Hace unos días, un Juez de Familia de Sevilla, no se sabe bien si porque decidió cavar la tumba de su carrera profesional hablando de las cosas de las que no se puede hablar y mentarlas tal como son, o porque el maldito cariñena se apoderó de sí, se soltó la melena y le contó a un periodista lo mismo que hace dos años dijo la Juez Decana de Barcelona en torno a la violencia de género, las leyes, los Tribunales y la Justicia: que menuda pasada se han marcado con unas leyes que precalifican como peligroso delincuente a todo aquél que porte el gen XY, de manera que su libertad física depende de que una portadora del gen XX decida mantenerle libre o enviarlo a la cárcel quedándose con su pasta (si, con su propia mitad de los haberes de la pareja y con la mitad que correspondería al maldito explotador). A veces es mucha tentación.Vamos, que el Juez sevillano ha contado con cifras y datos lo que los políticamente incorrectos decimos en voz alta y los demás saben: "Miles de hombres han sido detenidos por el hecho de serlo, tras una denuncia falsa por maltrato. ¿Cuántas mujeres ha sido detenidas por acusar en falso? Ninguna... A partir de 2007, el Gobierno dejó de divulgar cifras de hombres muertos por sus cónyuges", vamos, que es un pasadón legislar que basta que la mujer denuncie para que se detenga, se encarcele preventivamente, se retire la custodia de los hijos y se prive de sus bienes al marido denunciado, que es una fuente de abusos y fraudes procesales. Ha contado que si cincuenta y seis mujeres han muerto a manos de sus maridos, treinta hombres han sido apiolados por unas desinhibidas féminas que en este caso no han resultado indefensas, y ha insistido dando datos de la fiscalía que la inmensa mayoría de los maridos juzgados son absueltos. Lo que no dice es que son absueltos por falta de pruebas, y sin declaración formal de inocencia, supongo que para que la absolución no dé lugar a indemnización, con esa maniobra miserable de la justicia española que obliga, si te ves empitonado por ella, a tragarte la pena de banquillo, la infamia sobre tu nombre, la pérdida de tus amigos y los gastos de tus abogados (que no suelen ser baratos) sin rechistar, y dando gracias de que no se le hayan cruzado los cables a Su Señoría y te haya robado unos añitos de tu vida, porque en España sólo se indemniza el error judicial si se declara expresamente que el acusado no ha participado en el delito (o no ha existido el hecho enjuiciado), y teniendo en cuenta la facultad del estado para repetir contra el funcionario responsable el coste de la reparación, no hay un Juez en este país con los cojones necesarios para reconocer que él mismo, o uno de sus compañeros ropones, la cagó y empitonó a uno que casi ni pasaba por allí.
El Juez este decía también una cosa interesante, que todo el despropósito de la Ley de Violencia de Género parte de una sola palabra y que casi se podría arreglar cambiándola. Dice el Juez que bastaría casi con cambiar la redacción del artículo 1 de la Ley: en vez de decir que la violencia de género es la que sufre la mujer COMO expresión de las relaciones de poder de los hombres (lo que "prejuzga que toda relación entre un hombre y una mujer es desigual y que ésta es inferior por el hecho de serlo"), la defina como la violencia que sufre CUANDO es expresión, etc., precisando así que es violencia machista sólo la que se produce en los casos concretos en que existe esa posición de dominio y abuso en la pareja. Me parece que desde un punto de vista jurídicamente sensato, por eso de la presunción de inocencia y la simple lógica y técnica jurídica, lo que dice este tipo es perfectamente irreprochable.Bueno. Ya lo sé, se me ha vuelto a ir el santo al cielo, no estoy diciendo nada de la igualación activa. Tampoco pasa nada si me disperso un poco. Sigo por donde iba y ya volveré. Eso, iba a decir que al Juez sevillano se le han echado encima la totalidad de las asociaciones feministas, todos los progres que leen los periódicos y se han enterado del escándalo (hay que reconocer que no muchos) y los altos cargos estatales, autonómicos y municipales que deben su mamandurria a la existencia de unos animales que desgraciadamente no toparon con una mujer como esas treinta que este año han cortado por lo sano con un tipo con quien no les apetecía seguir compartiendo techo y dándoles matarile, sino con unas pobres desgraciadas que han aguantado demasiado tiempo la violencia de unos mamarrachos cobardes y agresivos que, desde luego, deben acabar en el maco protegidos por si acaso la ley de la cárcel sustituye los mimos de la punición española. Y como cuando me disperso, me disperso, mañana seguiré hablando de “igualación activa”.

No hay comentarios:
Publicar un comentario