Afortunadamente para todos, el fiestorro de Copenhague ha acabado con un desastre absoluto, ideológico y organizativo, para las intenciones de esos que pretenden volver a vivir respetando la naturaleza como hace diez mil años (y morir devorado por un animal, por un humano nada pacifista pero muy práctico, o directamente de hambre). Del fracaso sin paliativos de la cumbre ha dicho Obama que “es un acuerdo histórico”. Y a lo mejor tenía razón y se ha acabado ya la memez esta del fundamentalismo calentólogo.Pero Zapatero sólo ha necesitado ocho minutos y veinticinco segundos subido al estrado de los discursos para demostrar al mundo algo que nosotros sabemos pero fuera de Estepaís sólo sospechaban desde que estuvo diciendo tonterías (¿os acordáis de aquello de la la crisis era por el cambio climático?) encaramado al atril de la ONU: es un cantamañanas. Probablemente era el único mandatario que pensaba que era estupendo convocar una enooorme cumbre de prebostes sobre el Calentamiento Global en un país nórdico en pleno diciembre. Bueno, pensaría, como ya no se llama así, que lo correcto es decir “Cambio Climático”, no habrá problema, porque si hace mucho frío será por el Cambio Climático y si no hace será por el Cambio Climático, así que preparó un discurso para epatar al personal. "A ver Suso, tu que sabes escribir, prepárame algo para lo del clima de Copenhague". Y ese tal Suso De Toro (que, asombraos, está en los libros de texto de la ESO a la altura de Cela, que hay que ver lo que dá ser amigo de dictadorzuelos) se puso a ello. ¿Qué Obama hace discursos huecos y sonoros? Pues se van a enterar. Empezó dirigiéndose a organizaciones de progres varias y oenegés ecologetas hablándoles de lo histórico que era la cumbre para ellos, que "durante años" habían estado dando la coña con sus reclamaciones para acabar con el desarrollo, porque estaba convencido de que de ahí saldrían acuerdos suficientes para que se abandonara la industria contaminante y volviéramos a las cuevas. "Han sido capaces de movilizar voluntades y poner a la ONU al frente de un tema de gran relevancia", explicó.
Luego, para que nadie pudiera despistarse y confundirle con un líder indigenista latinoamericano, y evitando ya para siempre que los españoles pasáramos desapercibidos, dijo hablar en nombre de un país, "la nación desarrollada que más ha incrementado sus recursos para ayuda al desarrollo en los últimos años". Seguro que todos los que habían oído hablar de España y del desastre financiero en el que estamos metidos sonrieron por lo bajini, hasta que se les escapó la risa cuando Zapatero insistió, y con esa voz que pone, que parece que se quiere parecer a Alberti declamando esas cosillas suyas de “...eeel Pueeertooo, el Pueeertooo” (vale, soy un inculto, pero me parece un poeta mas bien aburrido) y avanzando que esta vez venía de rapsoda jipioso de los de los setenta, soltó algo como que considera que "los objetivos del milenio son su primer compromiso ante el mundo y del mundo con la humanidad”, lo que parece que en español de andar por casa quiere decir “¿veis como somos unos capullos?”.
No estaba dispuesto ni a decir nada ni a que pudiera intuirse de sus palabras algo que tuviera el menor sentido antes de tiempo. "Si fracasamos, todos perderemos para volver a empezar e intentarlo de nuevo porque tenemos que abordar este gran problema”, o sea, que está dispuesto a insistir e insistir hasta que consiga hacer su santa voluntad. "Necesitamos un acuerdo aquí y ahora", es decir, que no le apetece tener que seguir peleándose la historia, porque está seguro de que lo que pasa es que "en el fondo todos deseamos un acuerdo suficiente" para luchar contra el cambio climático. Vamos, que algunos es que todavía no lo sabemos, pero también queremos volver al siglo XI.Por fin, entró en materia práctica: definitivamente quiere sumir el mundo en la pobreza, y ya ha empezado en España, así que instó a las naciones “a pasar de las eras energéticas del carbón y del petróleo a otra basada en el ahorro y la eficiencia, las energías renovables, el esfuerzo tecnológico y la democratización de la capacidad de producir energía”.
Enorme descubrimiento. Nada menos que “democratizar la capacidad de producir energía”. Jooder. Muy grande la idea. Enorme. Vale ...¿qué significa? Pues nos lo explicó, si. No lo dejó para la interpretación de sus exégetas: es algo que "permitirá a los ciudadanos almacenar energía gracias a los avances tecnológicos", cambiará "la concepción y el poder de la energía" y "muchas de las relaciones de dominación en el mundo". ¡Gensanta! Ya ha patentado el nombre. No se sabe cómo puede hacerse, pero ya sabe cómo se va a llamar. No se por qué pero me da la impresión que este incultísimo circunflejo, en su oceánica ignorancia, piensa que lo de almacenar la energía es pan comido, que los ricos que conocen su secreto no quieren compartirlo porque así sacan beneficios del petróleo y por eso habla de “democratizarlo”. Democratizarlo a base de molinillos y huertos solares. En ese momento los europeos se dieron cuenta de que, efectivamente, no nos merecemos seguir en el Espacio Euro.
No obstante, mostrando su visión globalizadora, aseguró que esta cumbre "no es un debate entre pobres y ricos" sino para elegir entre la visión a largo plazo, "que siempre es la que prevalece" o la "atadura estéril ante una visión inmediata" o entre gobernar el mundo y la tierra "juntos" o dejar que cada uno intente salvarse a si mismo "sin ninguna posibilidad de sobrevivir". "Si estamos aquí es porque sabemos que la respuesta es reducir de manera contundente las emisiones de CO2", dijo al tiempo que admitió que supone un "esfuerzo colectivo" para muchos países, pero también "un camino de progreso sostenible y avance colectivo". Sospecho que a estas alturas los ciento veinte presidentes y primeros ministros que estaban allí sentados ya sabían que un pueblo dispuesto a elegir a este pollo era el mismo pueblo que consiguió destruir el mayor y más rico imperio que ha habido en el mundo: el suyo propio.
Pero si alguien dudaba que era un cantamañanas y un mentecato, de inmediato disipó las dudas: aseguró que España aportará trescientos setenta y cinco millones de euros al fondo de financiación a corto plazo para los países pobres, y que se ha comprometido a llegar a los cuatro mil cuatrocientos millones. ¡Con cuatro millones y medio de parados y pretendiendo competir usando una carísima energía sacada de huertos solares!. Y no solo eso. Hasta dijo que la UE está dispuesta a destruir su industria para llegar a reducir hasta un treinta por ciento sus emisiones en 2020.
Y por fin ha soltado la bomba poética, la frase para la posteridad, las palabras para poner en carteles y pintadas callejeras, aquello para lo que había estado calentando al auditorio:
"Tenemos que lograr unir le mundo para salvar la tierra, nuestra tierra. Nuestra tierra, en la que viven pobres, demasiados pobres, y ricos, demasiado ricos. La tierra no pertenece a nadie. Salvo al viento"
Brutal. Enorme. Tremendo. ¿Y qué se puede decir ante semejante muestra de... no sé cómo calificarlo...? ¿Cretinismo?, ¿Cursilería? ¿Sandez?. Lo malo no es la gilipollez, sino que ya todos saben que nosotros, los españoles, hemos elegido a este pollo para dirigirnos. A un ridículo individuo que pretende pasar a la historia en un libro que recoja sus discursos. Igual lo consigue...

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