viernes, 12 de febrero de 2010

La trampa del pacto de estado

Se acaba de decidir que es necesario ayudar a Grecia (que, por cierto, estará manga por hombro, pero tiene la mitad de parados que España). Y se acaba de decidir cómo hacerlo: lanzando el mensaje de que ayudarán, sin soltar la pasta aún. Se han reunido Merkel, Sarkozy, Van Rompuy, Durao Barroso, Trichet, esto es, los que cuentan en Europa, con Papandreu, el más interesado, y se han echao p’alante por eso de que Grecia, aunque sea un país oficialmente pillado en mentira, aunque se haya metido en un cenagal de gasto irresponsable que le ha llevado al borde de la suspensión de pagos, es un país amiguete y no se puede permitir que sea intervenido por el FMI, así que lo van a intervenir entre Alemania y Francia, prestando la UE la cara institucional y el Banco central Europeo coordinando los mecanismos. ¿Y España?. ¿Y Zapatero? ¿dónde está Zapatero? ¿No era Presidente de la UE (de turno) Zapatero? ¿No estará con Obama conjuntando el planeta? ¿o si?.

Pues no estaba. Zapatero no estaba en la toma de semejante decisión, quizá la única importante después de la de la adopción de la moneda única. Los que mandan en solitario en la economía del euro desde que un gilipollas que pretendía "volver al corazón de Europa" siendo dialogante y bueno renunció gratis a los dos votos de más que uno de bigote había arrancado y que hacían necesario contar con España para cualquier decisión importante, han pasado de Zeta. Los europeos importantes han dicho, sin decirlo, que Zapatero no se entera de nada, que su opinión, si es que tiene alguna sobre el tema que se discute, suele ser inútil, que lo único que le interesa es salir en la foto y, además, la estropea. Aunque le toque la presidencia del semestre, ni Zeta ni España son necesarios ni útiles en la toma de decisiones importantes.

Y eso que ayer la Ministrita Salgado ofreció a España para participar en el rescate de los griegos. Como si supiéramos qué hacer. Como si nos sobrase la pasta. Como si tuvieramos para todo, Como si no hubiéramos duplicado nuestra deuda en un año. Como si no hubiéramos pasado de crecer al tres y medio por ciento a decrecer a la misma tasa sin contabilizar la depreciación de la burbuja inmobiliaria, como si no hubiéramos pasado de un superávit del dos por ciento a un déficit del once y medio por ciento del peibé, como si no duplicáramos a Grecia en porcentaje de parados incluso con la cuenta maquillada. Seremos "protagonistas de la solución", decía anteayer Salgado, porque, seguía, estaban en “conversaciones constantes”. Y hoy han pasado de nosotros. Vayustásaber de qué iban las constantes conversaciones, pero no deben haber sido demasiado agradables, porque la apelación unánime y apremiante que acaba de surgir a un “Pacto de Estado” con el Pepé, ofrece más bien una cierta olisquilla a que se han hecho caquita, a que Zapatero se ha dado cuenta, por fin, de que sus estupideces van a conseguir que pase a la historia como el traidor que devolvió España a la condición de país africano si no hace algo serio y eficaz ya mismo. Así que va a hacer algo, y no precisamente para evitar la africanidad, sino para tener alguien a mano a quien culpar del desastre y volver a ganar las elecciones, y por supuesto en dos mil doce, no ahora.

Porque de lo que se trata es de preparar el debate de la semana que viene en el Parlamento para que en lugar de pasar unas horas viendo como Zeta recibe estopa a mansalva, pasemos esas mismas horas viendo como el mismo indeseable pájaro llama irresponsable y antipatriota al Pepé por no aplaudir, feliz y entusiasmado por ser llamado "a arrimar el hombro" y sumarse a un pacto a ciegas, de comenzar así a desactivar la mayoría absoluta que predicen las encuestas que tendría hoy el Pepé, se trata de debatir sobre un "pacto" y no sobre la crisis y su demencial gestión, y de agarrarse al sillón. En ningún caso está dispuesto Zapatrola a dar paso a Solana, Almunia o Rubalcaba, y menos aún a convocar unas elecciones anticipadas que perdería con toda seguridad. Lo que ha decidido es eso, convocar un pacto de estado, la última baza que le queda para salir más o menos indemne del desaguisado, para desarmar a Mariano sin dejarle meter mano a nada, porque no pretenderás que el Pepé intente siquiera imponer nada al gobierno legítimo de la nación, y para quedar como buenísimo ante los votantes, aunque no vaya a poner remedio a lo de la africanidad no tanto porque no sepa ponerlo, que ya le han dicho su amiguete el Nobel Krugman y el guru Roubini en Davos lo que tiene que hacer, como porque no quiere, que a él lo que menos le importa es cómo nos va y lo que más, que él y sus amiguitos puedan seguir mandando.

Así que ha pillado al Rey, que ya demostró en Navidad que se identifica de punta a rabo con el zapaterismo y que repite sin rubor las consignas que tengan a bien disponer, y le ha encargado pedir al Pepé que trague y que se entregue con armas y bagajes a lo que mande el Faro de la Alianza, el Apostol del la Tierra y el Viento, el Cantamañanas de Copenhague. Y el Rey, parece mentira, se ha puesto a ayudar a ese insensato a eludir unas elecciones que le están pidiendo a gritos cuatro millones y medio de parados, la realidad y la cordura. Encantada está la arpia de la Marivice, que acaba de decir que también el rey "arrima el hombro". Ahora mismo debe estar todavía reunido con los sindicatos para convencerles de que no convoquen una huelga que, eso sí provocaría una disolución casi obligatoria del Parlamento (la cohesión social es ya lo único de lo que alardea Zeta), para que cancelen la manifestación prevista para el día veintitres, que podría ser la mayor movilización nunca conseguida por los sindicatos, y para que se unan al "pacto de estado" ese que prepara Zapatero, de manera que el Pepé pueda quedarse solo y como Cagancho en Almagro si no deglute con una sonrisa la bazofia de su adhesión inquebrantable a lo que diga Zeta, que si no se une al pacto, ya puede despedirse de ganar unas elecciones que hoy tiene en la mano, porque sería de todas, todas, el culpable del desastre y de toda la pobreza y proletarización que estos sinvergüenzas disfrazados de buenas personas nos están generando, a veces creo que voluntariamente, bajo el síndrome de Münhhausen.

Pero entonces, el pacto ese, ¿de qué va? ¿no había dicho Zeta que no era posible un pacto económico por las diferencias ideológicas? ¿respetaría Zapatero ese pacto?. Pues vamos a ver. Debemos partir de que Zapatero traicionará a Rajoy en cuanto tenga la menor oportunidad y la traición le ofrezca el menor rédito electoral o táctico, seguro que lo hace, que el personaje es muy poco de fiar, Zeta traicionará a Rajoy con el mismo espíritu con el que traicionó el pacto antiterrorista (que ¡asómbrate! él mismo promovió estando en la oposición y la traición empezó coincidiendo con su misma firma), el pacto de la justicia, los grandes pactos de estado tácitos que se respetan en la totalidad de los países occidentales, como el de política exterior, de seguridad, de nombramientos e independencia en las instituciones, etc.

Pero al margen de cumplimientos y traiciones una vez asimilada la naturaleza del escorpión, obviando la utilidad de la materia para desviar problemas en el próximo debate, puedo abundar en la materia apuntando desde mi conocimiento de estos clasicos psocialistas, que de lo que trataría el pacto es, atendiendo a su finalidad, de que Zapatero no se vea obligado a presentar su dimisión, convocando elecciones o no, antes que de buscar con él una salida razonable al desplome, y desde un punto de vista operativo, de que Mariano, con las manos atadas por la altura de miras del pacto, diga que todas las medidas que proponga Zapatero son de lo mejor que imaginarse pueda, que han surgido de una mente preclara y que no sabe hasta donde podríamos caer si no se le hubieran ocurrido o si no se ponen en marcha, so pena de quedar como antipatriota.

O sea, que quieren ver a Mariano, Soraya, Espe, Gallardón, Feijoo, Camps, Arenas y Cospedal diciendo que el Nuevo Plan de Acerado Municipal es magnífico, que la jubilación a los setenta es imprescindible y gratificante (a mi me parece necesaria y útil para aquellos oficios en los que lo que se usa es el cerebro, desde luego, no para un paleta), que la reducción de los salarios de los funcionarios es algo que ellos harían si ganaran las elecciones y que el cálculo de las pensiones conforme a los últimos cincuenta años cotizados es perfectamente justo. Que el cierre de guarderías públicas es una forma estupenda de combatir el paro (y eso es verdad, si se hace, se quedan en su casa las madres de niños pequeños, probablemente bastante cientos de miles), que él siempre deseó una subida de impuestos a los ricos, que los vehículos de inversión con bonificación fiscal son injustos y que no hay miedo de que sus inversiones se desvíen a otra parte de Europa, por lo que hay que crujirlos, que los inmigrantes deben tener no los mismo, más derechos sociales que los nacionales, que los pobres han sufrido mucho para llegar aquí, que los crucifijos deben desaparecer de los lugares públicos, y quizá que deben ser sustituídos por la media luna, y que es fantástico cualquier tipo de estúpido derroche de raíces ideológicas, como los más de dos millones de pavos que soltaron el dos de diciembre para “actividades relacionadas con las víctimas de la guerra civil y del franquismo”. Que debe pararse la dotación de infraestructuras para ahorrar, que para mantener el consumo hay que seguir dando dinero a todo aquel que alegue que no tiene trabajo, que cobrar es un derecho, que las subvenciones a los titiriteros del sindicato de la ceja sirven para mantener el empleo en “el mundo de la cultura”, que está de acuerdo en prohibir terminantemente el despido como hacía el artículo 35 (creo) del franquista Fuero del Trabajo, como forma de dar una solución radical al aumento de las cifras de paro, que el incremento del número de liberados sindicales es una necesidad para defender a los trabajadores, al eslabón más débil de la cadena, en estos tiempos de crisis. Y Mariano deberá decir todo eso y que Zapatrolas es el más alto, el más guapo y el mejor amigo de Obama, que de la Vega no sólo es la más elegante, sino también la más simpática, que Pepiño la tiene más larga que nadie y que Leire es tan brillante, lúcida y competente como Zerolo, junto con muchas más cosas, que deberán ser sostenibles, solidarias y progresistas.

Porque lo único que quieren decir Zapatero, de la Vega et alii (y también el Rey, que manda güebos) cuando hablan de la necesidad del “pacto” es que el Pepé tiene la obligación de rendirse, de dejarse atar, de tragar sin un gesto, una lágrima ni un suspiro, sin rechistar o incluso aplaudiendo, cualquier ocurrencia que tengan a bien disponer los indocumentados del Consejo de Ministros o los parásitos de la cúpula sindical, que le van a mear en la cara y va a tener que decir que llueve porque “pacto”, para esta gentuza, es que la oposición asuma no ya las medidas, sino hasta las traiciones y la basurilla ideológica de quienes recibieron el apoyo mayoritario de los votos de un pueblo aborregado, acrítico hasta la extenuación y enredado en las mentiras de la no crisis, el pleno empleo y la champions de la economía. ¡Y ay de ellos si no se tragan la boñiga! las bases psocialistas volveran a lanzar piedras contra las sedes populares y les acusarán de "asesinos" y "corruptos", los medios afectos les maldecirán al grito de “antipatriotas” y “traidores” y los desafectos apelarán a "la responsabilidad que falta en el principal partido de la oposición en estos tiempos de zozobra para cuya superación todos debemos aunar esfuerzos" (y es que me refiero a El Mundo, tan necesitado de financiación como Público o El País).

Por lo pronto, la Salgado ya ha anunciado otra brutal subida de impuestos (bueno, se ha limitado a decir que hay que repensar el marco fiscal), lo que quiere decir que para reducir los efectos publicitarios chungos que les está suponiendo el desastre económico, para no quedar como los malos, y para poder exhibir ante la prensa anglosajona un aparente esfuerzo de control del déficit, van a descoyuntar a mazazo impositivo las finanzas de “los ricos”, de “los especuladores” y de “los empresarios insolidarios”, les van a crujir, o sea, que están dispuestos a llevarse por delante la estructura productiva que queda mientras solicitan formalmente el pacto de estado al Pepé. ¿Y qué puede hacer Mariano?

Pues, inevitablemente, Mariano debe tragar, o mejor aún, adelantarse a pedirlo dejando clarísimo de entrada que este tipo de pacto se suscribe para poner en marcha medidas altamente impopulares e imprescindibles, o sea, que el gobierno deberá hacer expresa su intención de dar un giro radical a los principios económicos que ha seguido hasta ahora (y desde luego, que el giro no sea de trescientos sesenta grados, que prometía un preboste menor psocialista hace unos años), y hacerlo antes de que empiecen con la política fiscal del gesto a la galería, la de quedar bien con su público, la de dejar contentos a los sindicatos dañando a los empresarios aunque dañen también la economía, la que hace que el parado piense "yo estoy jodido, pero con lo que les saquen a los cabrones de los especuladores y lo que pillo de las chapuzas, el año que viene me voy de vacaciones a Mauricio".

Estoy convencido de que la opción única para salir con bien de la trampa es pedir, ya, ahora, que se llegue a ese pacto para cambiar el rumbo de la política económica, y suscribirlo no sin rechistar, que el perfecto pactista que es Rajoy (que no se nos olvide que Aznar lo eligió por su capacidad de negociar cualquier pacto y conducirlo por buena senda) deberá poner su cara killer (que la tiene) y dejar claro en público que cuando entienda que cualquier medida se propone o se ejecuta sin acordarlo antes con ellos, dará por roto el pacto, que por cualquier distracción ideológica que se pretenda poner en marcha mientras se está luchando contra la africanidad de España, como podría ser la Ley de Libertad Religiosa o la tolerancia con alguna inconstitucionalid factual de los catalanes, dará por roto el pacto, que el Pepé tendrá el derecho y la obligación de reclamar públicamente la adopción de las medidas que considere imprescindibles cuando el gobierno no quiera hacerlo, que los presupuestos deben reelaborarse para adecuarlos a las necesidades y a la realidad económica del país, restando de sus gastos, para empezar, toda medida que hubiera nacido como compensación al apoyo de un grupo parlamentario, y creo que, además, debe hacerse público el pacto de que se convocarán elecciones en otoño si las medidas que se adoptan no frenan por completo y de inmediato la caída de cualquiera de los parámetros que acreditan nuestro hundimiento, y en cualquier caso, a más tardar, en la primavera del año que viene coincidiendo con las autonómicas y municipales, para que los españoles elijamos quién debe pilotar la chalupa que es hoy España conociendo sin mentiras ni disfraces, ahora sí, la durísima realidad a la que nos han llevado estos calamitosos gestores con sus disparates de revolucionario de salón, de adolescente malcriado.

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