Las crisis, todas las crisis, tienen su origen en múltiples causas, pero una de sus consecuencias siempre es que muchas empresas cierran, dejan de producir y la gente que trabaja en ella se va a la calle. Eso no tiene por qué ser malo, es más, si las cosas no se tuercen suele ser buenísimo, porque las empresas ineficaces desaparecen y las nuevas que se crean cuando las cosas cambian son mejores, más eficaces. Pero seguro que muy poca gente se pregunta cuál es el proceso de cierre de una compañía ni qué es lo que pasa cuando una compañía empieza a tener dificultades.A ver. Pensemos qué es una empresa. Eso es, la creación de un emprendedor, de un empresario, de un tipo que tiene una idea que piensa que puede ser buena y producir beneficios, así que pide dinero prestado y se pone a trabajar. Si la cosa funciona, empieza a contratar gente, a pagar impuestos en grandes cantidades y a meter la mayor parte de los beneficios otra vez en la empresa. Es la creación de un tipo de acción.
Cuando las cosas empiezan a ir mal, el hombre de acción sigue en su línea. ¿qué se necesita para salir con bien de un concurso? Pues fácil: dinero. Si, se necesita dinero, y mucho, para pagar a los abogados que te tienen que defender, que si no cobran por adelantado no mueven un papel, a los interventores judiciales, que si no cobran te hacen la vida imposible, para pagar a los proveedores estratégicos que van a tener que suministrarte lo que necesites para seguir trabajando (si quieres seguir) y a los bancos que te tienen pillada tu casa como garantía de los préstamos, que no son todos. Pero claro, lo que no tienes es precisamente eso. Falta dinero.
Y la pasta, en esa situación, ¿de dónde coño se saca? Pues, evidentemente, dejando cosas sin pagar. Hay que aguantar la empresa hasta que venzan los créditos que tienen tu casa como garantía mientras se dejan de pagar otras cosas para reunir cash con el que cancelar esos créditos. Se dejan de pagar impuestos, seguridad social y a los empleados, y, finalmente, cuando ya te han pagado una remesa de productos grande, en vez de fabricarlos le das el dinero necesario a los abogados, guardas lo demás para pagar a los interventores judiciales (que esos son otros) y declaras el concurso. Por supuesto, esos productos que te han facilitado el dinero de los abogados y los interventores no los entregas porque no has podido ni siquiera comprar las materias primas, casi casi es un timo. De lo que queda, por supuesto, el que primero cobra es el estado, que hace nada cambió la ley para no ser un acreedor ordinario, y a las empresillas acreedoras que les vayan dando. No será este gobierno quien se preocupe por ellas ni por sus dueños, que todos ellos son malvados empresarios.
Eso hizo Air Madrid hace unas navidades, en las de 2006. ¿Os acordáis? Dejó en tierra a unos miles de inmigrantes americanos que habían comprado y pagado sus billetes de ida y vuelta a sus países en Navidad a unos precios asombrosamente bajos (vaya, la necesidad de cash). Curioso que una empresa a punto de quebrar fuera la que ofrecía el producto más barato del sector ¿no?. Intervino el Gobierno Circunflejo, y para sacar dinero suficiente para devolver la pasta a los que se habían quedado en tierra, convenció a otro empresario del sector para que se quedara con los aviones, los slots y el modelo de negocio de la fenecida Air Madrid. El cómo se convenció al pardillo que tuvo que endeudarse hasta los ojos no fue entonces un misterio. En cualquier caso, consiguió lo que buscaba.Ahora, un pequeño ejercicio de sagacidad: ¿quién fue el empresario del sector convencido para comprar aquellos aviones y aquellos slots? ¿cuáles fueron los argumentos utilizados para convencerlo? ¿qué pasó con la compañía que se quedó con los restos de Air Madrid? ¿se repetirá la maniobra?
Seguro que lo has adivinado. Efectivamente, el empresario obligado a comprar Air Madrid fue Díaz Ferrán, Presidente de la CEOE y dueño, por aquel entonces, de unas Aerolíneas Argentinas en trance de ser sustraídas por la cleptocracia de esos aliados del circunflejo que gobiernan el país que tiene como modelo social (aunque no sea consciente de ello, acabaremos igual), los Kirchner.
Los argumentos usados para convencer al pardillo debieron ser los que se podía esperar de esta gente: “o te quedas con ese truño, o te pierdes nuestro apoyo en Argentina”. Como es bien sabido, aún si el gobierno hizo alguna gestión, los argentinos pasaron de ZetaPé y de Moratinos como de comer caca de perro y se apropiaron de las Aerolíneas Argentinas.
La compañía que se quedó con los restos de Air Madrid fue Air Comet, que acaba de demostrar ahora mismo que el negocio de llevar y traer inmigrantes a Hispanoamérica no es buen negocio. Y acaba de repetir, también en Navidad, lo que hizo Air Madrid. Pegó el trueno el día veintiuno de diciembre y también quedándose con el dinero de la época del año con más viajes, o sea, con un buen puñado de efectivo. Curiosamente, por no se sabe qué misteriosas razones, hace no más de cinco días la Audiencia Nacional ha decidido no empitonar a Díaz Ferrán por el caso de Aerolíneas Argentinas.
Y la respuesta a la última pregunta, a la de si la actuación del de las cejas o de su alegre pandilla va a ser la misma, si va a repetir la maniobra, es que no. Que no se repetirá. Ya no habrá un pardillo que se quede con los restos de Air Comet. Habrá millones de pardillos: nosotros. Acabo de oír al Gran Pepiño decir con toda la pompa y engolamiento que le corresponde, que por algo es Ministro de Fomento, que “el Gobierno de España se va a hacer cargo de que esa gente que legítimamente compró sus billetes" vaya a poder ir a sus países como si nada hubiera pasado. Por lo pronto, vamos a fletar entre todos cuatro vuelos a Lima y a Bogotá...Y es que, claro, se trata de inmigrantes de los que probablemente van a votar en las próximas municipales, de los que son objeto permanente de nuestra solidaridad (o es misericordia), de los que dan grandes voces en defensa de sus derechos, de los que acampan en Barajas, de los que están dispuestos a todo para que los españoles no les vuelvan a robar como hace quinientos años. Hay que ver qué diferencia de trato: si los acreedores son inmigrantes, el estado español pone dinero para que ni siquiera noten que se han visto envueltos en una quiebra. En cambio, si son empresarios españoles, el estado es el primero que cobra, aunque eso sea dañino para todos, incluso para la continuidad de las demás empresas acreedoras. Y si las empresas acreedoras quiebran también y dejan a más gente en la calle, pues no importa, como los sindicatos no protestan...
Pero, en fin, ¿os dais cuenta de los chanchullos a nuestro arededor? Quiebra una empresa de una forma que consigue llegar a los telediarios, y el gobierno se pone manos a la obra para que pare esa mala propaganda obligando a un particular a soltar la pasta, porque si no lo hace, y para eso hay amenaza implícita o explícita, el gobierno abdica de su obligación de defender los intereses españoles en el exterior. Y el comprador malamente defendido resulta que es el presidente de los empresarios, precisamente el que tiene que dar la cara en las negociaciones con los sindicatos y frente al mismo gobierno. Como ese negocio sigue sin funcionar y vuelve a quebrar, los paganos somos nada menos que los ciudadanos con impuestos, así seguimos siendo solidarios con los inmigrantes. Y la medalla se la pone el Gran Pepiño.
Y ojo a lo que se empieza a decir ya sobre el alcance de la crisis. Casi casi se habla de guerra civil. No os perdáis a Pedro Montes en El Confidencial. Es para salir huyendo.

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