Los progres necesitan sentir que son buenos, demostrar que son buenos, que se preocupan por los demás, por la salud de los demás, por el bienestar de los demás. El problema está en cómo demostrarlo. Porque lo de limitarse a ser bueno y a hacer cosas por los demás tiene un problema, el de la comunicación y la fragilidad de la memoria, que vas y haces el bien indiscriminado, te preocupas de que se sepa lo bueno que eres, y en unos días se le ha olvidado a todo el mundo, con lo que hay que volver a empezar, y siempre se obtiene el mismo resultado: en seguida todo el mundo se olvida de que eres bueno y haces cosas por los demás.Pero los progres posmodernos se dieron cuenta de que lo único que no se olvida son las leyes, porque hay que cumplirlas siempre. Si se prohibe algo nunca se te puede olvidar, y si se te olvida, se te sanciona. Y eso a los progres les gusta. Lo de legislar les gusta, eso de establecer obligaciones nuevas les fascina, pero, sobre todo, lo que más les gusta es lo de prohibir y luego sancionar. Debimos darnos cuenta con aquello de “Prohibido prohibir”, que no era una maravillosa gracieta gramatical que instauraba una época de libertad, no. En realidad era la consagración de poder enunciar una cosa y su contraria sin sonrojarse, y era literal: como no les gustaban las prohibiciones de la cultura dominante en aquella época, decidieron prohibirlas. Es decir, esas prohibiciones quedaban prohibidas, pero ojo, sólo esas. Y su prohibición era la primera de las prohibiciones que regirían el proyecto de nueva sociedad progresí.
Pues si se unen la necesidad de hacer que nadie se olvide de lo buenísimos que son y lo muchísimo que se preocupan por el bienestar de los que menos tienen, de la humanidad, del planeta, con lo que les gusta prohibir, intervenir en la vida de los demás, meter las narices y las leyes contra la intimidad de los individuos mientras gritan que defienden los derechos de los “colectivos”, inmediatamente nos daremos cuenta de que lo que más puede poner a un progre es encontrar alguna cosa que cause daño para inmediatamente prohibirla y subir los impuestos.
Cuando descubrieron que la gasolina se estaba poniendo carísima, prohibieron circular a más de ciento veinte. Cuando se fijaron en que había muchos coches y por tanto muchos accidentes con muchas víctimas, lo que ocasionaba muchos gastos sanitarios, prohibieron circular sin cinturón de seguridad. Cuando atiborraron a unos ratones de DDT y vieron que desarrollaban cáncer, prohibieron el DDT (eso sí, esperaron a que ya no quedara malaria en el mundo occidental, que antes si que había en Florida o en Andalucía) y silenciaron que en centroamérica casi todos preferirían morir de cancer siendo viejecitos que de malaria a los diez años, como está pasando ahora.
Así que podemos sospechar que una casta de progres tenga violentísimas erecciones si llega a encontrar algo que perjudica a muchos y cuya solución exija de normas represivas, prohibiciones y aumento de impuestos. Y aquello llegó con El Agujero de Ozono. ¡Gensanta qué problemón estaban causando los CFC!, esos peligrosísimos gases cuyo componente de cloro reaccionaba con el oxígeno del ozono y lo destruía. Y sin ozono, no había barrera para los rayos ultravioletas tipo A, con lo que aumentaba el cancer de piel. Además, los CFC tenían una vida de cientos de años. Había que prohibirlos. Y se prohibieron. Hubo que reinventar los desodorantes, las lacas, los aires acondicionados y los frigoríficos. Y se reinventaron.
Lo bueno de todo aquello era que tenía casi todos los ingredientes para ser una Justificación Perfecta para el prohibicionismo y para la autoculpabilización progresí: tenía bases científicas, es decir, sólo se podía apreciar con complejísimos y carísimos instrumentos, incluyendo satélites artificiales, los datos sólo eran interpretables por especialistas, todo tenía nombres tan enrevesados como los detergentes (¿o no es tan enrevesado Gases CloroFluoroCarbonados como Kalia Oxiaction Cristal Wide? ¿eh?), la culpa era de la civilización occidental, cuya industria los creaba y cuyo consumismo los fomentaba, y los daños eran potenciales o futuros y afectarían en su momento a todos los seres vivos. Además, con los datos que se obtenían y las interpretaciones que se hacían se podía demostrar que el efecto de los CFC era cada vez mayor y que el agujero de ozono crecía cada año, que de 1982 a 1987 el agujero había pasado de cuatro millones de kilómetros cuadrados a diecinueve millones.Los CFC se prohibieron en 1987 mediante el protocolo de Montreal. Costó una pasta lo de sustituir los aparatos, pero el ozono estaba salvado. Los progres habían vuelto a hacer el bien. Un momento... ¡China no aceptó la prohibición! ¡Y China era el principal productor y usuario de CFC! ¡Y los CFC que se habían soltado en la atmósfera hasta entonces tenían una vida de cientos de años! ¡Dios mío! ¡El agujero iba a seguir creciendo exponencialmente! ¡El fin del mundo! ¡Habría que vivir en cuevas sin poder salir a la superficie para nos ser abrasados por los rayos UVA!
Pues no. Ni con los siglos de vida de los CFC, ni con la contumacia de China en su fabricación. El agujero de ozono ha dejado de crecer. Da la impresión de que como ya no podía prohibirse nada más, que toda la culpa era de los CFC y sólo de ellos y ya estaban prohibidos, no necesitaba crecer más. ¿Alguien ha vuelto a oir hablar de ello? . Quizá en verano por eso de que hay que vender carísimas cremas de protección solar. No es fácil enterarse de que de los diecinueve millones de kilometros cuadrados del agujero de ozono en 1987, año de la prohibición, hemos pasado a dieciocho millones en el noventa y uno y a veinte millones en el dos mil dos. Suena todo a farfollada y a engaño descomunal.
Pero los progres se habían quedado sin juguetito culpabilizador, demostrativo de la maldad del capitalismo y el consumismo salvaje, facultante de prohibiciones, reglamentaciones e intromisiones en la libertad. Algo había que inventar. Y detectaron El Calentamiento Global. El Palo de Hockey. Hubo que crear el Intergovernmental Panel on Climate Change, el IPCC, y le destinaron un pastón para que detectara que la humanidad es mala, pero la peor humanidad, su parte occidental, o sea, nosotros, que nos estábamos cargando el planeta a base de consumir combustibles fósiles. Deshielos, subida del nivel del mar, desertización, multiplicación de los huracanes, desaparición del agua dulce, muerte de los osos polares, tan monos y tan tiernos, la guerra por la supervivencia. En fin, el Apocalipsis. Y todo porque los occidentales consumimos demasiado.
El primer informe es de 1990, justo después del fiasco del agujero de ozono, y ha habido otros en 1995, 2001 y 2003. Todo regado con un dineral. Se llegó a un acuerdo en Kioto que ha supuesto un frenazo importante al crecimiento y unos gastos descomunales para el mundo. Incluso se ha matado a muchísima gente de hambre al destinar alimentos a la producción de combustibles "ecológicos". Hace años que a los niños se les educa desde la guardería en el terror del fin del mundo por calentamiento, así que vete a contarles ahora que eso del calentamiento puede que no sea ni tan malo, ni tan seguro, o que probablemente sea mentira. Los progres van ganando por goleada.Aunque desde 2005 muchos de los científicos de la Iglesia de la Calentología han salido escopetados de ese grupo mafioso denunciando las falsedades en el IPCC, afirmando que los resultados estaban prediseñados y que los procesos eran científicamente erróneos, aunque se les hayan pillado las comunicaciones que demuestran que nos están engañando, ahí los tenemos, reunidos en Copenhague, contándonos la majadería esa de que "dos tercios de la comida en la cumbre es orgánica" (eso quiere decir que para su producción se consumen más del doble de recursos que para los alimentos cultivados con abonos) y que han tratado de "reducir al máximo la huella ecológica de la cumbre", supongo que usando papel reciclado, de ese que necesita cloro para blanquearse. Pero seguro que acaban proponiendo nuevos impuestos y nuevas limitaciones a la libertad, y con Zapatero prometiendo nuestro dinero para combatir el Cambio Climático en algún lugar exótico. Y todos pensaremos que nuestros progres son buenos buenísimos que se preocupan por el futuro, por el bienestar y por la Madre Tierra.

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