viernes, 30 de octubre de 2009

¿Xenofobia?

Una de las historias tremendas que se contaban en la tierra en que crecí sobre lo que pasaba durante la guerra civil (una tierra que fué republicana hasta que el General Galera Paniagua entró allí un dia después del bando ese de “cautivo y desarmado...”), versaba sobre que una de las cosas que hacían los milicianos cuando iban a ajusticiar a alguien por ser religioso ordenado o simplemente por ir a misa: usar la tortura para hacer abjurar al prisionero de la religión, para que ofendiera una imagen sagrada, para que blasfemara o para que hiciera alguna barbaridad por el estilo justo antes de matarlo, y así, además de ser muerto, el fascista ejecutado era enviado al infierno por toda la eternidad. Es una historia que cuadra con otra que me contaron sobre un pastor anglicano español que intentaba reintroducir en la vida religiosa a un ateo notorio en otro de esos pueblos de mi tierra, y el ateo le decía “Si no creo en mi religión, que es la única verdadera, ¿cómo pretendes que a estas alturas crea en otra?”.

He recordado estas dos historias leyendo una entrevista a Jordi Pujol, que pasado ya de todo, puede permitirse el lujo de decir lo que piensa sin necesidad de acoplarse a la corrección política. Tanto es así, que ha llegado a decir “No te engañes: un español o un francés, agnóstico o ateo, es un cristiano, de cultura, de fondo, de raíz, de valores fundamentales... Y un turco o un egipcio, ateo o agnóstico, es un musulmán”. Bueno, lo ponía en boca de Pacordoñez, pero haciéndolo propio hablando de una posible entrada de Turquía en la UE. Y es que es verdad, hasta los agnósticos más indiferentes, hasta los ateos mas crueles de este país, en el fondo en el fondo, son creyentes cristianos aunque asesinen religiosos por serlo o aunque se pasen la vida dando la vara a todo el que soporte su cháchara monotemática contra Dios, la Iglesia y los curas, como ese minicolumnista diario de El Mundo, que cada vez está más obsesionado con la Iglesia y los curas, y cada vez más empeñado en demostrar que tanta carrera y tanto premio y oposición ganada no impide ser un idiota redomado, aún siendo monflorita.

Tengo que confesar que a mí me toca mucho los pelendengues que Turquía, un país en el que las elecciones las ganan partidos islamistas, pueda entrar en una Europa creada bajo un esquema cultural judeo cristiano, que a su vez tiene todas las raices grecolatinas, y sólo gracias a ese esquema, por más que le pese a Giscard d'Estaigne, que se negó a dejarlo expreso en la afortunadamente fallida Constitución Europea. A pesar de Ataturk y sus intentos laicistas y proeuropeos. Porque parece evidente que Ataturk fracasó, no consiguió erradicar las bases socioculturales islámicas de ese país, que si no está ya absolutamente alejado de la posibilidad de entrar en Europa, es exclusivamente porque aquí sí que están funcionando los intentos de eliminar nuestras propias raices socioculturales, consecuencia de haber dejado en manos de una patulea de europeos de pensamiento superficial la orientación de la cultura oficial, porque se esas políticas culturales se ejecutan desde la imposición del relativismo, el buenismo y la multiculturalidad, porque hay algunos progres semiiletrados que todavía están por la labor, y porque en algunos paises tienen que contar con la minoría cada vez menos minoritaria musulmana a la hora de conservar votos, en esos países en los que ya hemos perdido la primera batalla. Como si de verdad quisiéramos acabar con esta civilización.

Si el buenismo es el hijo tonto del cristianismo y el relativismo es la consecuencia inevitable de una Ilustración mal entendida, el multiculturalismo es el efecto bastardo del cruce de los anteriores pasado por el tamiz de la estupidez. Mira, de verdad, si una parte de la población se siente motivada oyendo música interpretada con panderos, dulzainas y violines rascatripas, guitarritas hechas con caparazón de armadillo o marimbas y timbales, allá ellos, si comen usando sólo los tres primeros dedos de la mano derecha, que lo disfruten, si no pueden pasar sin picante de ese que te anestesia hasta las orejas despues de hacer que se te empañen las gafas, pues muy bien. Digamos todos juntos eso de ¡qué divertido, qué exótico! mientras palmeteamos. Eso si, si no les gusta que en los colegios concertados haya crucifijos, que se jodan, si sus niñas están obligadas a hacer deporte en pantalones cortos, que lo hagan, ¡y que no se les ocurra tocarles nada por mas que sea costumbre ancestral eso de la ablación del clítoris!, y si les molesta la celebración de la navidad, no les queda mas que aguantarse. O pillar un ferry hacia donde prefieran acompañados por todos los que proclaman que España es una parte de Marruecos ocupada por infieles.

Qué fuerte es decir esto, me produce el cosquilleo de lo prohibido. Y lo cierto es que me da un cierto resquemor dejarlo escrito, que en cualquier momento me clausuran el blog. Pero es que no lo digo yo, lo dice el Primer Ministro de Australia con un par. Pero a mí me llamarán fascista, y gente hay que quisiera echarme de mi país (o ajusticiarme en una cuneta después de hacerme blasfemar). Porque aquí ha cuajado lo de la solidaridad y la progresía.

Y es que manda güebos que esas mandangas que pueden ocasionar la desaparición de la más fértil civilización de la historia lleguen a calar y a dar votos a espuertas en este país de los duelos a garrotazos, esos en los que los contendientes, enterrados hasta las rodillas a un metro de distancia, se arreaban mutuamente hasta que uno quedaba reducido a pulpa sanguinolenta, en este país donde aún se usan frases como “querer quedarse con el oro y el moro” (querer quedarse con el rescate y mantener al cautivo para otra vez, quererlo todo) o "creerse que tiene un moro atado" (pensar que se posee algo por lo que se puede obtener un pastón, que algo propio es más valioso de lo que es en realidad), y en donde se aplaudían hasta hace nada los autos de fé de los marranos, o sea, de españoles judaizantes. Marranos... Aún se usa como insulto.

Pero cala, y cala bien lo progre. Y aunque de vez en cuando aflore nuestra auténtica naturaleza, siempre se intentará disfrazar de solidaridad progresista. Me explico. no hace mucho, la UGT de Sevilla pidió a los empresarios agrícolas que no recurrieran a trabajadores extranjeros para la campaña de la aceituna, luego, los comunistas de Marinaleda, esos que viven su comunismo a base de subvenciones, se han dedicado a expulsar a los extranjeros que estaban trabajando en su zona. Eso si, sacralizándolo todo en la protección de los derechos de los trabajadores, diciendo que lo hacen por su bien, para evitar que "los empresarios abusen de trabajadores inmigrantes, hermanos de clase, que contratados en Huelva mediante ETT's, a través de manijeros e intermediarios sin escrúpulos son salvajemente explotados haciéndoles trabajar 12 diarias para no llegar a pagarles ni el jornal establecido por ley en el convenio vigente", vamos que los dejaban sin trabajo para ayudarles, como suelen hacer los sindicatos. Porque las recetas de los sindicatos para combatir la crisis son, ya se sabe, refundar el capitalismo, no tocar en ningún caso el marco laboral, aumentar los salarios, subir los impuestos a los ricos, es decir, crujir a los empresarios, incrementar el gasto y la deuda pública, aumentar las subvenciones a los que menos tienen y obligar a los bancos a que expandan el crédito. Y vete tu a explicarles que si aumentas la deuda eliminas posibilidad de dar créditos a las familias o a las empresas, si aumentas los impuestos desincentivas la inversión, si mantienes el marco laboral contrariando lo que dicen la totalidad de los organismos internacionales que se ocupan de esas cosas de la economía, destruyes empleo y condenas a la miseria a otra generación de españoles y si se ha facilitado y se facilita la entrada de inmigrantes con la política de "papeles para todos", no podemos evitar que compitan con los trabajadores nativos por los pocos empleos existentes, ni que sea competencia se materialice en una reducción de sus exigencias salariales, que ellos no tienen plasmas ni vacaciones caribeñas o tailandesas que pagar, sino que sólo quieren vivir y enviar algo a su familia en su tierra. Y con los sindicatos no se puede hablar de esto porque como dicen en alguno de esos organismos europeos "Never argue with an idiot. They drag you down to their level and then beat you with experience."

Y ahora, atención todo el mundo. ¿cuánto falta para que las explosiones xenófobas contra el dumping laboral se extiendan por los barrios populares de las grandes ciudades? ¿cuánto falta para que la primera página de un periódico recoja la foto del que será el LePen español? ¿será posible que para no perder votos, el Partido Socialista se transforme en el Partido Nacional-Socialista? ¿cuánto falta?

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