratas, de manera que hasta que no fué un hecho su elevación a la candidatura no hizo expresas sus preferencias, que eso es discrección, respeto al principio de no injerencia y saber estar a la altura de su responsabilidad e influencia internacional.

Pues eso, que su advenimiento al Ministerio supuso también su trasmutación en estadista, de manera que cuando nevó en Madrid, en lugar de comportarse como dice el Manual del Progre Activo que hay que comportarse con los problemas de las autonomías gobernadas por la derechona, como hacía Maleni siempre que podía, tomó la decisión de trabajar y hacer lo que tenía que hacer un gobernante leal: arrimar el hombro. O cuando ha tenido un problema con una banda de privilegiados salteadores de caminos: propuso una solución, y como al colectivo afectado no le parecía bien, la impuso por la fuerza del BOE. Eso es gobernar.

Quede claro que no estoy de coña, que de verdad pienso que la colaboración de los poderes del estado en la resolución de los problemas de los ciudadanos, o el ejercicio de la acción de gobierno cuando hay que tomar decisiones dolorosas o difícilmente aceptables por la generalidad de los votantes (y no sólo por los de la cuerda ideológica contraria) es una muestra de sentido de estado que ¡parece mentira! escasea o directamente no existe desde hace unos años. Y esa dinámica la ha interrumpido Pepiño, que ya sea porque no se ha leído o no ha entendido el manual, o porque se está postulando como sucesor, es el único que ha mostrado sentido de estado en un gobierno inane y sectario hasta la médula. Si una autonomía gobernada por el Pepé tiene problemas de cualquier tipo, el gobierno central, si interviene, lo hace para dañar y dificultar la solución (¿te acuerdas de la oposición a que se cerrara la M-50 o se desdoblara la carretera de los pantanos?), si hay que tomar una decisión económica, primero se le pregunta a los sindicatos, y si no les gusta no se pone en práctica, de tal manera que como no ha habido autorización sindical, no se han tomado decisiones para combatir la crisis (me refiero obviamente a decisiones de verdad, no a sanceces como lo del Plan de Renovación del Acerado). Esta situación nos ha llevado a todos, a España, a un descrédito internacional sólo equiparable al más sórdido franquismo, de forma que los capitales han empezado a huir de España, los que saben a desprenderse de la deuda española y los mercados a irse irremisiblemente hacia abajo.

Y la solución que se les ha ocurrido a estos descerebrados para intentar parar el desastre ha sido irse de gira para vender el producto (leelo directamente del clarísimo Balsero en Valdeperrillos). ¡Cómo se nota que esta gente no ha dado un palo al agua en su vida en la economía real! Se han ido a contarle a un monton de buitres y piratas de huevos renegríos por el humo de las batallas que bueeeno..., no estamos muy bien, pero ejjque tenemos problemas diferentes, ejjque la burbuja inmobiliaria, unos empresarios codiciosos... (pues claro, circunstancias diferentes, como todos, pero desde luego, eso no justifica la falta de medidas) y además, ejjque ya hemos tenido este problema antes y lo hemos superado (que sí, en el gobierno de González, y tuvo que venir Aznar con un ajuste de caballo para meter en cintura las cuentas), pero no les pone delante ninguna medida del ajuste brutal que ya estamos obligados a sufrir, sino que, al contrario, les muestra un ejemplo de cohesión social: el acuerdo para que el año que viene los salarios aumenten el uno por ciento. Con dos cojones.

O sea, que la falta de competitividad de la economía española exige una drástica disminución de la masa salarial, es decir, o disminuir los salarios de todo el mundo, y que cada uno se chupe su hipoteca como pueda, o crear un estruendoso paro estructural que se quedará para siempre llevándose por delante la Seguridad Social y las Pensiones Públicas, y lo sabe todo el mundo, dentro y fuera, en Europa y en cualquier otro sitio, y nosotros, con dos cojones, como primera o segunda medida (la primera fué el Plan de Acerado) para salir de la crisis y convencer a los inversores europeos de que somos un país serio, nos subimos el sueldo un uno por ciento. ¡Menuda gilipollez se nos ha ocurrido para dar confianza a los mercados!. Es que no nos enteramos, que en este momento, si descontamos funcionarios, uno de cada tres trabajadores está en paro, que el problema de la falta de competitividad lo conocen por ahí fuera, y lo estamos agravando. Y saben que no es el único problema. Es que no se quieren dar cuenta de que lo único que están esperando los mercados son una batería de medidas para devolvernos al camino de la productividad, la estabilidad fiscal y la ortodoxia financiera que nos deben dejar jodidos o muy jodidos, pero enteros, porque si no lo hacemos, los inversores van a salir de aquí llevándose toda su pasta y dejándonos chapoteando en la miseria.

Y además, por si faltaba algo, ahí tenemos a Pepiño. Que si creías que su conversión a estadista había afectado el fino análisis de la realidad que siempre ha sido su gran baza (¿te acuerdas de que cuando lo de Tamayo y Saez, él oía el susurro de los talonarios y percibía el aroma de los billetes negros?), te has equivocado de medio a medio, si acaso le ha afectado para afinarlo más aún y para mejorarlo, que ahora abarca también cuestiones de altas finanzas internacionales. A la vista de lo que ha pasado con los mercados, Pepiño ha dejado claro que el desplome no se ha debido a la mala imagen de España, a la pérdida de confianza en que vayamos a poder pagar nuestras deudas, a que carezcamos de un gobierno capaz de imponer medidas para enderezar el rumbo. No. El analista ha explicado perfectamente la situación, la causa del desastre:

¿Quién ha sido? Una conspiración internacional. Los especuladores, esos cabronazos que sólo quieren enriquecerse en lugar de enriquecer a los demás, en conjunción con la derechona, otra que tal baila.

¿Cómo? Atacando al Euro, que aunque cotice un cuarenta por ciento más sólidamente que el dólar, es una moneda que cede fácilmente a los ataques de los lobos (¿Sabrá cómo se ataca una moneda o una acción?).

¿Para qué? Para perjudicar a España y su proyecto progresista personificado en Zapatero, y para que la derecha más extremosa de Europa pueda arañar unos votos con lo de “cuanto peor, mejor”.

¿Por qué? Porque España con su gobierno progresista es el gran adalid de la regulación financiera que va a impedir que los neocon se enriquezcan con sueldos escandalosos a costa de los que menos tienen.

¿Dónde? En España, así aprovechan la falaz, cruel y muy injusta campaña de demonización del Gran Líder que tiene perfectamente orquestada la derecha extrema

Y claro, diciendo estas cósas, haciéndolas coincidir con un pésimo Road Show mientras se retiran meras sugerencias de ajuste, y con unos presupuestos que han dejado de ser operativos un mes después de haberse aprobado, me da la impresión de que no vamos a convencer a los mercados de que deben tener confianza en España, de que pueden creer que hay materia para salir del pozo. Y es que no la hay. Por lo pronto ya nos tachan de paranoides en el Financial Times. Con esta gente pilotando, a mí sólo se me ocurre preguntarme: ¡¿Pero es que somos gilipollas? ¿Pero no vemos hacia donde vamos?!

La respuesta me la anticipaba un sabio amigo, bien situado en uno de los sitios desde donde se tiene una buenísima perspectiva de Europa, y sin su permiso, la transcribo:

Que miedo me esta dando lo que viene. Volvemos a ser pobres porque jamas dejamos de ser estupidos. Estuvimos a punto de conseguirlo hasta el 14 de marzo de 2004. Y luego otra vez a la mierda.

Los muy estupidos de nuestros compatriotas no se dan cuenta de que se ha acabado. Se nos ha acabado el chollo. Volvemos a ser los africanos de Europa, que ya no son tan buenos como los demas, que vas a tener que aguantar cualquier cosa por unas monedas, cualquier cosa tio, cualquier cosa. Nuestras mujeres van a volver a limpiar para las otras. Se termino lo de tener rumanas o ecuatorianas.

Historicamente, vez tras vez, vez tras vez…

A lo peor no notamos casi nada. Seguimos con nuestras vidas como casi siempre (no podemos viajar, no nos quieren en las instituciones europeas,…) y ya esta. Como esa historia de Alan Moore donde un tipo inventaba una maquina del tiempo e iba cambiando cosas del pasado a ver que cambiaba. Pero como cambiaba todo su entorno y sus recuerdos, el tipo no percibia que nada hubiera cambiado. Espana no se merece nada mejor. Y ya lo siento. Lo unico bueno es que no nos damos cuenta de lo que podriamos haber sido y eso nos salva. Y nos vamos de cagnas.

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