En el descanso de un largo debate, Rajoy y Zapatero coinciden en el bar del Congreso. Son las 21:00 horas y comienza el telediario en la tele del bar: El presentador cuenta la historia de un hombre que está en el ático de un edificio y que amenaza con saltar al vacío.
Zapatero mira a Rajoy y le pregunta:
- ¿Crees que va a saltar?
- Eso parece – dice Rajoy.
- Pues yo creo que no – responde Zapatero.
Rajoy coloca un billete de 500 Euros sobre la barra y dice:
- ¿Apostamos?
Justo en el momento en que Zapatero pone su billete sobre la barra,el hombre del telediario salta y se mata.
Zapatero, muy afectado, le da su billete a Rajoy y le dice:
- Una apuesta es una apuesta. Toma tu dinero.
Luego, Rajoy se confiesa:
- Verás José Luis… Yo lo había visto ya en el telediario de las 15:00 y sabía que se tiraría.
Zapatero responde:
- Yo también lo había visto, ¡pero con el porrazo que se daba, ¿cómo iba yo a pensar que se le ocurriría volver a tirarse?!
Lo he visto esta mañana en nosedonde. Es un viejísimo chiste de los gangosos de Arévalo, y ahora, al ver su planteamiento sabiendo que uno de los protagonistas es Zapatero, puedes no conocer su final, pero es facilmente previsible. Previsible... Rajoy lo dice mucho “Seré un presidente previsible, patriota, independiente, moderado y resolutivo”. Cuando quiso halagar a Basagoiti, el del Pepé vasco dijo de él que era un político “de fiar” y “previsible”, y le encantó cuando la Salgado, para herirle en el debate de los presupuestos le dijo que era previsible, lo que le dió la oportunidad de enorgullecerse de su previsibilidad frente a las ocurrencias y el andar a salto de mata del gobierno socialistas. Luego, seguro que le dió mucha risa cuando Zeta, para apoyar a su ministra, se lamentó de “la falta de ideas de un Rajoy previsible y reiterativo”.
Pues resulta que Zapatero, el Presidente de nuestro gobierno, el ganador de dos elecciones generales seguidas, el del talante, el de las cuotas de mujeres en los ministerios, el feminista y rojo, el valedor de Pepiño, ha conseguido, por fin, dejar medio abandonada su merecida fama de ocurrente para empezar a ser percibido como un Presidente “previsible”, especialmente, cuando sale fuera de España. La última parida exterior la ha soltado en Etiopía, donde ha dejado claro que los países africanos deben sentir a España como al país más cercano de todos los europeos, que manda güebos decir esa gilipollez en voz alta para que te oigan los previsibles inmigrantes. Pero no obstante las patadas en la espinillla que con seguridad le ha dado alguno de su séquito (que alguno listo tendrá, digo yo), para que se quedara calladito, ha seguido, y ha soltado que de ninguna manera va a disminuir la ayuda al desarrollo. Vamos, que los españoles estamos encantados con que nos permitan jubilarnos un par de años más tarde con tal de poder seguir entregando pasta a los gays y lesbianas de Zimbawe, perdonándoles la deuda que nos mantienen para que recuperen capacidad de crédito para comprar armas, y facilitando la corrupción y el enriquecimiento brutal de sus líderes tribales. Y si es necesario, también estaremos dispuestos a limitar las pensiones de viudedad, de horfandad o incluso las de jubilación si el interesado tiene otras rentas. Que nosotros no es que seamos solidarios, que nosotros vamos más allá todavía: somos una sarta de gilipollas sin enmienda.
Porque, por fin, Zapatero se ha consolidado como un presidente previsible para todos los observadores internacionales (bueno, para los españoles tambien lo es: cuando dice algo, es previsible que esté mintiendo). Porque siempre que abre la boca fuera de España pasa lo mismo: la caga. Si consigue decir algo concreto en España suele ser mentira, pero fuera de aquí la caga. Siempre nos deja en ridículo. ¿Que no?. A ver, busca una actuación internacional en la que no lo hiciera. ¿Cuando en Túnez pidió a los aliados de USA que huyeran de Iraq? ¿Cuándo en la Asamblea General de la ONU soltó que la culpa de la crisis la tenía el calentamiento global (o el cambio climático, que no me acuerdo qué tocaba)? ¿Cuando lo de “Laspañ vote ui, Lafrans vote ui, Laeugop vote ui? ¿Cuando lo del fracaso de Merkel? ¿Cuando lo del sorpasso a Italia y Francia en peibé? ¿Cuando se reveló como Poeta de la Tierra y el Viento en Copenhage? ¿Cuando lo de las sanciones a los estados incumplidores del pacto de estabilidad? ¿Cuando lo de la Champions de la economía? ¿Cuando dijo que el objetivo de la presidencia española era sacar a Europa de la crisis? ¿Cuando abogó por un gran pacto social europeo por la reducción del paro? ¿Cuando lo del sistema financiero mas sólido del mundo mundial? ¿Cuando lo de “tengan fé en España” que pidió en el Foro de Davos? ¿Cuando también en Davos se dedicó a alabar las bondades del equilibrio presupuestario mientras todos sabían que sufrimos un déficit del doce por ciento del peibé, o sea, del carajolavela? ¿Cuando lo de ilegalizar la crisis, que decía WSJ? Vamos, que es absolutamente previsible que si abre la boca diga una estupidez.
Si es que ya no tiene remedio. Cuando te empiezan a contar un chiste de Zapatero, ya se empieza a prever que se trata de un chiste de tontos. Y viceversa, que si el chiste va de tontos, ya siempre sospechas que va de Zapatero. Es previsible. Y está siendo demoledor, que no hay nada más eficaz que la burla para provocar la entrada en barrena. Ya desde la aparición estelar de Mr. Bean en la página de la presidencia española de la UE se percibe como sin remedio por sus propios partidarios, que le ven ya las orejas al lobo, que en este país se puede votar a un asesino, a un violador de niños, a cualquier friqui que se presente, salvo que parezca tonto. A Gil y Gil, si, pero a un payaso, a Mr. Bean, no le vota nadie. Tanto es así, que hasta El País le ha dicho que calladito está más guapo. Bueno, no lo ha dicho así, que para algo es académico Cebrián, en el editorial grande ha dicho que “deben cuidarse las comparecencias públicas del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero”, o sea, que especialmente ahora que llevamos la Presidencia de Europa, los guiones se le deben dar redactados por alguien de fuste, que las cosas que se van a decir en representación de España no pueden ser improvisadas por un cantamañanas ensoberbecido. Por la cuenta que nos trae.
Zapatero mira a Rajoy y le pregunta:
- Eso parece – dice Rajoy.
- Pues yo creo que no – responde Zapatero.
Rajoy coloca un billete de 500 Euros sobre la barra y dice:
- ¿Apostamos?
Justo en el momento en que Zapatero pone su billete sobre la barra,el hombre del telediario salta y se mata.
Zapatero, muy afectado, le da su billete a Rajoy y le dice:
- Una apuesta es una apuesta. Toma tu dinero.
Luego, Rajoy se confiesa:
- Verás José Luis… Yo lo había visto ya en el telediario de las 15:00 y sabía que se tiraría.
Zapatero responde:
- Yo también lo había visto, ¡pero con el porrazo que se daba, ¿cómo iba yo a pensar que se le ocurriría volver a tirarse?!
Lo he visto esta mañana en nosedonde. Es un viejísimo chiste de los gangosos de Arévalo, y ahora, al ver su planteamiento sabiendo que uno de los protagonistas es Zapatero, puedes no conocer su final, pero es facilmente previsible. Previsible... Rajoy lo dice mucho “Seré un presidente previsible, patriota, independiente, moderado y resolutivo”. Cuando quiso halagar a Basagoiti, el del Pepé vasco dijo de él que era un político “de fiar” y “previsible”, y le encantó cuando la Salgado, para herirle en el debate de los presupuestos le dijo que era previsible, lo que le dió la oportunidad de enorgullecerse de su previsibilidad frente a las ocurrencias y el andar a salto de mata del gobierno socialistas. Luego, seguro que le dió mucha risa cuando Zeta, para apoyar a su ministra, se lamentó de “la falta de ideas de un Rajoy previsible y reiterativo”.
Pues resulta que Zapatero, el Presidente de nuestro gobierno, el ganador de dos elecciones generales seguidas, el del talante, el de las cuotas de mujeres en los ministerios, el feminista y rojo, el valedor de Pepiño, ha conseguido, por fin, dejar medio abandonada su merecida fama de ocurrente para empezar a ser percibido como un Presidente “previsible”, especialmente, cuando sale fuera de España. La última parida exterior la ha soltado en Etiopía, donde ha dejado claro que los países africanos deben sentir a España como al país más cercano de todos los europeos, que manda güebos decir esa gilipollez en voz alta para que te oigan los previsibles inmigrantes. Pero no obstante las patadas en la espinillla que con seguridad le ha dado alguno de su séquito (que alguno listo tendrá, digo yo), para que se quedara calladito, ha seguido, y ha soltado que de ninguna manera va a disminuir la ayuda al desarrollo. Vamos, que los españoles estamos encantados con que nos permitan jubilarnos un par de años más tarde con tal de poder seguir entregando pasta a los gays y lesbianas de Zimbawe, perdonándoles la deuda que nos mantienen para que recuperen capacidad de crédito para comprar armas, y facilitando la corrupción y el enriquecimiento brutal de sus líderes tribales. Y si es necesario, también estaremos dispuestos a limitar las pensiones de viudedad, de horfandad o incluso las de jubilación si el interesado tiene otras rentas. Que nosotros no es que seamos solidarios, que nosotros vamos más allá todavía: somos una sarta de gilipollas sin enmienda.
Si es que ya no tiene remedio. Cuando te empiezan a contar un chiste de Zapatero, ya se empieza a prever que se trata de un chiste de tontos. Y viceversa, que si el chiste va de tontos, ya siempre sospechas que va de Zapatero. Es previsible. Y está siendo demoledor, que no hay nada más eficaz que la burla para provocar la entrada en barrena. Ya desde la aparición estelar de Mr. Bean en la página de la presidencia española de la UE se percibe como sin remedio por sus propios partidarios, que le ven ya las orejas al lobo, que en este país se puede votar a un asesino, a un violador de niños, a cualquier friqui que se presente, salvo que parezca tonto. A Gil y Gil, si, pero a un payaso, a Mr. Bean, no le vota nadie. Tanto es así, que hasta El País le ha dicho que calladito está más guapo. Bueno, no lo ha dicho así, que para algo es académico Cebrián, en el editorial grande ha dicho que “deben cuidarse las comparecencias públicas del presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero”, o sea, que especialmente ahora que llevamos la Presidencia de Europa, los guiones se le deben dar redactados por alguien de fuste, que las cosas que se van a decir en representación de España no pueden ser improvisadas por un cantamañanas ensoberbecido. Por la cuenta que nos trae.

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