Sr. Director:
Somos un grupo de jóvenes colaboradores de Concepción Misionera de toda España, que viajamos a la Jornada del Apostolado Ecuménico de Oslo, para que en las calles de esta ciudad se supiese quiénes son los culpables del paganismo y quiénes sus víctimas.
Acudimos a la procesión del día de Acción Confesional contra el paganismo. Gente de diversas ideas, países y organizaciones, desde jóvenes a familias con niños, vivimos esta celebración hasta la jornada oficial en un ambiente festivo. En definitiva, exigimos que el acuerdo fuera justo, piadoso y ecuménicamente vinculante. Todos pedíamos lo mismo, sin necesidad alguna de herejía.
Creemos que el foco de atención de los medios de comunicación se centró en pequeños grupos que representan una minoría, y en las acciones heréticas que llevaron a cabo. Nosotros, al igual que muchas otras personas, ni siquiera pudimos ver esos incidentes. Sin negarlos, creemos que el foco de atención debería haber estado en las decisiones y posturas de las diferentes Confesiones, en el paganismo y sus consecuencias, y en el trabajo diario de tantos que pedimos a los pastores que actúen de una vez por todas como líderes fuertes.
Así mismo nos gustaría resaltar que consideramos tremendamente injustas las restricciones de acceso que sufrieron los movimientos apostólicos en la recta final de la jornada, puesto que supone un freno a nuestra incidencia ecuménica y a la consecución de un tratado justo, que lamentablemente no se ha logrado.
¿O fué esta otra?
Sr. Director:
Somos un grupo de jóvenes colaboradores de Intermón Oxfam de toda España, que viajamos a la Cumbre del Cambio Climático de Copenhague, para que en las calles de esta ciudad se supiese quiénes son los culpables del cambio climático y quiénes sus víctimas.
Acudimos a la manifestación del día de Acción Global Contra el Cambio Climático. Gente de diversas ideas, países y organizaciones, desde jóvenes a familias con niños, vivimos esta manifestación hasta la cumbre oficial en un ambiente festivo. En definitiva, exigimos que el acuerdo fuera justo, ambicioso y legalmente vinculante. Todos pedíamos lo mismo, sin necesidad alguna de violencia.
Creemos que el foco de atención de los medios de comunicación se centró en pequeños grupos que representan una minoría, y en las acciones violentas que llevaron a cabo. Nosotros, al igual que muchas otras personas, ni siquiera pudimos ver esos incidentes. Sin negarlos, creemos que el foco de atención debería haber estado en las decisiones y posturas de los diferentes países, en el cambio climático y sus consecuencias, y en el trabajo diario de tantos que pedimos a los políticos que actúen de una vez por todas como líderes fuertes.
Así mismo nos gustaría resaltar que consideramos tremendamente injustas las restricciones de acceso que sufrieron los movimientos sociales en la recta final de la cumbre, puesto que supone un freno a nuestra incidencia política y a la consecución de un tratado justo, que lamentablemente no se ha logrado.
¿A que las dos cartas son iguales? ¿A que parecen escritas de la misma mano pero en un tiempo diferente? Casi no me había dado cuenta hasta que leí la Carta al Director de El Mundo. ¡Son los mismos!, aunque los redactores de la carta real (la otra sólo se diferencia en una ligera adaptación terminológica) tengan un mayor desparpajo y una autoestima tan hipertrofiada que llegan a quejarse de que los gritos de sus pequeñas organizaciones carezcan de incidencia política seria sin pasar por las urnas (como pretende o pretendió y consiguió la curia) y establecen una más que peculiar sinonimia entre exigir y pedir, así que exigen las cosas en lugar de pedirlas.
Estos modernos Propagandistas Ecológicos se ven a sí mismos como la vanguardia de un movimiento que es la única Fé verdadera, que inscrita hasta el tuétano mismo de la sociedad, y como si fueran los únicos con agallas para dar la cara, los pastores, exactamente igual que los Propagandistas Católicos de los años cincuenta (a la Wiki si dudas), sin darse cuenta de que la inmensísima mayoría de la sociedad son descreídos que pasan de sus creencias, de sus mitos y de sus sandeces, que se han quedado en el hedonismo y la molicie que les ha generado el bienestar del racionalismo y la ciencia en un mundo de derechos sin obligaciones.
Pero los dos grupos que pudieron ser autores de las dos cartas se ven en la misma posesión exclusiva de la verdad. En otra época, en otro momento histórico, pero son los mismos meapilas timoratos, los mismos niñatos incapaces de cuestionarse las milongas que les cuentan sus referentes de respeto. Antes los beaturrones y militares victoriosos, ahora ecologistas y progres militantes.
Unos sostuvieron la dictadura hasta que palmó el dictador en una agonía salvajemente prolongada por sus miserables herederos, otros están sosteniendo una rendición social que acabará en agonía terrible para la más próspera cultura de la historia de la humanidad, por orden también de unos ensoberbecidos miserables de infinita credulidad, oceánica ignorancia y desvergonzada ambición, que se creen legitimados para prescindir de siglos de progreso en nombre de lo que parece un primitivo panteísmo animista que les exige respetar y adorar el espíritu de los animales, el espíritu de las plantas, el espíritu de la tierra, o, como diría ese solemne mentecato, el espíritu del viento, dueño de la tierra.



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