Hay que ser un carcamal para recordar a Wojciech Jaruzelski en sus buenos tiempos de Presidente de Polonia, firme contra las arremetidas de Lech Walesa y su bigote por un lado y del Papa Karol Wojtila, con cincuenta y dos años y cachas total, por otro, con su uniforme militar de enooorme gorra de plato, que el hombre era tendente a cabezón, y con esas gafas oscuras modelo palmero de Peret que le imprimían ese aspecto tan peculiar, besándose con Andropov, Chernienka o Gorbachov o declarando el estado de excepción en su país.
El tal Jaruzelski era un fascista de la peor especie que tuvo la suerte de abrir la mano en el último momento y así se salvó de un juicio sumarísimo y un paredón de parte de aquellos sindicalistas católicos que parecían los polacos como le pasó a su conmilitón, el inolvidable Ceaucescu (muy amigo de Carrillo, por cierto), ajusticiado media hora después de una pantomima de juicio en el que hasta su abogado defensor dijo que era un genocida y que merecía la muerte. Curiosamente, como si nos diera vergüenza a todos, no he encontrado en youtube ningún video traducido o subtitulado de esa parte del juicio a ese tipo y su mujer. Hay uno en el que se oye al fiscal, el veredicto del jurado y la propia y brutal ejecución y he encontrado otro en el que se oye al defensor, pero sin traducir. Que conste mi más absoluto desprecio por ese animal, pero hasta él merecía un juicio justo del que pudiera haber salido vivo.
Pues sigo hacia donde iba, a que el tal Jaruzelski ha contado en una entrevista que publicó El Mundo ayer que es otro más de los stalinistas más comunistas prosoviéticos que, de repente, abrazan la socialdemocracia con el fervor del converso. Y que voy a decir, que les veo sinceros, que estoy convencido de que con esa ideología se sienten extremadamente cómodos, que no son conversos, que es lo que esperaban pero en moderno, y no me refiero especialmente a las tendencias liberticidas y prohibicionistas de los socialdemócratas, cuya propensión a mantener vivita y coleando la máxima de Lenin que aconseja dictar leyes imposibles de cumplir para poder empapelar al disidente o al simplemente molesto, les lleva a funcionar con lo que el democrático líder contestó al socialista español Fernando de los Ríos, titular de calles y colegios: “Libertad, si, pero ¿para quién? ¿para qué?”, porque la cuestión era que ninguno estaba dispuesto a que de la “libertad” de criticar al gobierno resultara la "libertad" de acabar con el gobierno de los trabajadores, igual que ahora tampoco parecen sentirse cómodos con la posibilidad de que unas simples urnas llenas de papeletas les alejen de la transformación de la sociedad que constituye su destino en lo universal.
No es eso. Aunque donde finalmente acaba el socialismo es en el prohibicionismo, que deben estar felices nuestros progres de guardia ahora que unos científicos idiotas (antes había científicos locos que querían dominar el mundo, ahora sólo hay científicos idiotas que quieren hacerlo incómodo) han concluido que las bebidas azucaradas son malas para la salud, con lo que sin duda se estarán planteando prohibir la CocaCola y así dañar al imperio americano y proteger nuestra salud, que no pueden dejar esa cosa tan seria en nuestras propias manos, realmente creo que la querencia de la nomenklatura del desaparecido socialismo real por la fé socialdemócrata no se basa en el prohibicionismo, sino en que les está permitida, o incluso aconsejada, la mentira.
Efectivamente, en la extinta Unión Soviética, para mantener el pescuezo como nexo de unión entre la cabeza y los hombros no les quedaba mas remedio que cumplir con los planes de producción, unos planes tan absolutamente alejados de la realidad que no podían evitar mentir sobre su consecución, de tal forma que había años en los que la producción de trigo era tan elevada sobre los papeles que no solo cubría todas sus necesidades, sino que tenían incluso para exportar, mientras que en la realidad se estaba produciendo una hambruna que se llevaba por delante a millones de personas.
Y como eso, todo. Cuentan que la mitad de los misiles que paseaban en la Plaza Roja el 1º de Mayo eran de cartón piedra, como las fachadas de los pueblos que se atravesaban en los viajes en tren de los periodistas occidentales. No en vano la filosofía laboral de los alemanes orientales era “nosotros hacemos como que trabajamos y ellos hacen como que nos pagan”, porque tras el Telón de Acero no existía el paro porque se aplicaban las teorías que ahora mantienen nuestros mas avisados sindicalistas: el trabajo que haya se reparte entre todos, es decir, se miente en cuanto a la fuerza laboral empleada. Y así les pasó, que una crisis económica se llevó por delante a la URSS y a todos sus regímenes satélites.
O sea, que los prebostes de aquello se quedaron con lo de que les pone mucho mentir, y en materia laboral, más. Así que con su nueva ideología socialdemócrata deben estar encantados con el gobierno de Zapatrolas, que no contento con sacar de las cifras del paro unos cientos de miles de personas sin formación, porque sin tenerla, dicen, no pueden aspirar a encontrar empleo, acaba de descubrir un nuevo argumento para negar la crisis, el desempleo y el derrumbamiento de todo un país: sólo se han apuntado veinticuatro mil personas a la canonjía de los cuatrocientos veinte lereles por haber agotado la prestación por desempleo a cambio de recibir cursos de formación, así que, para mas apretar, han propalado la especie de que la economía sumergida española alcanza el treinta por ciento del peibé.
El argumento y sus conclusiones ya las exhibía una de las locutoras progres que pueblan las emisoras de radio en la sobremesa. Vale, era la que menos luces tiene, pobrecita, pero lo decía con la misma convicción que defiende su feminismo positivamente discriminatorio. No, no hablo de la nula solidez del argumentario que utiliza, sino de la pasión que pone para defenderlo. ¡Ni de lejos hay un dieciocho por ciento de paro!, clamaba, ¡no llega ni a la mitad!. La prueba la localizaba en que no llegan los solicitantes a un cerocinco por ciento de los supuestos parados, luego no lo piden para no tener que asistir a los cursos de formación porque se dan en horario laboral, y si además el treinta por ciento del peibé está sumergido, el treinta por ciento de los que tienen trabajo también y cuentan como parados de pata negra. Por eso es por lo que en Francia, con un once por ciento de paro, hay movilizaciones y huelgas de los trabajadores, porque es un once por ciento real. Si aquí hubiera un once por ciento de parados reales, habría asaltos de supermercados.
Para bien o para mal, no todos los habituales abajofirmantes y líderes de opinión en general son tan cortitos como la locutora, y los sagaces argumentos que he transcrito no se suelen repetir, quizá más como consecuencia de su fácil desmontabilidad que por ser claramente falaces, que no les importa mentir. Y es que en caso de ser correctos tendríamos a huevo la salida del pozo: habida cuenta de que son las prestaciones sociales la principal partida presupuestaria y la que más crece como consecuencia del aumento del paro, si el treinta por ciento de los parados fueran trabajadores sumergidos, bastaría con obligarles a recibir una clase diaria, por ejemplo, de geografía, de diez y media a once y media, y un treinta por ciento de los parados se tendrían que borrar de la lista. Adiós parados, adiós pago de prestaciones, adiós déficit. Desgraciadamente, el paro es real, la crisis es real y el déficit que terminarán de pagar nuestros nietos es real.
Pero el caso es que dejar de utilizar todos estos argumentos me parece excesivo para estos socialdemócratas tan admirados por Jaruzelski, sobre todo teniendo en cuenta que en otras materias utilizan otros igual de torpes o más y cuelan sin problemas, que su público no necesita una mayor seriedad y que no les importa una higa que sean directamente mentira. ¿No será que los están reservando para una campaña electoral?. Tengo la impresión de que si empezamos a oirlos masivamente, será la señal para que empecemos a afilar las papeletas. Atentos.
Pues sigo hacia donde iba, a que el tal Jaruzelski ha contado en una entrevista que publicó El Mundo ayer que es otro más de los stalinistas más comunistas prosoviéticos que, de repente, abrazan la socialdemocracia con el fervor del converso. Y que voy a decir, que les veo sinceros, que estoy convencido de que con esa ideología se sienten extremadamente cómodos, que no son conversos, que es lo que esperaban pero en moderno, y no me refiero especialmente a las tendencias liberticidas y prohibicionistas de los socialdemócratas, cuya propensión a mantener vivita y coleando la máxima de Lenin que aconseja dictar leyes imposibles de cumplir para poder empapelar al disidente o al simplemente molesto, les lleva a funcionar con lo que el democrático líder contestó al socialista español Fernando de los Ríos, titular de calles y colegios: “Libertad, si, pero ¿para quién? ¿para qué?”, porque la cuestión era que ninguno estaba dispuesto a que de la “libertad” de criticar al gobierno resultara la "libertad" de acabar con el gobierno de los trabajadores, igual que ahora tampoco parecen sentirse cómodos con la posibilidad de que unas simples urnas llenas de papeletas les alejen de la transformación de la sociedad que constituye su destino en lo universal.
No es eso. Aunque donde finalmente acaba el socialismo es en el prohibicionismo, que deben estar felices nuestros progres de guardia ahora que unos científicos idiotas (antes había científicos locos que querían dominar el mundo, ahora sólo hay científicos idiotas que quieren hacerlo incómodo) han concluido que las bebidas azucaradas son malas para la salud, con lo que sin duda se estarán planteando prohibir la CocaCola y así dañar al imperio americano y proteger nuestra salud, que no pueden dejar esa cosa tan seria en nuestras propias manos, realmente creo que la querencia de la nomenklatura del desaparecido socialismo real por la fé socialdemócrata no se basa en el prohibicionismo, sino en que les está permitida, o incluso aconsejada, la mentira.
Efectivamente, en la extinta Unión Soviética, para mantener el pescuezo como nexo de unión entre la cabeza y los hombros no les quedaba mas remedio que cumplir con los planes de producción, unos planes tan absolutamente alejados de la realidad que no podían evitar mentir sobre su consecución, de tal forma que había años en los que la producción de trigo era tan elevada sobre los papeles que no solo cubría todas sus necesidades, sino que tenían incluso para exportar, mientras que en la realidad se estaba produciendo una hambruna que se llevaba por delante a millones de personas.
Y como eso, todo. Cuentan que la mitad de los misiles que paseaban en la Plaza Roja el 1º de Mayo eran de cartón piedra, como las fachadas de los pueblos que se atravesaban en los viajes en tren de los periodistas occidentales. No en vano la filosofía laboral de los alemanes orientales era “nosotros hacemos como que trabajamos y ellos hacen como que nos pagan”, porque tras el Telón de Acero no existía el paro porque se aplicaban las teorías que ahora mantienen nuestros mas avisados sindicalistas: el trabajo que haya se reparte entre todos, es decir, se miente en cuanto a la fuerza laboral empleada. Y así les pasó, que una crisis económica se llevó por delante a la URSS y a todos sus regímenes satélites.
O sea, que los prebostes de aquello se quedaron con lo de que les pone mucho mentir, y en materia laboral, más. Así que con su nueva ideología socialdemócrata deben estar encantados con el gobierno de Zapatrolas, que no contento con sacar de las cifras del paro unos cientos de miles de personas sin formación, porque sin tenerla, dicen, no pueden aspirar a encontrar empleo, acaba de descubrir un nuevo argumento para negar la crisis, el desempleo y el derrumbamiento de todo un país: sólo se han apuntado veinticuatro mil personas a la canonjía de los cuatrocientos veinte lereles por haber agotado la prestación por desempleo a cambio de recibir cursos de formación, así que, para mas apretar, han propalado la especie de que la economía sumergida española alcanza el treinta por ciento del peibé.
El argumento y sus conclusiones ya las exhibía una de las locutoras progres que pueblan las emisoras de radio en la sobremesa. Vale, era la que menos luces tiene, pobrecita, pero lo decía con la misma convicción que defiende su feminismo positivamente discriminatorio. No, no hablo de la nula solidez del argumentario que utiliza, sino de la pasión que pone para defenderlo. ¡Ni de lejos hay un dieciocho por ciento de paro!, clamaba, ¡no llega ni a la mitad!. La prueba la localizaba en que no llegan los solicitantes a un cerocinco por ciento de los supuestos parados, luego no lo piden para no tener que asistir a los cursos de formación porque se dan en horario laboral, y si además el treinta por ciento del peibé está sumergido, el treinta por ciento de los que tienen trabajo también y cuentan como parados de pata negra. Por eso es por lo que en Francia, con un once por ciento de paro, hay movilizaciones y huelgas de los trabajadores, porque es un once por ciento real. Si aquí hubiera un once por ciento de parados reales, habría asaltos de supermercados.Para bien o para mal, no todos los habituales abajofirmantes y líderes de opinión en general son tan cortitos como la locutora, y los sagaces argumentos que he transcrito no se suelen repetir, quizá más como consecuencia de su fácil desmontabilidad que por ser claramente falaces, que no les importa mentir. Y es que en caso de ser correctos tendríamos a huevo la salida del pozo: habida cuenta de que son las prestaciones sociales la principal partida presupuestaria y la que más crece como consecuencia del aumento del paro, si el treinta por ciento de los parados fueran trabajadores sumergidos, bastaría con obligarles a recibir una clase diaria, por ejemplo, de geografía, de diez y media a once y media, y un treinta por ciento de los parados se tendrían que borrar de la lista. Adiós parados, adiós pago de prestaciones, adiós déficit. Desgraciadamente, el paro es real, la crisis es real y el déficit que terminarán de pagar nuestros nietos es real.
Pero el caso es que dejar de utilizar todos estos argumentos me parece excesivo para estos socialdemócratas tan admirados por Jaruzelski, sobre todo teniendo en cuenta que en otras materias utilizan otros igual de torpes o más y cuelan sin problemas, que su público no necesita una mayor seriedad y que no les importa una higa que sean directamente mentira. ¿No será que los están reservando para una campaña electoral?. Tengo la impresión de que si empezamos a oirlos masivamente, será la señal para que empecemos a afilar las papeletas. Atentos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario